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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 9 de febrero de 2026

Resaca de la gala / por Jorge Arturo Díaz Reyes


Las Ventas. Foto: Wikipedia

'..En Madrid se asiste al culto sacrificial del animal totémico con devoción, gozo y sufrimiento. Es proverbial su respeto por el fracaso en la honesta lucha, por los modestos que afrontan con estoicismo los mayores retos, por los que se superan a sí mismos, por los bravos que mueren como tales. Esto claro, no es unánime siempre..'

Resaca de la gala

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, Colombia, 9 II 2026
Disipado el relumbrón de la ceremonia, enrollada la alfombra roja, extinguido el eco de los discursos, confirmados los carteles, Las Ventas entra en la tensa espera de sus toristas festejos de apertura, marzo-abril, y de los treinta y uno que irán del 1º de mayo al 14 de junio (ferias contiguas de la Comunidad y San Isidro). Período sustantivo para la tauromaquia mundial. “El corazón del toreo”, como lo proclama su cartel oficial. El concilio de la fe.

Ese mes y medio en que se refrendan los cánones, la liturgia, el rito, el toro, el toreo, el torero, la afición, el público, la autoridad, el relato, la estética, la verdad, el estado de opinión en la fiesta…

A examen todo. La tradición y los valores frente al cambiante espíritu de las épocas, modas, gustos e intereses. Los cuales, fluyendo a través de la taquilla, permean primero la superestructura y tocan la estructura. El soporte.

Primero al toro, que debe serlo a plenitud, en integridad, tamaño, edad, peso (ahí están los veterinarios). Épocas hubo (la de plata, 1923), de los cinco años y los 570 kilogramos mínimos reglamentarios. Hoy, (Decreto 57 de 2008) son bastante menos, cuatro años y 460 kilos. Que algunos aún encuentran excesivos, pero a los que la plaza no desciende nunca, pese a las diatribas de los pregoneros del toro mini. Pese a ellos, ha sido piedra base de su rango y prestigio como primera del mundo. Junto al trapío, el privilegio de la fiereza sobre la docilidad, la soberbia sobre el apocamiento y el poder sobre la blandura…, expresos en el apego a sus hierros preferidos. No es el único argumento, cierto, pero sí el principal.

Luego, aunque no en importancia histórica, el madrileño sentido de la “verdad” y la lealtad en la lidia, de la primacía de la esencia sobre el ornato, de la postura sobre la impostura. Defendidos dura, aunque no infaliblemente, por los aficionados más exigentes de la plaza, concentrados en el tendido siete, aledaños, y también entreverados por el resto del graderío, (que seguro ni asisten, ni ven las galas).

Ese draconiano modo de juzgar que llega hasta la irreverencia y la intolerancia. Especialmente con muchas de las figuras (ídolos), como expresión fundamental de que el culto es más importante que el oficiante, que la misa es más importante que el cura, y que la púrpura pesa. Al gran Morante de la Puebla, por ejemplo, le hicieron esperar 28 años antes de abrirle su primera puerta grande. Para no remontarnos al, “En Madrí que atoree San Isidro”, de “Guerrita” y más atrás.

¿Pretensiones de perfección, iluminismo, fanatismo? No, no, creo qué de lo contrario, de realismo, de autenticidad. Del íntimo asumir la corrida como rito de honor, como, alegoría y catarsis de la vida (tragedia). En la que placer y sufrimiento, alegría y enojo, belleza y fealdad, triunfo y derrota…, tienen lugar, son inherentes.

En Madrid se asiste al culto sacrificial del animal totémico con devoción, gozo y sufrimiento. Es proverbial su respeto por el fracaso en la honesta lucha, por los modestos que afrontan con estoicismo los mayores retos, por los que se superan a sí mismos, por los bravos que mueren como tales. Esto claro, no es unánime siempre. No son infrecuentes las ruidosas discrepancias entre unas y otras partes del público. Con los que sienten lo contrario, con los turistas, recreacionistas, neófitos… que también pagan, tienen gustos y derecho a la contradicción. O con el palco. Democracia.

Sin embargo, la resultante secular, esa que ha mantenido la idiosincrasia, la identidad (cada una tiene la propia), el rango primado suyo, y de las que por siglos la han precedido a la vera de la calle Alcalá, es aquel “gen” cultural, expreso en el predominante rigor de los primeros. El que, explicaría sus para otros inexplicables puntos de vista. Por él, aun Madrid locuta…, y ahora por TV, urbi et orbi.

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