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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 23 de julio de 2026

Juan Belmonte y el temple


'..Sí, sí; no lo dude: templar es una manifestación -la más relevante- de ese llevar la contraria al toro en que el toreo consiste, porque es ejecutar con lentitud, aunque sea rápida la embestida..'

¿Qué piensa sobre el temple Juan Belmonte?

"Pues pienso lo mismo que usted. Los dos -cada uno desde nuestro sitio- vemos el temple de idéntica manera; de la única que, a mi juicio, puede concebirse: como concordancia de movimientos, si; pero con ejecución lenta y soberanía sobre el toro. No admito que pueda hacerse nada meritorio con una muleta o con un capote en las manos, sino a base de que el torero sea siempre el supremo dictador. Torear es llevar la contraria al toro, obligarle... a lo que él no quiere: si es huido, a que doble; si es tardo, a que embista; si se resiste a pasar, a que pase; si se cuela, a que acometa derecho; si derrota alto, a que humille; si se revuelve pronto, a que vaya lejos; si acomete recto hacia el torero porque éste se cruzó con él, a que quiebre la derechura del viaje; y si embiste fuerte y rápido, a que pase suave y lento. Sí, sí; no lo dude: templar es una manifestación -la más relevante- de ese llevar la contraria al toro en que el toreo consiste, porque es ejecutar con lentitud, aunque sea rápida la embestida.

Resulta muy difícil hablar de toreo -siguió diciendo Juan- sin entremezclar lo que de ninguna manera está separado: la técnica y la inspiración, la ciencia y el arte. El temple, en efecto, parece que ha de ser catalogado entre lo eminentemente técnico y científico del toreo; y es que la gran ciencia de la tauromaquia tiene su base en el parar, templar y mandar. Sin embargo, puedo asegurarle que mi temple/lentitud arranca de un sentimiento íntimo de pura sustancia artística. Yo concebí el toreo como la antítesis de la lucha, de la brusquedad, de la violencia, de la rapidez. Yo -ese yo artístico que llevamos dentro y que en unos se exterioriza y en otros queda sin editar- sentí el toreo como cadencia, ritmo, suavidad, lentitud... Y así lo hice... siempre que los toros me dejaron. Puedo decir, sin jactancia, que muchas, muchísimas veces, cité, más que con el capote o la muleta, con la llama viva de mi concepción del arte; y que, citando así, toreé despacio y limpio a toros fuertes y rápidos. Cuando el acierto y la inspiración fueron mis acompañantes, el lento andar del engaño que mis manos movían regulaba la velocidad del toro. Era, pues, éste el que se ponía a mi son, y no yo al suyo."

Luis Bollaín recoge estas palabras de Belmonte en el libro titulado El Toreo

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