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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 17 de julio de 2012

Las desgracias (y el IVA) nunca vienen solas / Por Antonio Lorca


Las desgracias (y el IVA) nunca vienen solas


Por Antonio Lorca 


Lo que faltaba. El Gobierno ha decidido aumentar el IVA de todos los festejos taurinos, con lo que las novilladas y los espectáculos de rejoneo, que hasta tributaban al tipo reducido del 8%, pasan al 21 y se equiparan a las corridas de toros que, antes de la subida, ya lo hacían al 18%. Un puntillazo certero en la misma cruz.

Es de suponer (es mejor así) que los señores del Partido Popular nada tienen contra el mundo de los toros. Es más, se presentan como los firmes defensores de la fiesta frente a la apatía y los complejos del principal partido de la oposición. Es de suponer que todo es fruto de la imperiosa necesidad de recaudar para hacer frente a ese maldito déficit que tiene acongojado a este país. Pero también es mala suerte que a la grave crisis interna que padece el negocio taurino se una ahora un brutal aumento impositivo que, sin duda alguna, repercutirá en el devenir de la fiesta.

Desde que los toros pasaron de la órbita del Ministerio del Interior al de Cultura, una de las reivindicaciones del sector ha sido que las corridas tributaran al IVA reducido del 8%, que ya lo hacían los festejos menores y los de rejoneo. Pues no solo no se ha movido un dedo en esa dirección (nunca parece que sea el momento procesal oportuno para beneficiar al mundo del toro), sino que, a partir del 1 de septiembre, todos los espectáculos triubutarán al 21%.

Aunque no sea la intención del Gobierno, esta medida puede tener unas pésimas consecuencias para el futuro de la fiesta. Pocas novilladas se organizaban ya por la falta de patrocinadores públicos y el escaso interés que despertaban entre los espectadores; a partir de ahora se corre un serio de peligro de que la desaparición sea definitiva .

Y, claro, si no hay novilladas, no se fomenta la cantera; los chavales cargados de sueños no podrán pasar más allá de las escuelas taurinas, sus padres (los que puedan) se verán obligados a costear, más de lo que ya lo hacen, la organización de espectáculos para dar a conocer a las figuras en ciernes, y el espectáculo se resentirá gravemente. Si no surgen novilleros, si no se promueve el nacimiento de nuevas vocaciones de héroes, la fiesta de los toros tendrá que lidiar con su fantasma más difícil, que es el de su propia existencia.

Este es, sin duda, un caso de auténtica mala fortuna. Nada peor en estos momentos que un obligado aumento del precio de las entradas cuando todo el sector reflexiona en sentido opuesto para hacer frente al paulatino y muy preocupante alejamiento del público de las plazas de toros.

Pero las desgracias nunca vienen solas. En esta ocasión, se presentan acompañadas por el aumento del IVA, que puede ser la puntilla para una fiesta que sufre ya los perniciosos efectos de una media estocada en el hoyo de las agujas.
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