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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 17 de julio de 2026

Víctor Hugo y su vigencia / por Paco Delgado


'..Víctor Hugo, siglo y medio después, sigue vigente y hay miserables que se empeñan en dejar constancia de ello..'

VIENTO DE LEVANTE
Víctor Hugo y su vigencia

Por Paco Delgado
Las imágenes que hace unos días dejaron algunos impresentables en la plaza de toros de Pamplona, a la vez que lamentables, dan que pensar. Y también preocupan. Si esto se tolera —hay que pensar que fue cosa premeditada y deliberada con fines políticos—, es que algo no funciona. Y está claro que miserables sigue habiendo, más de lo que creemos y sería conveniente.

Del ser humano se pueden decir las cosas más grandes y las cosas más bajas, pues en su naturaleza, enmarañada y compleja, tienen cabida todas las contradicciones. No es extraño, pues, que ya en el siglo XVII el gran Pascal definiese al hombre como “una quimera, como un ser que no es comprensible en términos de mera ciencia natural y cuya interpretación hay que ir a buscarla en la teología”, siendo la antropología cristiana la única que explica el porqué de las miserias y grandezas de la condición humana.

Y esa duplicidad, esa complejidad, hace posible que gente que se juega el pellejo por la cara, corriendo ante toros por las calles de Pamplona, horas más tarde cambie su papel de héroe por el de villano de la peor especie e insulte a millones de personas por el simple hecho de no pensar como él.

Y, aun dándole, además, el beneficio de la duda —cada cual es muy libre de pensar y opinar libremente, faltaría más—, no le habilita para, de manera tan gratuita como egoísta, estúpida y zafia, descalificar a quienes tengan un criterio diferente. ¿Dónde queda esa libertad que a él le permite opinar, aunque sea obviamente un cretino, y menospreciar a quien tiene ideas y convicciones distintas? La distancia con el totalitarismo es casi imperceptible. Por un clavo se perdió una herradura, ya saben…

Esas pancartas que se exhibieron, con gran jolgorio y algarabía por parte de sus portadores y buena parte de los que les rodeaban —y que ni pintaban nada ni venían a cuento en el contexto en que se utilizaron—, dejan mal, especialmente, a quienes las llevaron y mostraron, pero también a una sociedad que permite y, en muchos casos, alienta estas mamarrachadas y sandeces.

Se repetía lo sucedido hace dos años, entonces con motivo de un partido de la selección española de fútbol en el campeonato de Europa. Ya hacía años que solo se contaba como anécdota, de triste recuerdo, los incidentes habidos en la monumental pamplonica en los sanfermines de 1978, cuando un grupo de manifestantes originó graves incidentes y altercados al finalizar la corrida y provocó que se acabasen suspendiendo las fiestas.

Unos cuantos años más tarde, en 1987, Luis Francisco Esplá, tras haber sufrido una grave cogida su picador Victoriano Cáneva, no quiso banderillear a un toro de Pablo Romero que no se prestaba para nada, al contrario, y se armó la de San Quintín, con la solanera insultando y tirando al ruedo todo lo que tenía a mano. Reincidieron cuando el diestro alicantino lidió en su segundo turno y organizaron unos cuantos salvajes una pelotera en el patio de caballos cuando ya había finalizado la corrida, lo que hizo que Esplá dejase de acudir a San Fermín durante varias temporadas.

Si las plazas de toros han sido consideradas siempre como los escenarios más democráticos que existen, actitudes y espectáculos como los vividos hace unos días desdicen y desmienten aquel aserto.

Aunque, claro, la oportunidad para demostrar la imbecilidad y escaso seso de quienes protagonizaron el escándalo era para ser aprovechada, sobre todo cuando se tienen pocas luces y mala leche. 

Víctor Hugo, siglo y medio después, sigue vigente y hay miserables que se empeñan en dejar constancia de ello.
Burladero.com

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