
Juan Ortega sale a hombros de la Plaza de Toros de La Candelaria de Valdemorillo
Cartel de «No hay billetes» en Valdemorillo,
la primera feria de la temporada
Dos orejas a una faena estética de Juan Ortega
n Valdemorillo, la primera Feria del año
Andrés Amorós
El Debate / 8 Enero 2026
En Valdemorillo, la primera Feria del año, el sábado, cayendo nieve a la entrada, la Plaza se llenó. El domingo, ha salido el sol y se ha colocado el cartel de «No hay billetes»: ya se ve que la Fiesta no interesa hoy a casi nadie…
De Madrid y de los pueblos de la Sierra acude el público a un cartel con tres diestros de la línea estética: un madrileño y dos sevillanos. El toreo de Uceda Leal conserva el aroma de los buenos vinos. Juan Ortega y Pablo Aguado han cumplido ya los 35 años: ya no es edad para promesas; los aficionados esperan que confirmen las expectativas que han despertado.

La ganadera de Torrealta acaba de lamentar las dificultades que las inclemencias del tiempo han ocasionado para rematar bien sus toros, de pelo variado. En general, resultan manejables; varios de ellos, flojos, aunque la suerte de varas es casi simbólica; bravo, el quinto, al que Juan Ortega corta las orejas, los únicos trofeos de la tarde.
Uceda Leal ha seguido siempre la línea –ardua pero excelsa– del clasicismo. Lo acaba de declarar y los aficionados madrileños lo saben de sobra. Ha sido siempre un excelente torero y un extraordinario estoqueador. Con veinte años de alternativa, no cabe exigirle ya esfuerzos desmesurados pero la naturalidad y pureza de su arte siguen cautivando: así sucedió una vez más en Las Ventas, la pasada temporada. Lo valoramos todavía más en una época en la que abundan los retorcimientos y los recursos populistas.
El primer toro, de salida, queda corto, sólo le permite dibujar dos medias verónicas con empaque. Aunque casi no le pican, el toro cae varias veces y eso desluce todo. Mata a la tercera.
El cuarto, jabonero, embiste algo rebrincado. Aunque miden el castigo, flaquea. En banderillas, vemos un gran quite de Perico a su compañero Marcos Ortiz. Además de su técnica, Uceda Leal pone voluntad, se empeña en sacarle partido, intenta alargar las cortas embestidas. Ahora sí mata a la primera y da la vuelta al ruedo.

Uceda Leal, este domingo en Valdemorillo
La estética de Juan Ortega, especialmente con el capote, tiene también aromas clásicos. El segundo sale fuertecito, no le deja pararse, con el capote. Después de un simbólico puyazo, el toro cae. Con un toro manejable, que tiene las fuerzas justas, Ortega traza algunos muletazos compuestitos, sin más; apunta algún detalle de torería pero el conjunto es decepcionante: se echan de menos los recursos técnicos y la entrega. Mata caído, a la segunda.
El quinto muestra pronto su bravura y podemos ver, ¡por fin!, cómo Juan mece el capote, en los lances de recibo. Las chicuelinas son ligeritas. Comienza con toreros ayudados por alto, cargando la suerte. Esta vez, se esfuerza más: logra algunos naturales y algunos derechazos lentos, muy estéticos, rematados con la rodilla en tierra pero las series son desiguales, con algún enganchón, y sale apurado. La gente ruge, feliz, como si hubiera visto la faena del siglo. Esta vez, mata con decisión: dos orejas y salida en hombros.

También es conocido el estilo muy personal de Aguado, con una naturalidad que a veces fluye con armonía pero que suele encallar, cuando los toros presentan dificultades.
En el tercero, un bonito cárdeno salpicado, que humilla mucho, traza algunas verónicas de mano baja, muy aplaudidas. El toro empuja bien en el caballo, metiendo los riñones: aunque miden el castigo, flaquea. Aguado da muchos muletazos moviditos, con escaso mando. El largo trasteo no convence al público, que protesta y hace parar la música. Deja un pinchazo y, sin entrar de nuevo a matar, cinco descabellos.
En el último, no se luce con el capote porque dibuja los lances, antes de que el toro llegue a su jurisdicción. Como tantas tardes, se luce Iván García en dos grandes pares, asomándose al balcón. Al segundo muletazo, el toro se cae; pronto, se desploma. Le piden que lo mate. Después de unos muletazos sin sabor, sufre un desarme: mata de dos pinchazos y media delantera perpendicular. No ha tenido una tarde lucida y debe mejorar en la suerte suprema.

La gente se ha rendido al eterno sueño del arte: eso es lo que nos lleva a todos a las Plazas de toros. La gente sale feliz; mi exigente amigo Miguel Ángel, sólo a medias. Recuerdo yo la frase de Calderón de la Barca, que solía aplicar a los toros José Bergamín: «¡Soñemos, alma, soñemos!» Pero si es con algo más de exigencia, mejor.
Comienza la temporada como concluyó la anterior: con un cartel de «No hay billetes» y un público ansioso por soñar con el arte del toreo. La campaña antitaurina del ministro Urtasun continúa triunfando…
POSTDATA. Alfonso Mañas, historiador español especializado en el tema de los gladiadores romanos, acaba de publicar un curioso libro, cuya tesis de resume bien en el título: Tauromaquia romana y su continuación en la tauromaquia española (ed. Almuzara). Los testimonios literarios y numerosas ilustraciones avalan esa tesis. Aprendo, al leer el libro, que eran los toros y no los leones los animales que más papel tenían en la lucha con los gladiadores, aunque el cine nos haya mostrado otra cosa. La semejanza entre las suertes romanas y las españolas resulta clara en muchos juegos taurinos primitivos: la lanzada a pie, montar y saltar toros, la garrocha, desjarretar, mancornar, el cesto, la tinaja… Según eso, los romanos fueron los primeros toreros, hace más de dos mil años. Pero olvida el historiador una diferencia básica: la Tauromaquia moderna, la que hoy presenciamos añade a la pelea con el fiero animal un elemento estético. Nuestra Fiesta nacional une emoción y belleza: por eso es un arte único.
- FICHA
Valdemorillo, domingo 8 de febrero de 2026. Fiestas de San Blas y la Candelaria. Plaza de la Candelaria. «No hay billetes».
Toros de Torrealta, variados de capa, manejables; varios, flojos; destaca el bravo 5º.
UCEDA LEAL, de azul marino y oro, dos pinchazos y estocada, silencio. En el cuarto, estocada: vuelta al ruedo.
JUAN ORTEGA, de gris y oro, pinchazo y estocada caída: silencio. En el quinto, estocada: dos orejas y salida en hombros.
PABLO AGUADO, de negro y oro, pinchazo y cinco descabellos: silencio. En el sexto, dos pinchazos y media delantera y perpendicular: silencio.
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