
Cotorra argentina (Myiopsitta monachus) yacente en alcorque madrileño. Calle Montesa/Lista
'..De la selección argentina hemos hablado en días pasados. Con Inglaterra ha crecido y ésta es su verdadera amenaza. A pesar de todo, España es favorita para ganar la final, y le ha llegado el preciso momento de demostrarlo. Si la suerte acompaña, lo evidenciará. Si no, se nos caerá encima el mundo, un orbe que es grande, pesado, tabarroso e insufrible..'
La final del Mundial de Fútbol de 2026. Y el tostón de «el mejor de la historia»
Pepe Campos
Hemos escrito mucho sobre Messi y en torno a Argentina a la hora de analizar este mundial de fútbol de EEUU (Canadá y Méxito) de 2026. El domingo se celebrará la final entre España y Argentina. Ha llegado la hora de valorar lo que puede ocurrir en ese encuentro que a priori parece igualado. Se puede decir que para España enfrentarse al equipo argentino (y a Messi) introduce un factor de dificultad que contra Inglaterra no se hubiera dado. El equipo inglés, como se demostró en su semifinal con la escuadra sudamericana, iba a ser más asequible mediante un garantizado control del juego por parte de los jugadores españoles. Ahora bien, así las cosas en estos momentos, para España todo lo que pueda suceder se nos antoja de una evidente contrariedad, por diferentes motivos. Pasan por la presencia de la figura de Messi y por cómo entiende y practica el fútbol el conjunto che. No sirve hablar de la clara ayuda recibida por Argentina por parte de la FIFA (sus dirigentes son unos visionarios, y han apostado por un equipo ganador para sacar adelante sus propuestas mercantiles y estratégicas, alrededor del deporte del balón esférico). Según han ganado los argentinos a los ingleses en la semifinal, debemos pensar que no sólo tienen prerrogativa arbitral, sino que también poseen gestión. Un juego basado en la fe, en la lucha, en la entrega, en la estrategia, en saber ser favoritos hasta el último segundo de los encuentros y ganar con argumentos (o si no, sin ellos). Dominan todas las fases de la contienda, las extradeportivas y las emocionales, como sabemos: rodear al árbitro, sacar la falta en el momento oportuno, parar el partido cuando es conveniente, acelerarlo si es necesario, acertar en las ocasiones, repetir los esfuerzos, hundir al rival y pasar por encima de él. Todo lo que digamos es poco. Además han creado alrededor de su jugador estrella, Messi, un andamiaje de voluntad y confianza infinita. Una estructura que les ha funcionado, y en la que Messi —hay que reconocerlo— se ha mostrado firme y decisivo. Más sorprendente si nos fijamos en su edad (le hemos llamado anciano, creemos que lo es, si bien es un viejecito que se resiste a morir y que mata si no se le arrincona o no se le somete a un marcaje individualizado, ya que, mientras tenga un hálito de vida, liquida, despacha y se resiste). Hay que apreciar que a la picaresca consuetudinaria de este personaje debe añadirse, como virtud, su dominio del balón y su aparición en los encuentros en las fases claves y extremas.
Nuestra oposición a Messi, no es una negación, sino una matización. Vivimos en un mundo de experiencias definitivas y finales. De ese modo tenemos que padecer ese constante veredicto buenista de «el mejor de la historia», una y otra vez. La visión histórica de las personas hoy día es mínima: todo lo válido se reduce a lo que vivimos en este instante y se nos impone como mensaje mediático con componentes de verdad. Falta realizar un análisis sociológico sobre esta sensación social de estar viviendo lo que nunca nadie antes pudo vivir o sentir o pensar o realizar. Lo último es lo nuevo, lo mejor, y se convierte en algo eterno desde nuestro presentismo. No se entiende que hubo un antes y que existe un después. No merece la pena, en este instante, ir más allá en esta valoración, para comprender lo que se nos impone sobre quién es Messi o cualquier otra faceta o personaje. Aquellos que somos aficionados a la tauromaquia y podemos tener perspectiva histórica lo entendemos, fácilmente, si pensamos en lo que supuso no hace mucho el fenómeno José Tomás como el torero mejor de la historia. Y ahora toca con Morante de la Puebla. El sistema y sus acólitos, erre que erre, una tabarra, y no hay manera de mantener ningún tipo de conversación, ni de matización al respecto.
Sobre Messi pasa lo mismo; pues se nos impone actualmente esa sentencia lapidaria del mejor de la historia. No importa que hubiera otros tiempos, equipos, jugadores, situaciones y contextos. Nada, o piensas que es el mejor de todos los tiempos o se es un ignorante. De modo inocente alguna vez he comentado que si Messi hubiera jugado en la posición de Beckenbauer a lo largo de toda su carreta, y, al revés, Beckenbauer en la de Messi ¿quién hubiera rendido de manera más idónea? No se tiene en cuenta tampoco el hecho de la evaluación del equipo en el que se juega y cómo este grupo responde en torno a una figura deportiva. Etc. Realmente pensamos que Messi es sin duda un gran jugador —no se puede negar— pero no por ello es el mejor de la historia. ¿Qué es lo que lleva a forzar eso? ¿Y Di Stéfano, por ejemplo, o Pelé, Puskas, Garrincha, Best, Cruyff, y todo el listado que queramos, incluidos futbolistas marginales —me viene a la mente Mágico González—? Si se es masa, este tipo de conversaciones no tienen sustento. Si se es gentío, es determinante reducir todo a una cosa —la dichosa cantinela del mejor de la historia— y dejar fuera de la charla y de la reflexión las infinitas matizaciones dialécticas que convierten a las aficiones —en este caso el fútbol— en un motivo de apuesta romántica. Los medios de comunicación y sus periodistas adláteres se encargan de ensuciar cada atisbo de pensamiento libre que pueda gestarse y genera independencia.
