la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 14 de febrero de 2026

La guerra de Borja Jiménez / por Javier Lorenzo

'El órdago a muchos le ha parecido una irreverencia, cuando es un gesto de torero. En el fútbol haría correr ríos de tinta… La polvareda en el toreo duró poco. Al toreo, en plena efervescencia, en plena recuperación de públicos, sobre todo jóvenes, en las plazas, de novedades emergentes y con un nuevo panorama por descubrir pero alentador, le falta la guerra y el picante perdidos de la rivalidad en el ruedo.'

La guerra de Borja Jiménez

Por Javier Lorenzo
A los más conservadores les ha parecido una irreverencia el reto de Borja Jiménez a Roca Rey. A los sumisos del sistema también. Los hay que le han empezado a sacar defectos al torero de Espartinas con un ataque infundado, cuando no hizo más que defender su orgullo torero. Retar a una máxima figura como el peruano en Madrid y con la corrida de Victorino es un gesto mayor, venga o no con la herida abierta después de que el peruano jugara sus cartas para sacarlo de carteles estelares y ver también como le dieron máximo, y casi único, protagonismo en la gala de la presentación de una feria de la que él fue el triunfador y en la que ahora está anunciado con seis toros en solitario.

El órdago a muchos le ha parecido una irreverencia, cuando es un gesto de torero. En el fútbol haría correr ríos de tinta… La polvareda en el toreo duró poco. Al toreo, en plena efervescencia, en plena recuperación de públicos, sobre todo jóvenes, en las plazas, de novedades emergentes y con un nuevo panorama por descubrir pero alentador, le falta la guerra y el picante perdidos de la rivalidad en el ruedo. De los retos, de los egos heridos, de las ganas de batalla y de la competencia directa. Darle portazo a los abrazos y las palmaditas en la espalda. A los «mi principal rival soy yo». Pues no. El toreo pide competencia en el ruedo entre Roca y Luque, entre Roca y Borja. Entre todos. Roca se va quitando de encima a sus enemigos a base de distancia. El orgullo de torero también se gana tapando bocas en el ruedo, más allá de sus propios triunfos. El atisbo y el conato de rivalidad y mala hostia en la plaza del año pasado en aquel verano incandescente con Morante que estalló en El Puerto fue un claro ejemplo. El toreo trasladó fronteras, salió de la esfera taurina y era tema de conversación en la calle.

El órdago de Borja no ha sentado bien a los gerifaltes, igual que los gerifaltes no le sientan bien al toreo, con ese conformismo que adormece las pasiones y desencanta a los públicos. Dicen que fue una maniobra de Guerra… dicen que fue un órdago fuera de tono y lugar. Pero darnos muchos arrebatos de estos para sentir que la fiesta está viva y que hay toreros con carácter que quieren sacar al toreo de su letargo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario