
Los profesionales del toreo cómico vuelven a ser atacados por el totalitarismo del gobernante de Sumar, que no ceja en el intento de imponer su particular «dignidad».

El ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo BustinduySergio R Moreno
Acabar con el «bombero torero», la obsesión del ministro comunista Bustinduy, el Urtasun oculto de los Derechos Sociales
Por Mario de las Heras
Pablo Bustinduy, el relativamente desconocido ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 (todo un nombre, tanto el del ministro como el del Ministerio), quiere acabar con el espectáculo de los enanos toreros.
Ya lo había intentado con anterioridad con la Ley General de la Discapacidad, aprobada en el Senado en 2023, y más anteriormente aún durante años de empuje de la reforma. Lo que se hizo fue modificar el texto de la Ley General de Derechos de las Personas con Discapacidad.
El varapalo para el «protector»
Dicho texto establece que estas personas participarán en los espectáculos, también en los taurinos, «sin discriminaciones ni exclusiones que lesionen su derecho a ser incluidas plenamente en la comunidad», frase afectada que ha llevado al gobernante a «salvar» al orgulloso de ser «bombero torero».
La cosa se quedó en poco porque estos toreros bufos protestaron y una jueza de Málaga decidió que nada hacía ver en el espectáculo que el objetivo fuera la mofa de sus protagonistas. Un varapalo para el «protector» que el «protegido» no quiere, como son Bustinduy y los enanos toreros, respectivamente.
Pero el ministro Bustinduy, una suerte de Urtasun de los Derechos Sociales (quien gobierna al capricho de aprobar leyes que el pueblo no ha reclamado), no ha querido dejar que el asunto quedara así. El martes, varios años después, el Gobierno modificó el Reglamento de Espectáculos Taurinos por decreto:
«No quedará resquicio legal para permitir espectáculos en los que se realiza una mofa pública». Esto espetó el Ministerio de Bustinduy en un comunicado, haciendo alusión en concreto a las personas con enanismo.
La frase tiene el aire de la de Escarlata O'Hara en Lo que el viento se llevó: «A Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre», pero en vez de ser una afirmación personal mítica, una conjura, es una amenaza sectaria política.
Los enanos toreros no quieren dejar de ejercer su profesión, pero Bustinduy quiere prohibírselo con su totalitaria superioridad moral, cabe decir que también antitaurina, como la de Urtasun.
La ideología
Ni Bustinduy (ni Urtasun) saben nada de lo que siempre se ha conocido como el «bombero torero» y de sus profesionales. Le ciega el absolutismo de su particular «dignidad» ofendida, donde la ideología es superior al hombre, donde por la ideología el hombre se empequeñece hasta casi desaparecer.
Como los mismos Bustinduy y Urtasun, hombres desaparecidos (si es que alguna vez existieron) bajo su baño de alumbramiento (casi se diría como el de Aquiles en la laguna Estigia, la laguna del inframundo) y convertidos en seres políticos de aquellos de los que dijo Aldous Huxley: «Cuanto más siniestros son los deseos de un político, más pomposa, en general, se vuelve la nobleza de su lenguaje».
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