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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 12 de febrero de 2026

Aquí no compramos burras por exceso de asnos

Así llegaron los primeros dos burros españoles a EEUU / ABC

'..Cultural y políticamente, ha habido y hay un trabajo de fondo, estructurado, muy bien engrasado, y desde hace muchas décadas, para renovar la llamada “leyenda negra” contra lo español. Una leyenda muy comprada aquí, en España, el país que peor habla de sí mismo, porque hablar mal de sí mismo es síntoma de hablar de bien de sí mismo: un caso psiquiátrico sin precedentes..'

Aquí no compramos burras por exceso de asnos

Mundotoro: Editorial del miércoles 11 de febrero de 2026

Relatar las bondades de la acogida de migrantes para promover un relato ideológico de progreso respecto a quien acoge, además de ser una hipocresía, es el uso más abyecto de quien viene y es “acogido”. De una parte, el incremento de migrantes en los últimos años no está causado más que por dos razones. Una, que en España no nacen niños sino perros mascotas (los niños son el futuro mercado laboral y los perros no). Datos oficiales: en España hay seis mascotas por cada niño de entre cero y cuatro años. 1.800.000 niños y 10.744.251 mascotas. Y, dos, como nuestro índice de natalidad está por los subsuelos, no hay relevo en el mercado laboral. Por eso, desde un punto exclusivamente económico, necesitamos acoger hombres y mujeres de otros países. El perro no cotiza ni paga impuestos para las futuras pensiones. Ergo, nuestro sistema social, tan en riesgo, necesita al migrante para su funcionamiento.

Por tanto, primera verdad sobre mentira: vienen porque les necesitamos y vienen desde países donde nos importa muy poco cómo viven, qué derechos humanos le asisten y qué desarrollo tienen. Una hipocresía más a la que le siguen una suma de barbaridades hiladas dentro de un relato cuyo contenido, si se pone en duda o se cuestiona, es causa de una indignada y violenta acusación de racismo. Nadie duda de que Cataluña no desea migrantes que hablen español. Los prefieren llegados de países árabes porque aumentar el idioma “español” es ir en contra del devenir no español de Cataluña. No es afirmación baladí: en esta comunidad hay 350.000 africanos y 192.000 asiáticos, cifra muy superior a los llamados “latinos”.

Latinos. Hace tiempo que en el seno de ANOET (empresarios taurinos), como en el de tantas y tantas asociaciones de ocio y ofertas de consumo, se tuvo en cuenta la realidad de que, en apenas unas décadas, existiría arraigo en España de una población muy significativa de los llamados “latinoamericanos”.  Esa realidad habría de ser afrontada desde todos los puntos de vista. Sanitarios. Educacional. Servicios. Trabajo… y ocio. Todo habitante de un país, alto, bajo, hombre, mujer guapo, feo, blanco, negro, suele comer, beber, ir al cine, conciertos, teatro, … y a los toros.

Quienes primero se dieron cuenta de que la oferta existente no cubría los gustos (demandas) de los migrantes latinos llegados a España fueron los genios de la música. De tal forma que la producción musical varió en nuestro país hacia los gustos musicales que traen desde sus lugares de orígenes los latinoamericanos. De tal forma que se sucedió el “pase de la tortilla”. El “latino” no sólo no aceptó los gustos cultura/musicales que había en España, sino que hoy sus gustos culturales musicales son los mayoritarios entre todos los jóvenes de entre 18 y 29 años: de España: la llamada música urbana del reggaetón, trap, hip hop y v variantes. Una cultura musical nacida… en Panamá, en un contexto cultural “latino/yankee”, mayoritariamente expuesto en una lengua que no es el castellano.

‘Hablar hoy en España de Hispanoamérica es ser racista. Mola lo de latinoamericano’

Lo mismo sucede con los gustos gastronómicos y otros. Describir esta realidad es una mera descripción de una realidad que viene avalada por las estadísticas oficiales, que es la realidad contundente. ¿Puede ser una neo colonización cultural? Es una pregunta racista. De criminal de guerra. Plantear esta cuestión tan simple como importante para el futuro de quien está y de quien viene, no se pude hacer. Excepto si quien la plantea se acoge y le acomoda el insulto de “racista”. De ahí el titular de este editorial. Este es un editorial racista.

