RUBÉN AMÓN LA NINGUEA
Una defensa de La Rioja taurina
Paco Cañamero
Leo con interés aquello que se publica sobre Tauromaquia, tanto en libros, revistas, como periódicos o las cada vez más numerosas versiones digitales. Lo hago siempre con intención de aprender y seguir cultivándome en este maravilloso arte, siendo respetuoso con las distintas opiniones de la baraja taurina al ser un mundo tan grande que caben las más variadas maneras de pensar, por lo que en infinidad de ocasiones no estoy de acuerdo con las reflexiones y opiniones que se exponen, pero las respeto. Un torero puede interesar más a unos u a otros, depende del gusto de cada uno, aunque siempre se ha dicho que el mejor aficionado es al que más espadas le caben en la cabeza, algo demostrado que es la respuesta más cabal.
Casi nunca suelo entrar a censurar a nadie abiertamente, ni a rebatir, prefiero la discreción. Únicamente al encontrar atropellos, se maltrata la Tauromaquia o se dicen cosas que no son realidad y hay que salir al paso para demostrar que son mentiras. Viene a cuento a leer el nuevo libro del periodista Rubén Amón dedicado a Morante de la Puebla, una obra en la que, como en todas, se podrá estar más o menos de acuerdo, pero jamás permitir que para alzar, encumbrar o mismamente, llámenlo como quieran, hacerle la pelota a Diego Urdiales le dé un bofetón en la cara a una región del prestigio de La Rioja, donde con tanta pasión se ha vivido la Tauromaquia.
Lo hace con estas palabras dirigidas al torero de Arnedo:
Si hubiera nacido en Ronda, la prensa lo habría saludado como heredero natural de la estirpe romántica, y probablemente le habrían ahorrado la mitad de los años de espera. Pero le tocó La Rioja, un territorio práctico, laborioso y sin prestigio taurino. De ahí que su carrera se haya sostenido sobre la paciencia, la resistencia y una obstinación que raya en lo ascético.
No podemos pasar por alto el ninguneo a una tierra del prestigio taurino de La Rioja. La que ha sido un vivero de la mejor afición, de gente que tanto ha apostado y engrandecido el arte del toreo. Y es quien, por desconocimiento o ignorancia, ningunea así a La Rioja para alabar/pelotear a su actual referencia se deja en el tintero muchas de las historias más ricas vividas la Tauromaquia española. Nadie que sea conocedor duda que, en esa querida tierra, llena de gentes hospitalarias y trabajadoras que tienden siempre su mano en son de amistad a quien llama a sus puertas, se ha vivido el toreo con más pasión que en casi la mayoría de las regiones y esto es algo tan obvio que no debería refrescarse, a no ser por esa chorrada. Y también para evitar que, quien haya picado en ese anzuelo descubran la verdad que ignora tan alegremente Rubén Amón.
Primero, para pretender engrandecer a Ronda a través de la figura del genio de Antonio Ordóñez, el exponente de la escuela rondeña que alcanzó más altas cotas, lo hace ignorando que los inicios de Ordóñez fueron fundamentales en La Rioja, tierra en la que se coció antes de dar el salto. Sí, en La Rioja, la tierra que según este periodista no tiene prestigio taurino, fueron los principios del genio al torear un gran número de económicas y novilladas sin caballos en festejos organizados por su propio padre, el gran Cayetano Ordóñez El Niño de la Palma –inspirador de la famosa crónica Es de Ronda y se llama Cayetano-. Fue en los finales de la pasada década de los 40, cuando se hizo empresa de tantos festejos en plazas riojanas, con sus hijos en el cartel. En ellos, con el gancho de anunciar una bicicleta entre los asistentes al final del festejo, se baqueteó Antonio. Y allí se fue El Niño de La Palma con su tropa sabedor de la mucha afición existente y tanto prestigio, hasta el punto de que Antonio debutó con caballos en Haro. En la misma Haro donde poco después, el malogrado Chicuelo II dio un serio aldabonazo en el que fue su primer escaparate. Y en medio de ese enorme prestigio cada pueblo daba toros, corridas o económicas, sin olvidar las muchas peñas y clubes taurinos avaladas por un enorme prestigio gracias a los magníficos aficionados que las sustentaban; de ahí que para cualquier torero, profesional y conocedor de la Tauromaquia haya tenido siempre máximo reconocimiento y admiración a La Rioja.
Más tarde, en la dorada década de los 60, en la vieja y añorada plaza de la capital, en La Manzanera, rompieron muchos toreros en sus inicios. Es el caso del portugués Amadeo dos Anjos, del salmantino Paco Pallarés que tuvo máximo cartel en sus inicios anunciándose como Paquito Fuentes, además de los también charros José Luis Barrero y, mucho más Flores Blázquez, quien al igual que Pallarés fue torero de culto en Logroño y toda la zona, sin olvidar al madrileño José Manuel Inchausti Tinín.
Bien cierto es que allí, hasta que comenzó a destacar Urdiales, no hubo toreros de campanillas, pero presumía con orgullo de Antonio León, de Arnedo, que ha pasado a la historia como perfecto intérprete del volapié. De allí también fue Gallito de Alfaro, con buenos momentos de novillero; además de El Satélite, Víctor García El Víctor, matador en su día de buenas maneras y hoy peón de confianza de Urdiales; en una lista a la que se suman Pedro Carra, Pérez Vitoria, Jeromo Santamaría, El Trueno… o la actual novedad de Fabio Jiménez, el matador de Alfaro que va a torear en la inmediata feria de Sevilla. Tampoco queda en el tintero la excelente lista de peones, desde Valeri, Pepe Rioja, el malogrado Ciriaco, otros allí radicados, ejemplo de El Sevilla, Mariano Molareño, El Javi... Que me perdonen si al escribir esta crónica a paso de banderillas se me olvida algún nombre, que para mí todos gozan del mismo respeto, al igual que el rejoneador Sergio Domínguez, aún en activo.
Y es que ir a La Rioja es respirar los aires de un enorme prestigio; tal que para todos los toreros la feria de Logroño, la de antes de La Manzanera, era exigente y seria. Exigente por el toro que se lidiaba convirtiéndola en un puerto de primera en el final de temporada y seria por la magnífica afición existente, algo que le daba un enorme prestigio. Más allá de La Manzanera también programaban sus ferias en Calahorra, Alfaro, Haro, Arnedo con su Zapato de Oro… y festejos en Cenicero, Santo Domingo de la Calzada, Nájera y su Mesilla de Oro para los noveles, Navarrete…, además de otra extensa lista de localidades.
Y no digamos los magníficos escritores de esa tierra, de los que recuerdo, a bote pronto, a Claridades, César Jalón Clarito, el genial Rafael Azcona… y más cercanos a nuestro tiempo a Juan José Ochoa, Pepe Herráiz -magnífico dibujante, también-, Juan Cruz Gascón, el brillante Manolo González, Pablo García Mancha o Pedro Mari Azofra, quien además ha sido un embajador taurino de La Rioja por el mundo…, en lista que cierra el joven Javier Cámara, dentro de un sector donde debe estar por derecho propio el gran Chapresto, cuyas fotografías han ilustrado infinidad de crónicas y tantas veces la portada de Aplausos
Podría estar horas rememorando tanta grandeza y escribiendo con orgullo de La Rioja, tierra que zahiere tan alegremente Rubén Amón en su último libro, obviando para pelotear a Urdiales que atesora máxima prestigio taurino y sus gentes alzan a los cielos la bandera de la generosidad.
El menosprecio de Rubén Amón a La Rioja es un atentado
a la grandeza taurina de La Rioja.



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