
Lo de Zaragoza se las trae. Lo único comprensible es la denuncia de tantos empresarios en ANOET a un pliego que consideran desquiciado. Y también hay que asumir que, como buenos baturros, erre que erre, sigan empecinados en el error los responsables del dichoso pliego, pese a tantas opiniones cualificadas en contra.
Ricardo Díaz-Manresa
Después, que vengan dos empresarios, uno en el paro, merecido, y otro en la élite, presentándose a regentar la plaza en esas condiciones cuando tienen a tantos compañeros en contra, parece rarísimo. El que está a la luna de Valencia puede permitirse cualquier intento de venganza, explosión o inicio de una guerra civil, pero el otro con tantos intereses florecientes, extraña que haya tomado una actitud tan guerrera como no sea para tener una de las principales plazas de primera. Aunque le cueste disgustos y dinero..
En contra de ellos, la afición sensata, la mayor parte de los empresarios y hasta los toreros, dos de ellos, uno imprescindible en los carteles y otro seguro o casi seguro, se han puesto en contra y no quieren participar en la locura o en la guerra. Y hacen bien porque les piden cosas casi imposibles.
La feria del Pilar, y eso es verdad, adolecía de muchas bajas de última hora o por lesiones exageradas o imaginadas o por mucho cansancio después de una temporada larga o por otras razones inexplicadas. Pero se caían de los carteles muchos y había ausencias, pero también es verdad que la posible solución de ahora es casi imposible.
Y otra locura es exigir los carteles de octubre ya en febrero. Demencial. Habrá que esperar algo, aunque ahora la moda es adelantar y adelantar, sin ver cómo están los toreros y cuáles son los triunfadores. ¿No pueden esperar al menos hasta junio?. También es verdad que, al paso que llevamos, los triunfos de un año sólo valdrán para los carteles del siguiente. ¡Ay el viejo Balañá anunciando durante el festejo de domingo o jueves un triunfador del día que iba repetir en el siguiente festejo¡ Pues ya ven, donde se hacía muy bien han desaparecido los espectáculos taurinos.
Y después hay que conocer Zaragoza. Durante muchos años asistí a la del Pilar porque quería agotar los últimos sorbos de la temporada, pero el tiempo era infernal y hacía mucho frío, por lo que cogí varios resfriados espectaculares. Además el viento propiciaba percances y cornadas por lo que algunos espadas no se dejaban anunciar.
Fue cambiar rotundamente con la cubierta y mejorar casi del todo la situación, además de que el tiempo, por lo que fuera, era mejor. De ir a la “otra” plaza, la descubierta, con abrigo y bufanda, a la “nueva”, con muchas menos prendas contra las adversidades climatológicas.
También iba porque los zaragozanos eran amables y acogedores, pero hay un grupo que, como en todas las ciudades donde corre mucho el aire, son muy suyos. Me relacioné con alguna gente que parecía encantadora y que cambiaba de actitud incomprensiblemente. Pues a esta parte de la ciudadanía deben pertenecer los de la Diputación y el pliego. Pues con su pan se lo coman. De los que decían al venir el tren puestos en la vía : chifla, chifla, que como no te apartes tú…
Aunque no comprendo casi nada de lo que hace esta sociedad, espero sin mucha esperanza, que vuelva la sensatez y se arregle el problema. En Zaragoza hay que gozar, no sufrir.
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