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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 8 de febrero de 2026

Una coleta de quita y pon / por Paco Delgado



'..este dribling es, y ha sido, harto frecuente en el toreo. El 18 de mayo de 2000, por ejemplo, Rafael de Paula, después de poner literalmente boca abajo la plaza de Jerez fue incapaz de acabar con la vida de sus dos oponentes y los toros se fueron vivos al corral. Paula, llorando, se quitó la coleta y la arrojó a la arena, asegurando que no volvería a torear en público..'

Una coleta de quita y pon
Por Paco Delgado
Ha sido la gran noticia de los últimos días. El gran suceso de este inicio del nuevo curso. El gran tema del que todos hablamos y escribimos. Un acontecimiento que sacudió al mundo del toro y se convirtió en el principal argumento de noticias, crónicas y artículos de opinión. Morante de la Puebla toreará vestido de luces esta temporada que ahora empieza.

Ríos de tinta, horas de tertulias y charlas en coloquios radiofónicos y podcasts y miles de megas empleados en los medios digitales para comentar un hecho que, paradójicamente, era sabido. El propio Morante, unas horas después de aquel arrebato místico en Las Ventas, declaraba que no se había cortado la coleta, que se la había quitado... que no era lo mismo; y desde su entorno se apresuraron a dejar claro que aquello no era una retirada. Y el mismo torero aseguró que todavía tenía que torear para despedirse de muchas plazas.

Pero el invierno dio para mucho y se especuló no poco con una posibilidad que se ha demostrado cierta. El de La Puebla hará el paseíllo en la campaña de 2026. Antes de que el pasado día 21 de enero se hiciese pública su decisión de volver, ya gente cercana al torero sevillano aseguraba que se había encargado unos cuantos trajes de cara a este ejercicio, o sea... Todo quedó aclarado con la nota de prensa que inmediatamente envió la empresa de José María Garzón, el flamante gestor de La Maestranza, en la que daba cuenta de la contratación de Morante para actuar en el albero sevillano. En principio el Domingo de Resurrección, dos tardes en la feria de abril y una cuarta el día del Corpus, festividad que, gozosamente, se recupera con la nueva empresa encargada de organizar las cosas en el coso maestrante, estando por saber si también se anima para estar presente en la feria de San Miguel.

Ahora faltará ver cómo se encuentra de salud, y se resuelven esos achaques que no terminan de dejarle en paz. El trastorno disociativo y la depresión no son tonterías, se trata de una enfermedad compleja que desconecta sus emociones de su cuerpo. Esta condición, caracterizada por episodios de amnesia y dolor emocional, le obligó a retirarse temporalmente y someterse a tratamientos y durante buena parte del pasado año le llevó a mal traer. A ver si arranca ahora como nuevo.

Por otra parte, este dribling es, y ha sido, harto frecuente en el toreo. El 18 de mayo de 2000, por ejemplo, Rafael de Paula, después de poner literalmente boca abajo la plaza de Jerez fue incapaz de acabar con la vida de sus dos oponentes y los toros se fueron vivos al corral. Paula, llorando, se quitó la coleta y la arrojó a la arena, asegurando que no volvería a torear en público, si bien al día siguiente se arrepintió y anunció que seguía, aunque lo cierto es que ya no volvería a torear más vestido de luces.

Litri padre, en una carrera de más de tres décadas, cumplió poco mas de media docena de temporadas completas, con sus correspondientes despedidas y retornos. Francisco Rivera Ordóñez se fue en 2012 y anunciaba en 2014 que volvería a los ruedos “muy ilusionado”. Y su hermano Cayetano ha protagonizado casos parecidos. Jesulín de Ubrique decidió retirarse por falta de motivación en 1999 y dos años después proclamaba que volvería a vestir el chispeante, pero un grave accidente de coche truncó sus planes, teniendo que esperar varios años para que fuese realidad su regreso a los ruedos, una decisión que ha mantenido hasta la actualidad con varias idas y venidas. Antes, Antoñete, ejemplo también de diestro guadianesco, tras su última retirada en 1985, se lo pensó y volvió a torear en 1987 manteniéndose en activo aún en 1997, aunque su adiós fue intermitente hasta que en julio de 2001, después de sufrir una crisis cardiorrespiratoria durante una corrida en Burgos, aceptó poner fin a su carrera definitivamente. Y hay muchos más casos. Ahí están Belmonte y Benítez, nada menos.

También Morante recapacitó y ha decidido, como aquel Joe Rígoli de la tele de hace medio siglo, que sigue. Lo que no deja de ser una muy buena noticia para el aficionado, y para el negocio taurino, tan necesitados ambos de gente especial y con tanto carisma y personalidad como él. Que sea para bien.

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