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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 12 de febrero de 2026

LA TELEVISIÓN Y LOS EMPRESARIOS / por Francisca García


'..La televisión es arma poderosa para el fomento de la fiesta de los toros. Los espectáculos taurinos retransmitidos colaboran en su beneficio porque es obvia su enorme difusión lo que favorece el resurgir de la tauromaquia..'

LA TELEVISIÓN Y LOS EMPRESARIOS

Francisca García
Se van desentrañando poco a poco los carteles de las ferias y festejos más inmediatos de la temporada taurina 2026. Ante la proximidad del arranque de la temporada, ya se comenta, por parte de muchos aficionados, el interés por saber qué corridas podrán verse este año por televisión.

Es indiscutible el auge que en los dos últimos años está adquiriendo la fiesta de los toros. Las corridas gozan de una aceptación y predicamento como hacía bastante tiempo no tenían, lo que hace que esa estimación aumente el interés por conocer cuanto antes, las corridas que puedan disfrutarse desde casa, ocupando lo que vine en llamar en cierto comentario “el nuevo tendido de los sastres”. El interés por las retransmisiones taurinas no es solo por parte de los aficionados de más edad y aquellos con dificultades para asistir a las plazas. A ellos se une ahora la generación de jóvenes, ávidos muchos de aprender, de familiarizarse con este mundo nuevo que han descubierto y que de forma muy económica pueden disfrutar.

La televisión es arma poderosa para el fomento de la fiesta de los toros. Los espectáculos taurinos retransmitidos colaboran en su beneficio porque es obvia su enorme difusión lo que favorece el resurgir de la tauromaquia. La Fiesta por una parte interesa a los medios audiovisuales a la vista de la demanda de los televidentes y por otra la retransmisión taurina beneficia a la empresa que organiza la corrida, pues recibe rentabilidad por aportar el espectáculo a los canales interesados y del mismo modo los intervinientes en el espectáculo también se favorecen por su prestación y por los derechos de imagen. Todo está a favor de la popularidad de la tauromaquia y por ende, de los empresarios, de los ganaderos, de los artistas pero...hay fechas y meses en el año que la televisión hace daño no a uno, sino a bastantes promotores. En España hay muchísimos empresarios taurinos: grandes, pequeños y medianos y en esta circunstancia lo que beneficia a unos, puede ser perjudicial para otros, es decir, nunca llueve a gusto de todos.

Organizar una corrida de toros o una novillada es ardua tarea y en lo económico, arriesgada responsabilidad. Salir airoso del evite no es fácil. Son más de doce las partidas pecuniarias a las que hay que hacer frente, además de certificaciones, acreditaciones etc. etc, por lo que tal empeño es cometido de valientes y resulta casi imposible si no se cuenta con una subvención que pueda salvar el espectáculo o minimizar las pérdidas.

Recuerdo a un tío mío, toda su vida empresario taurino, que se pasaba los días previos a las corridas que organizaba, con la vista puesta en dos sentidos: mirando al cielo, sobre todo si se trataba de plazas del norte de España y mirando a la taquilla. Pues bien, ahora hay otra tercera visión más que añadir, mirar si la corrida que organiza no coincide con una retransmitida por televisión. Y no es solo a un empresario al que se puede perjudicar, sino a 10, 20 o 30, según la época del año, especialmente en agosto en que son muchos los festejos que se montan en toda la península. Y es que el aficionado puede poner en la balanza cual es el espectáculo que tiene para él mayor atractivo: asistir presencialmente a la corrida que se ofrece en su localidad, o sentarse frente al televisor y ver lo que propone la programación taurina. Es así que las retransmisiones de los festejos por televisión son arma de doble filo. Hace que se peguen al televisor millares de personas, lo que es bueno para la causa de ganar adeptos, pero puede dejar a medias los aforos de decenas de plazas a la misma hora. Es constatable que las corridas televisadas quitan espectadores a las que se celebran a la misma hora en diferentes cosos y no solo de España sino de todo el planeta porque la cobertura de las televisiones estatales es muy amplia. Ni que decir tiene que tales corridas pueden ocasionar y de hecho ocasionan frecuentemente importantes quebrantos a los empresarios que tienen la desgracia de haber programado un festejo el mismo día. Algo que no es fácil prever porque hay espectáculos que deben darse el día del Santo Patrón o de la Patrona, o que la retransmisión se anuncia cuando ya se ha programado y difundido el acontecimiento que sufre la coincidencia no buscada. Y, por otra parte la asistencia a los cosos es necesaria por tantos motivos y especialmente por ser un signo de que la tauromaquia tiene un impulso, un brío nuevo, que su plenitud es incontestable que va hacia adelante y que se vive con pasión.

Difícil dicotomía que tiene poco arreglo, pues los toros en televisión y la asistencia a las plazas confluyen en la misma idea de promoción, siendo ambas fomento para el mayor triunfo de la fiesta española y teniendo los dos el mismo fin parecen poco compatibles. Se me ocurre, sin embargo, una vía, factible en muchos casos: que los espectáculos jueguen también para su celebración con las horas nocturnas.

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