He visto todo el mundial a través de la plataforma DAZN y he quedado positivamente sorprendido. Los comentarios siempre se han ceñido a hablar de fútbol de manera equilibrada, sin centrarse en conversaciones vacías y polémicas, el rollo del Balón de Oro y lo del mejor de la historia, ¡dale molino!, como suele darse en las cadenas generalistas de televisión o en la prensa deportiva con un periodismo de muy poco nivel, desagradable, ignaro. Este domingo desaparece uno de esos programas que alimentan tales polémicas, y un día tras otro se centran en el galardón del Balón de Oro. Muy pobre discurso, pero que ha funcionado. Nos alegramos de su final; y suponemos que morirá este mismo domingo con las botas puestas hablando del Balón de Oro como si no existieran más temas ni compartimentos de razonamiento.
Al adentrarnos en el análisis del partido de la final del Mundial de este domingo tenemos que imaginar la manera en la que pueden jugar ambos equipos. De España es notorio y hemos dicho que dispone de un equipo que se basa en el centro del campo. De jugadores que se mueven con soltura por la medular del terreno de juego. En este caso hay que volver a escribir sobre Rodri y su papel dentro de la selección española. Desde nuestro punto de vista es un jugador fundamental, ya que el juego de España pasa por sus pies, nace allí, y su movilidad por el césped es fundamental al condicionar el ritmo, los momentos y los terrenos por donde circulará la pelota. A su lado, algo más adelantado, tenemos a Olmo, un jugador de entrega que se posiciona a la perfección en espacios cortos y que tiene en la mente irse hacia delante elaborando juego asociativo y asistencias. Por el otro lado aparece Fabián, un centrocampista con físico, despliegue, corte y llegada. Incluso gol. Le ha ganado el puesto a Pedri, más fino, si bien escaso de físico. Entre Rodri, Olmo y Fabián se compone lo mejor de España. Están bien acompañados. Por detrás, los dos centrales, Cubarsí y Laporte, de buen juego aéreo, anticipación al juego rival y solvente salida del balón.
Con ellos ya tenemos en disposición casi a la mitad del equipo. Faltan las alas. Por detrás, Cucurella, lateral izquierdo, muy diligente en adelantarse al juego del contrario e irse hacia arriba, dinámico y con lectura del partido. En el lateral derecho, Porro, un descubrimiento de este mundial. Férreo en defensa, asociativo en el centro del campo y llegador en ataque. Por delante de ellos, Lamine Yamal, un extremo derecho a pierna cambiada, pues su pierna buena es la zurda, que tiene desborde; pero lo mejor de él es la visión del juego, del espacio libre, para poner balones a los compañeros. En el extremo izquierdo, desarrollando un gran mundial, Baena, que cumple la función de falso extremo o cuarto medio. Muy trabajador y con buen pie (que todavía no ha sacado a relucir).
Nos falta hablar del portero, Unai Simón, un cancerbero clásico, con excelente colocación y un juego con los pies —que hoy se pide a los porteros—, digamos que correcto. Desde el banquillo muy buenos jugadores, como Llorente (lateral derecho, potente), Merino (centro del campo y delantera, oportunista), Pedri, si quedara fuera de la titularidad, Nico Williams (extremo izquierdo, hábil, que podría tener su momento), Yeremi Pino (extremo, también, driblador, con poca participación hasta ahora), Gavi (un todo terreno es posible disponga de una oportunidad en la final). Y más jugadores, si la cosa se pone fea. Aparte, para ganar a Argentina hay que tener el balón. Todo eso se conoce. Más saber sufrir si los argentinos se comportan a modo Uruguay o, simplemente, con sus propios genes competitivos que hemos resaltado.
En plan táctico, no se debería descartar, si las cosas van favorables, tapar a Messi —bloquearle—, algo que no ha hecho ningún equipo, ni los ingleses, que le dejaron a su aire y le dieron protagonismo. En una selección seria se tendría que cuestionar el futuro de Tuchel, ya que obligó a recular a su equipo tirando la semifinal a la basura y no supo dar con el antídoto para tapar a Messi, ni a Lautaro, ni a De Paul. En fin, una gestión de Tuchel muy controvertida que se ajusta a su rol de entrenador autor, como lo son Guardiola, Klopp, Emery, y tantos otros del fútbol actual. El buenismo del fútbol. Muy ocurrentes, influyentes y caprichosos. No es el caso de De la Fuente, que ajusta la táctica según las cualidades de su jugadores (pensamos que lo hará). Ni de Scaloni, a quien hay que darle un grado de autonomía a partir de lo que diga Messi y que no se le presuponía. De la selección argentina hemos hablado en días pasados. Con Inglaterra ha crecido y ésta es su verdadera amenaza. A pesar de todo, España es favorita para ganar la final, y le ha llegado el preciso momento de demostrarlo. Si la suerte acompaña, lo evidenciará. Si no, se nos caerá encima el mundo, un orbe que es grande, pesado, tabarroso e insufrible.
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