'..Esos son ovarios, los de Esther y otras como ella, y no los de las brujas que te dicen que sola y borracha puedes llegar a casa, y luego se desentienden cuando de madrugada te destroza una manada importada, para la que la mujer importa lo mismo que un animal de granja. Qué bonito fue lo del domingo pasado. Españoles que no van a rendirse aunque los socios de Sánchez les acorralen y les persigan..'
Ni un paso atrás
Roberto Granda
«Antes de que se carguen la pantalla, me llevan por delante». Lo dijo Esther Martínez, secretaria general del PP vasco. Y damos fe que no era hablar por hablar, ni una bravuconada. Ahí se puso ella, frente a una turba de socios de Sánchez, dispuestos a reventar la pantalla gigante de Bilbao donde se retransmitía la final del Mundial en una plaza abarrotada. «Ante los sectarios, ni un paso atrás». Buen lema. Dispuesta a hacerlo valer. Qué imagen, qué orgullo de sociedad que pone pie en pared contra el nacionalismo feroz.
La valentía de una mujer enfrentada a aquella jauría entre euskaldún y moruna, los de la coalición de progreso con el rostro cubierto a la manera de la guerrilla urbana; un par de hombre detrás de la valla y ella delante, sin más coraza que su bravura y más defensa que su coraje. Es una foto que merece ser llevada a cuadro, una foto para ser pintada por Ferrer-Dalmau, el retratista de batallas. Dice tanto esa estampa, como las grandes obras. Llena de matices y significado.
Esos son ovarios, los de Esther y otras como ella, y no los de las brujas que te dicen que sola y borracha puedes llegar a casa, y luego se desentienden cuando de madrugada te destroza una manada importada, para la que la mujer importa lo mismo que un animal de granja. Qué bonito fue lo del domingo pasado.
Españoles que no van a rendirse aunque los socios de Sánchez les acorralen y les persigan.
Y hubo agresiones, sí. Toda muestra de felicidad popular tiene su contrapunto en la amargura de los que viven con el alma negra. Ese pozo oscuro del supremacismo excluyente. Abertzales que, después de copular con su prima, y con la huella de siglos de endogamia reflejada en su cara de ceporros, no soportan la alegría sincera de ciudadanos libres que vibran con su Selección, y su instinto natural, el único que conocen junto con el de agredir sexualmente a cuadrúpedos de corral, es el de usar la violencia para reventar ese acto público. Y, además, no pudieron. Y no van a poder. Eso sí que fue una victoria, amigos de Bilbao, amigos de Vitoria, amigos de Barcelona.
Tantos años de silencio, de aguantar insultos, amenazas, tantos años de sacar la bandera con mucha precaución, de celebraciones casi como un susurro, en la clandestinidad como hombres de frontera; y el domingo pasado los chicos del antifascismo no pudieron desenchufar la pantalla ni detener la marea rojigualda. Lo intentaron, y perdieron. Que se jodan. España ganó, y los inmundos socios de Sánchez se tuvieron que retirar con los ojos inyectados en sangre de quien sólo traga el veneno del odio, los puños apretados y el rechinar de dientes. No fueron capaces, en ningún rincón del país, de doblegar a los españoles que se negaron a dejar de serlo.
Hay que aprovechar esta ola de entusiasmo y de victoria, no hay que ofrecer descanso a los nacionalistas allá donde estén. Los euskaldunes son bichos cobardes que atacan en grupo, siempre en superioridad numérica. Hay que romper esa dinámica. Se les puede pasar por encima con facilidad. No cediendo más ningún espacio público, ninguna fiesta patronal, ningún lugar en el ayuntamiento. Devolver golpe por golpe y dejar en casa el miedo. La única manera de enfrentarse al totalitarismo es perderle el respeto. Sin el fragor del grupo no son nada. Su ideología es pura inquina. No existe dignidad en su autopercibida lucha, son escoria en los márgenes de la sociedad. Una violencia que se pretende enmascarar con propaganda, con autoconvencimiento.
Lo dañino de Sabino Arana no tiene que ver con cuestiones biográficas o psicológicas, sino con la propia naturaleza de su pensamiento. Sus herederos siguen siendo enemigos del progreso y de las luces. Toda esa gente celebrando, alegres por todo lo que fue bueno, bello, justo y legítimo. Ese es el verdadero muro. No el que la coalición de Gobierno ha querido construir con Otegui y compañía. Ellos levantan un tétrico muro usando como cemento la sangre de españoles asesinados y como obreros los votos de tanto canalla.
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