
Subversión climática izquierdista
Jesús Laínz
Aunque los más poderosos impulsores de la religión calentológica sean organizaciones de multimillonarios que poco tienen que ver —al menos en teoría— con eso que se llama izquierda, ésta no dejó de apuntarse al invento para sacarle todo el jugo posible: el problema es la industria, el capitalismo, el libre mercado.
Rudi Dutschke, famoso militante de las revueltas estudiantiles marxistas de los años sesenta ya lo anunció en aquellos días en los que el cambio climático no preocupaba a nadie: «Las banderas del ecologismo resultan más atrayentes y un modo de reclutar adherentes entre los jóvenes a quienes el comunismo a secas dejó de interesarles». Y su camarada el entonces reputadísimo y hoy olvidado Herbert Marcuse apuntó en Contrarrevolución y revuelta (1972) que «la verdadera ecología desemboca en la lucha militante por una política socialista que debe atacar las raíces del sistema, tanto en su proceso productivo como en la conciencia mutilada de los individuos».
Huérfana de referencias tras el derrumbe del comunismo en 1989, la izquierda mundial encontró en el alarmismo climático, del que se había olvidado mientras la URSS cometía las peores tropelías contra el medio ambiente, el arma más eficaz contra el capitalismo. Patrick Moore, uno de los fundadores de Greenpeace, ha denunciado que dicha organización «fue secuestrada por la izquierda cuando se dieron cuenta de que el movimiento medioambiental podía procurar dinero y poder».
Siguieron pasando los años y llegó una nueva etapa de reivindicaciones medioambientales, en esta ocasión bajo la bandera del calentamiento global y con la joven Greta Thunberg como cabeza visible, al menos en lo que se refiere a la agitación y propaganda. El libro del clima: hechos y soluciones, aparecido a finales de 2022, es la recopilación de un centenar de artículos de autores izquierdistas de todo el mundo, seguidores de las opiniones de Thunberg. Aunque quizá habría que haber escrito la frase al revés: de autores a los que sigue la novicia Thunberg.
Entre ellos se encuentra la estadounidense Naomi Klein, una de las más influyentes intelectuales de la izquierda mundial. En su libro Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima (2014), explicó que durante muchos años no prestó atención a los asuntos climáticos porque consideró que, al no ser su terreno, era más sensato dejarlo en manos de los entendidos. Pero con el tiempo empezó a darse cuenta del potencial revolucionario latente en la reivindicación calentológica: «Me di cuenta de que [el cambio climático] podría ser un catalizador para generar formas de justicia social y económica en las que yo ya creía». El cambio climático, por lo tanto, sería para Klein una gran oportunidad para «utilizar la crisis y dar el salto a un sistema nuevo». Según ella, «podría ser el mejor argumento que hemos tenido los progresistas» para lograr objetivos como recuperar la democracia, bloquear los acuerdos de libre comercio y abrir las fronteras a los inmigrantes afectados. El objetivo perseguido sería un nuevo sistema político mundial en el que la economía estuviese planificada por el poder político, se introdujeran nuevos impuestos, se extinguiera la industria de los hidrocarburos, se controlase «cuánto consumimos, cuánta energía gastamos, con qué frecuencia conducimos, con qué frecuencia volamos, qué tamaño deben tener nuestras casas», etc. Algunos años antes, en 1998, la parlamentaria izquierdista canadiense Christine Stewart se adelantó al enfoque de Klein cuando declaró que «da igual si la ciencia del calentamiento global es falsa, lo que importa es que el cambio climático es la mejor oportunidad para implantar la justicia y la igualdad en el mundo».
Pero la principal protagonista del libro es una Greta Thunberg convertida en mascarón de proa del movimiento tras algunos años de privilegiada militancia adolescente. La joven sueca se ha manifestado como una modélica sostenedora de la lista de filias y fobias característica de la izquierda posmoderna: la lucha contra la industrialización y el capitalismo y la acusación a Europa de ser la gran culpable por la revolución industrial, la esclavitud y la colonización. Según explica, la crisis climática se debe a que quienes gobiernan el mundo son hombres blancos heterosexuales, que ni pueden ni quieren salvar el mundo:
«No son las niñas quienes gobiernan el mundo. Lo gobiernan políticos, corporaciones e intereses financieros representados principalmente por hombres blancos, privilegiados, de mediana edad y heterosexuales. Y resulta que la mayoría de ellos no están capacitados para esa labor».
Durante la presentación del libro el 30 de octubre de 2022 en el Royal Festival Hall de Londres, la antisistema Greta propuso «acabar por completo con el sistema capitalista»:
«Lo que damos por normal es un sistema extremo construido sobre la explotación de la gente y del planeta. Es un sistema definido por el colonialismo, el imperialismo, la opresión y el genocidio de los países del norte para acumular riqueza».
A confesión de parte, exclusión de prueba.
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