
Samuel Navalón, triunfante y sin la chaquetilla, durante una vuelta al ruedo
en la Feria de Julio.
El joven de Ayora revalida la puerta grande en la Feria de Julio tras salir triunfador de la Feria de Fallas: “Sabía que los toros me podían herir en cualquier momento, pero me entregué para marcar un punto de inflexión en mi temporada. Es un sueño hecho realidad”, relata.
Samuel Navalón prolonga su reinado en València: “Quería otra puerta grande por lo civil o por lo criminal”
Por Jaime Roch.
¡Un impacto! ¡Otro golpe en la mesa! Casta, mucha casta hay que tener para, aun sabiendo en todo momento que el toro lo podía herir, mandar a todo el mundo que se tape tras varias volteretas sin apenas mirarse y pasarte de nuevo en redondo la embestida por el mismo pitón que te hizo presa. Ese fue el gesto de un torero de casta como Samuel Navalón para mantener su reinado en València tras salir triunfador de la pasada Feria de Fallas y ahora también de la Feria de Julio, con tres orejas en su esportón y después de revalidar el triunfo (por dimensión) en diversas plazas de máxima importancia como Madrid, Pamplona y con los toros de La Quinta en Santander,donde también resultó volteado muy feamentey sufrió un coágulo en el pulmón derecho.
Navalón lo hizo frente a una corrida de El Torero seria, extremadamente seria, y en general, salvo el sexto desorejado por él y ni eso, con ese fondo defensivo y geniudo que algunos confunden con la casta. El estallido rutilante del valor de Navalón tenía algo de alegoría, de grito para convertirse en el nuevo torero que necesita la afición valenciana: “Pasar miedo es cosa de toreros, pero esa corrida sí que me hizo pasar un mal rato, qué puntas, qué seriedad”, aclara Samuel mientras está convaleciente en su domilcio de Ayora.
Entregar la vida
Aquella esforzada pelea gestual frente a sus dos toros simbolizaba un hecho artístico complejo y tortuoso, pero que llegaba directamente a los espectadores más primarios porque en ella estaba implícita toda la difícil capacidad de un hombre que se viste de luces: entregar la vida al toro sin trampa ni cartón con una verdad absoluta -la suya- y una manera de ejemplificar un arte inmemorial cuyo más íntegro secreto es olvidarse del cuerpo con un valor diáfano, como de acero traslúcido: “Sabía que los toros me podían herir en cualquier momento, pero me entregué para marcar un punto de inflexión en mi temporada. Sé lo importante que es València y salir triunfador de las dos ferias es un auténtico sueño”, señala después de poner en práctica algo ya olvidado: citar con la muleta adelantada, llevarla de arriba abajo, dejarla deslizar al compás de la embestida y conducir el viaje entregado para rematar hacia dentro.
“¡Torero, torero!”, gritaban sus paisanos tras su tarde de tanta entrega, con ansias por abrirse paso a toda costa, con el triunfo legítimo ya en sus manos y el cuerpo completamente magullado después de asumir el ingreso sin contemplaciones en esos terrenos tan portentosos como peligrosos del toro, con cierta violencia alegórica, con una nueva respiración estética: “La familia lo pasa mal, pero están orgullosos de mi y se alegran mucho de los triunfos”.

Sobre la dimensión ofrecida tanto en la Feria de Julio como en Santander, el joven torero de Ayora subraya la importancia de ambas citas en su temporada: “Eran dos tardes cruciales para mí y traté de entregarme al cien por cien, con mucho compromiso y buscando que las cosas salieran por lo civil o por lo criminal. Quería otra puerta grande en València”. Navalón asegura que esas actuaciones le han aportado “mucha seguridad y confianza para afrontar todo lo que venga”.
Todo ello supuso el andamiaje de la faena a ese sexto, que le valió cierto reforzamiento de cara a su colocación en la próxima Feria de Fallas, instalado ya -o así debería ser- en los puestos de privilegio y en varias tardes. Sobre todo, dentro de una Feria de San Jaime que ha tenido un especial peso para la cantera valenciana y que sí se ha visto reflejada en los triunfos.
En esa misma corrida de El Torero también sobresalieron Diego Urdiales y Daniel Luque, los dos en plan maestro para sobreponerse a las circunstancia tan comentadas con la categoría de sus tauromaquias.
Por su parte, los valencianos Román Collado y Nek Romero también puntuaron en la buena corrida de José Enrique Fraile de Valdefresno, divisa que conserva la raíz más pura del Atanasio Fernández-Lisardo Sánchez y que echó cuatro toros de alta clase y buena hechura. Los cuatro de una corrida mixta sin argumento con Olga Casado.
Le sirvió sobre todo a Nek, exiliado de las ferias tras haber estado en ellas, que supo aprovechar la buena oportunidad que la Diputación de València y la empresa le habían puesto en bandeja para enderezar su carrera. A buen seguro que ambos volverán a Fallas, sustento también junto a Navalón de la ilusión del toreo en la capital. Igual que los Fraile de Valdefresno, con dos toros con más clase (primero y segundo) y otros con exigencia (cuarto y quinto), una joya genética que infunde respeto en los carteles y que también debería volver pronto.
Los jóvenes
Dentro de los valencianos, también el joven Marco Polope, nacido en Torrent, firmó una actuación de toreo elegante, rebosante de clase y buen gusto, fiel a un concepto muy personal, marcado por la verticalidad y el temple. Sus faenas destacaron con luz propia en una novillada de Alejandro Talavante que, en líneas generales, no ofreció el juego esperado. Sin olvidar a Pablo Torres, ganador del I Certamen Vicente Ruiz ‘El Soro’ y joven torero de alta clase torera.
Dicho esto, también cabe señala la importante faena de Andrés Roca Rey al sexto de Juan Pedro Domecq, ‘Tulipán’ de nombre y premiado como el mejor toro de la feria tras sacar calidad y profundidad a raudales. Aquí el peruano sufrió las desavenencias de la presidenta Pilar Bojó, tras negarle la puerta grande ampliamente pedida -y merecida cabría decir-, pero queda la imagen un serio paso al frente en el conjunto de la tarde. Pero más allá de los artístico, cabe repensar el futuro de la Feria de Julio en València. Un año más. Será que no habrá habido tiempo estos meses…
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