
'..lo de «echar a Sánchez» no deja de ser un argumento emocional de escaso recorrido: de poco serviría echar a la izquierda para que la sustituya una derecha que haría políticas semejantes..'
Es prodigioso que el mismo término «derecha» quepa para definir dos posiciones rigurosamente antitéticas. En el plano de la política real, la verdad es que la derecha-PP está más cerca de la izquierda que de la derecha-VOX. Esto no pasa sólo en España. Miremos a Portugal: allí la derecha liberal-conservadora convencional (su PP) ha apoyado en las presidenciales al candidato socialista (su PSOE) frente al candidato de la derecha nacional (su VOX). En ese sentido, lo de «echar a Sánchez» no deja de ser un argumento emocional de escaso recorrido: de poco serviría echar a la izquierda para que la sustituya una derecha que haría políticas semejantes.
En realidad, en España sólo hay un elemento diferencial que acerca a las dos derechas: la naturaleza de nuestra izquierda. La izquierda española es la única de Europa que aspira abiertamente a deshilachar el tejido nacional, hasta el punto de que ahora, puestos a buscar un relevo para salvarse del naufragio, acaricia la idea de convertir en líder a un separatista catalán. O sea que, en realidad, lo único que acerca a nuestras dos derechas es la cuestión nacional: ambas, al menos en términos generales, coinciden en desear que España siga existiendo como Estado-nación. Bien, no es poca cosa y a partir de aquí, tal vez, sería posible empezar a construir una plataforma de acción común.
Eso, es verdad, obligaría al PP a reconsiderar muchos de sus postulados y reformularlos ahora en términos de «interés nacional», y a VOX, tal vez, le forzaría a aceptar que su programa de renacionalización ha de hacerse más despacio y encajando determinadas servidumbres externas, un poco al estilo Meloni. Uno y otro tendrían que ir pensando, por otra parte, que ya no es posible seguir atados al esquema del 78, es decir, al terreno de juego marcado en torno a la Constitución, que es el que nos ha traído hasta aquí. En otros términos: si la Constitución no ha sido capaz de salvar a la nación, habrá que intentar que la nación salve a la Constitución, y eso implica reformar el texto para rectificar la desconstrucción hoy vigente. Sería un auténtico reinicio de la democracia española, de la nación española.
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