Hay una segunda observación. Latinos y toros. Si fuera cierto que el “latino” posee los rasgos culturales de los españoles, al menos un porcentaje de ellos vería como propios algunos de los rasgos culturales de los españoles: tauromaquia, gastronomía, música… Pero no es así. Y no lo es porque, otra hipocresía, nosotros no pertenecemos o apenas pertenecernos a la llamada cultura “latinoamericana”. Hace muchos años que desde Francia e Inglaterra se lanzó la campaña anti española para debilitarnos en los países hispanoamericanos y cambiaron lenguaje y relato. “Latinoamericanos” es un término estratégico de origen francés (provocador de los mensajes de independencia) anti español y anti anglosajón, que, cosas de la historia, Estados Unidos lo usaría más tarde usaría para su relato anti todo lo anterior. Google en español: 1.000.000 de citas sobre lo latino frente a 61 millones de citas sobre hispanoamericano.

Apenas en unas décadas, desde la invasión de Napoleón en España (1808) hasta las “independencias” en “las américas”, se anuló la palabra “Hispanoamérica” (geografías sociales de cultura española) por un término tan abyectamente político como racista. ¿Racista? . Miren. En Estados Unidos una persona de origen italiano de la misma Latium (latino en su sentido único por exacto) no es un latino. Un español de España no es latino. Lo es un emigrante o descendiente de venezolano, ecuatoriano o mexicano. Y lo es por señalamiento de inferioridad.

‘Que no nos vendan más burras que ya tenemos exceso de asnos’

Lo “latino” en el siglo XXI forma parte de una mixtura excesivamente compleja en lo social, muy dada al uso del inglés (no del español) y cuyo acervo cultural/de consumo apenas se desarrolla en cuatro décadas. Que nace en lugares en donde el predominio del inglés es superior al resto de países centro o sur americanos (Puerto Rico, Panamá, sobre todo). Hablar hoy en España de Hispanoamérica es ser racista. Mola lo de latinoamericano, usado hoy por un país que, en 1848 (apenas 27 años después de la Independencia de México) robó a los mexicanos, previa invasión militar, el 55% de su territorio.  Dos millones coma cuatro kilómetros cuadrados. De otra forma: más del 100% del actual territorio de México. De otra forma:

 los estados actuales de California, Nevada, Utah, Arizona y Nuevo México y más de la mitad de los de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma. Zona hispanoamericana. Mexicana. El país es Estados Unidos.

Hay una parte de hispanoamericanos que sí van a los toros. Sobre todo, los mexicanos que conservan en su cultura la raíz de lo español. De los españoles. Con el mismo ADN lo hacen colombianos, ecuatorianos o venezolanos que sí van a los toros.  Hispanoamericanos. Los hay aún no permeables a lo “latinoamericano”. Muy posiblemente y muy a pesar de la hipocresía de gobiernos actuales como los de México, tan empeñados en nuestro pedir perdón, al tiempo que silencian todo lo que pueden su pleitesía a quien les robó hace media hora (en la historia ese tiempo en media hora) medio país, admitiendo lo de “latinoamericano”.

Cultural y políticamente, ha habido y hay un trabajo de fondo, estructurado, muy bien engrasado, y desde hace muchas décadas, para renovar la llamada “leyenda negra” contra lo español. Una leyenda muy comprada aquí, en España, el país que peor habla de sí mismo, porque hablar mal de sí mismo es síntoma de hablar de bien de sí mismo: un caso psiquiátrico sin precedentes. Un trabajo en el “otro lado del charco” que, primero, criminalizara y barbarizara “lo español” (las corridas de toros dentro), neo colonizara como satélites y mercado a esos países, a instancias de las grandes multinacionales del ocio, gastronomía, recursos energéticos… pero que no los acogiera jamás dentro de sus fronteras. Vienen aquí necesitados y aquí los necesitamos. Es correcto y real. Pero llegan con su cultura, raíces, costumbres y querencias y se encuentran con las nuestras. Con las que haremos un nuevo mestizaje del siglo XXI. Pero para hacerlo, basta de mentiras. Que no nos vendan más burras que ya tenemos exceso de asnos.

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