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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 28 de febrero de 2026

Espartaco y Fernando Fernández Román: un “mano a mano” brillante en La Empalizada de Montemayor de Pililla

Torero y periodista departieron duran casi dos horas ante un público expectante que llenó la sala La Panera de Montemayor de Pililla.

Diego Olmedo
Ayer viernes se cerraron los XVII Ciclos de Coloquios de la asociación cultural taurina La Empalizada en Montemayor de Pililla, donde se dieron cita más de 200 personas para escuchar, con ese silencio sepulcral que sucede en La Maestranza sevillana, a una de las máximas figuras del toreo que ha dado nuestro país, Juan Antonio Ruiz “Espartaco”.

Junto a él, como no podía ser de otra manera, estuvo en un mano a mano sensacional el periodista Fernando Fernández Román, socio de honor de esta asociación y que por cuarta vez acude estos ciclos.

La expectación era máxima en un pueblo que no llega a los 900 habitantes, pues no se recibe todos los días a figuras que han marcado tanto en el mundo de la tauromaquia.

Tras el aperitivo en el Bar La Torre, comenzó la charla con un previo para concederle al diestro de Espartinas el máximo galardón de esta entidad: socio de honor tras exhibir un vídeo, donde se mostró su trayectoria y su calidad humana.  Ambos protagonistas recibieron un detalle en forma de fotografía por parte del vecino y socio Tomás Pedraza.

Además, Espartaco recibió un detalle de manos del artista cuellarano Alfonso Rey que, un evento más, volvió a colgar sus obras taurinas en la sala, además de adornar el restaurante La Martina.

Cuando los ponentes cogieron los micrófonos comenzaron casi dos horas de pura magia, escuchando a dos amigos emocionados por el reencuentro para hablar de lo que nos une a todos, el toro.

Juan Antonio confesó que él comenzó a ser torero para satisfacer los deseos de su padre, Antonio Ruiz, que también lo fue. Fernando le habló del toro “Facultades” que lidió en La Maestranza de Sevilla en el año 1985 y que fue el impulso que necesitaba en su carrera, a lo que el torero relató que justo en ese momento estaba pensando en retirarse del toreo porque las cosas no le estaban saliendo bien, menos mal que apareció ese toro que le hizo salir por la puerta del príncipe y despegar su carrera como torero.

Uno de los temas que se trataron fue la presión que existe en La Maestranza, puesto que es cierto que es una de las plazas que más silencio guarda cuando se está lidiando el toro, el respeto que existe en dicha plaza es de admirar, pero sí matizaba Espartaco que, aunque hubiese silencio, es un aficionado duro y crítico.

Fernando preguntó al matador su opinión sobre la sugerencia por parte de ministros del Gobierno de prohibir a los menores de 16 años acudir a las plazas de toros, a lo que el torero dio una clase magistral a los asistentes de cómo defender la tauromaquia, sobre todo, a los chavales que ahora están en esas edades y que acuden, por suerte, masivamente a la plaza: 

“el toreo no es muerte, como dicen los contrarios, es vida, el toro acude a la plaza no para morir, sino para defenderse él y a toda su familia, sus padres, hermanos, abuelos… que siguen pastando en el campo gracias a que ese toro se lidia en una plaza”.

Por cierto, la sala estuvo repleta de gente joven, otra apuesta de la entidad.

A preguntas del público intervino el empresario Carlos Zúñiga, que contó alguna anécdota con el torero antes de agradecer a los ponentes por el buen rato que hicieron pasar a los asistentes, entre los que se encontraba Asun Caminero, médica taurina, el ganadero Pepe Mayoral, componentes del Foro Taurino Tordesillano y numerosos aficionados que se desplazaron desde la capital y otras localidades colindantes.

También saludamos a la gráfica taurina Natalia Calvo, acompañada de su flamante compañero, Juanan Del Pozo, cuya boda se llevó a cabo recientemente en la ganadería de Eladio Vegas.

No podía faltar el vino español posterior a la charla a manos del Restaurante La Martina, así como la entrega de obsequios a los ponentes gracias a los patrocinadores de estas charlas como son Panadería Serna, Cerveza Milana y vino Yllera.

Es de valorar el trato cercano que tuvo el torero, pues no fueron pocos los aficionados que se hicieron fotografías con él, después de venir desinteresadamente desde Sevilla con su pareja.

Se nota la humildad y generosidad de una figura del toreo que ha dejado huella en los corazones de un pueblo como es Montemayor, y una asociación que hace lo posible para llevar con orgullo su nombre por todos los rincones de España.







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