
El diputadoJ osé Carlos Tirado, y Juan Antonio Sánchez Quero, presidente de la DPZ.
'..La Misericordia no necesita más excusas. Necesita gestión. No necesita sospechas lanzadas al aire. Necesita un pliego legal, serio, consensuado y digno de una plaza de primera. Y, sobre todo, necesita que quienes han provocado este desastre dejen de hacerse las víctimas y empiecen a asumir responsabilidades..'
La ‘rabieta’ de la Diputación de Zaragoza: cuando el ridículo se disfraza de conspiración
De unos años a esta parte, existen desmasiados políticos que, cuando se quedan sin argumentos, buscan culpables. Lo preocupante de verdad es que ahora hay muchos más de la cuenta que, además de quedarse sin argumentos, pretenden tomar por tontos a los ciudadanos. Lo que está ocurriendo con la plaza de toros de La Misericordia ya no es un error administrativo, ni una torpeza jurídica, ni un simple tropiezo de gestión. Es la demostración palmaria de un modo de gobernar: soberbio, sectario, incompetente y, para colmo, incapaz de asumir una sola responsabilidad.
José Carlos Tirado, diputado delegado de la plaza de toros, ha salido ahora a preguntar “qué intereses hay detrás” de los recursos que han vuelto a tumbar el pliego de Zaragoza. La pregunta correcta es otra: ¿qué incapacidad hay delante? Porque detrás de este desastre no hay una mano negra. Hay una Diputación que ha redactado mal. Hay un presidente, Sánchez Quero, que ha preferido señalar al sector antes que escucharlo. Hay un gobierno provincial socialista que ha confundido una plaza de toros de primera con un solar en alquiler. Y hay una estrategia política tan vieja como indecente: cuando la Justicia te corrige, acusa a los demás de conspirar.
El TACPA no ha tumbado una opinión. Ha tumbado un pliego. Dos veces. No ha anulado una tertulia, sino un procedimiento. No ha dado la razón a un capricho empresarial; ha dicho que la Diputación volvió a equivocarse en la naturaleza del contrato, en el planteamiento jurídico y en la forma de sacar a concurso uno de los cosos más importantes de España. Y ante eso, Tirado no responde con explicaciones; responde con sospechas. No aporta soluciones; aporta humo. No reconoce el fracaso; intenta repartirlo.
Lo más grave no es que se hayan equivocado, sino que fueron advertidos. En numerosas ocasiones, por cierto. Lo más grave es que el sector taurino les dijo por activa y por pasiva que el camino era equivocado. Lo más grave es que, en lugar de sentarse con quienes conocen la Fiesta, prefirieron encerrarse en el despacho, agarrarse al boletín y seguir adelante como si La Misericordia fuera una finca cualquiera y la Feria del Pilar un estorbo en el calendario.
Ahora dicen que quieren salvar la Feria. Mentira política. Quien quiere salvar algo no lo empuja primero al precipicio, ni espera a que julio le muerda los talones para pedir auxilio al TSJA. Quien quiere salvar Zaragoza no convierte la licitación de su plaza en una carrera de obstáculos, en una subasta al alza y en un monumento a la improvisación. Y, para más ridículo en un proceso ya de por sí deplorable, critican al Gobierno municipal del PP de aprovechar la ocasión políticamente. Porque, claro, como todo el mundo sabe, ellos no lo hiberan hecho de producirse al revés la situacón.
Lo de comparar este concurso con el de Valencia es un intento lamentable de emborronar la cancha para que no se distingan muy bien ambos concursos, pero lo cierto es que a Valencia no se hubieran podido presentar toda la pláyade de piratas y delincuentes que pululan por el mundo del toro, porque había 19 puntos clave que tenían que ver con la calidad y no con lo económico, que no ocupaba más que cinco. Allí, de hecho, no hubiera podido ir alguno que sí intentó pujar por La Misericordia. Y a lo mejor les hubiera hecho un favor a los socialistas porque esta forma de hacer las cosas -presuntamente, claro- no sea más que una táctica para vaciar Zaragoza de festejos taurinos por incomparecencia. Todo, por supuesto, pergeñado en el cerebro maquiavélico del ‘jefe’ de la banda aragonesa, al que ahora le sale guardia pretoriana.
Pero Sánchez Quero, máximo responsable político de la Diputación, no puede esconderse detrás de Tirado ni detrás de los servicios jurídicos. La responsabilidad es suya. Suya fue la decisión de no escuchar. Suya fue la apuesta por un modelo que se ha demostrado fallido. Suya fue la arrogancia de llamar boicot a lo que era legalidad. Suya es la amenaza real de dejar a Zaragoza sin toros, sin vaquillas y sin Feria del Pilar en La Misericordia.
El PSOE aragonés que aún se agarra a la Diputación como último refugio de poder está dando sus últimos coletazos con la peor mezcla posible: sectarismo contra la Tauromaquia, desprecio al aficionado e incompetencia administrativa. No les ha derrotado una conspiración sino su propia soberbia. Y cuando un gobierno se empeña en ir solo, en ir tarde y en ir mal, no puede luego culpar al camino. El camino estaba señalado. Los avisos estaban dados. Las soluciones existían. Pero Sánchez Quero y los suyos eligieron el atajo de la imposición. Y ahora Zaragoza puede pagar el precio.
La Misericordia no necesita más excusas. Necesita gestión. No necesita sospechas lanzadas al aire. Necesita un pliego legal, serio, consensuado y digno de una plaza de primera. Y, sobre todo, necesita que quienes han provocado este desastre dejen de hacerse las víctimas y empiecen a asumir responsabilidades.
Porque aquí ya no cuela el cuento del boicot: aquí lo que hay es un fracaso político con nombres y apellidos, que comienza por los de Sánchez Quero y continúan con el adlátere Tirado, que ahora viene a intentar aliviar al jefe de presión política. De libro. De chiste…
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