la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 24 de febrero de 2017

VENEZUELA: SU EMINENCIA BALTAZAR PORRAS, EL CARDENAL AMIGO

                                                             
Su Eminencia Baltazar Porras, Cardenal y Arzobispo de la Ciudad de Los Caballeros, la Mérida venezolana.

Bendito y alabado sea el Señor por la gracia de tener un nuevo cardenal venezolano buen pastor de su grey, incluida la taurina, y símbolo de lucha por la dignidad del país.

Mientras se celebraba la homilía, como campanas se escuchaban los cerrojos de las puertas en el enchiqueramiento de los Novillos de esta tarde.

  • Refiriéndose a la problemática que acosa a la fiesta y a la que se deriva de la vida misma, dijo El Cardenal: "Las dificultades existen y existirán siempre, en nosotros está saber superarlas para el bien de todos".
EL Cardenal Baltazar Porras junto a Manolo Ordóñez luego de celebrar la Misa del Cincuentenario de la Plaza de Toros Román Eduardo Sandia de Mérida... Luego, capote en mano, aprovechando la soledad del ruedo un par de lances para llenar de arte el inmenso embudo de la Monumental 


Mérida-Venezuela, Viernes, 24 de febrero de 2017
Aparte de la Fe, son muchas las cosas que me unen a Baltazar Porras, Cardenal y Arzobispo de la Ciudad de Los Caballeros, la Mérida venezolana.

La primera es la admiración por su ejemplo, ejemplo de hombre cabal y valeroso, de pastor con inquebrantable vocación que hasta la vida se juega cada día solo por defender su grey. El que sea “caraquista”, aunque Leones se haya convertido en inquilino de los sótanos de la Liga de Beisbol, y también por su valiente afición por la Fiesta de los Toros.

El miércoles ofició la Misa en la Monumental de Mérida,. Plaza que celebra esta temporada su Cincuentenario. Luego departió con amigos de siempre, y aprovechó que un capote anduviera suelto por la arena para dibujar un par de lances que fueron coreados con el corazón de un pueblo que se encuentra herido, apencado en tablas y esperando la redención del Señor por encontrarse cautivo de una aberrante y salvaje dictadura.