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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 6 de febrero de 2026

El tirano obediente / por Carlos Esteban

«Sánchez es un tirano asqueroso y un traidor al pueblo de España», ha escrito (entre otros mensajes no menos encendidos) el hombre más rico del mundo, Elon Musk, en su propia red social.

El tirano obediente

Carlos Esteban
«Sánchez es un tirano asqueroso y un traidor al pueblo de España», ha escrito (entre otros mensajes no menos encendidos) el hombre más rico del mundo, Elon Musk, en su propia red social. Y observo así, con cierta suave desesperación, que uno de los personajes más influyentes de la escena planetaria ha caído en el mito que domina nuestra vida política nacional: el mito del «sanchismo».

Musk tiene sus propias razones empresariales para lamentar el último anuncio de Sánchez de limitar hasta la eliminación la libertad de expresión en las redes sociales, último reducto de verdades incómodas al poder. Pero la idea de que Sánchez sea un tirano freelance, un Nerón desatado, es comprobablemente ridícula.

Uno puede pensar lo que quiera de Maduro, de Xi Jinping, de Putin o del ayatolá Jamenei; puede ser un partidario fervoroso de cualquiera de estos líderes o un enemigo acérrimo. En cualquier caso, tiene que aceptar que en cada uno de ellos se da cierta independencia en el mando —en la tiranía, si así se quiere—, de un nadar contracorriente y un enfrentarse a una oposición poderosa y cierta en el plano internacional.

Lejos de ser un dictador excepcional, que elimina la libertad de su pueblo pero conserva la propia, Sánchez es un sátrapa, en su acepción primera de gobernador provincial dentro de un imperio. Lejos de ser rebelde a todo mandato ajeno, es dócil hasta el servilismo babeante de un gobernador nativo.

Y aquí es donde el tiempo nos juega una mala pasada psicológica. La prueba de que el hombre está llamado a la eternidad es lo mucho que le desconcierta el paso del tiempo, lo obstinadamente que se aferra a concepciones estables. Me refiero, en este caso, a la idea de Europa. Durante décadas, Europa, sí, se oponía al comunismo, pero no sólo ni especialmente. En nuestra mente —y, en menor medida, en la realidad— representaba un espacio de todo lo que valoramos: progreso, prosperidad, Estado de Derecho, libertades garantizadas, democracia limpia. Lo contrario a Europa como idea no era tanto la Unión Soviética como las repúblicas bananeras.

De ahí esa esperanza generalizada en que «Europa» (que es como llamamos a la Unión Europea) nos salvaría al fin de Sánchez si Sánchez llegaba demasiado lejos en sus desmanes totalitarios. ¿No se las estaba teniendo tiesas a Polonia y Hungría a costa de medidas que, nos decían, ponían en peligro la separación de poderes?

Pero los Cien Mil Hijos de San Luis no llegaban nunca, al contrario: las sonrisas de Von der Leyen hacia Sánchez se ensanchaban como las del gato de Cheshire con cada nuevo desmán; incluso elegía como mano derecha en la Comisión a la responsable política de la devastación en Valencia. ¿Quién va a poner en Europa el grito en el cielo por lo que propone Sánchez si es el proyecto explícito de todos ellos controlar el relato en las redes, como dejó meridianamente claro Úrsula Gertrudis ante el Foro Económico Mundial? ¿Gran Bretaña, que multiplica por diez el número de arrestados por mensajes en redes sociales «impropios» de la Rusia del «autócrata» Putin? ¿Alemania, que detiene de madrugada a jubilados que protestan en X contra la política migratoria de puertas abiertas? ¿Francia, que ha asaltado con fuerzas policiales la sede de X en el país como si fuera un narcopiso?

Desengañémonos: no hay «sanchismo», esa estúpida etiqueta es una consigna que puede tener cierto tirón electoral entre los que no quieren ver, entre los que no se asoman para advertir cuánto ha cambiado el cuento en nuestro mundo. No lo hay, porque Sánchez sólo tiene un norte fijo, mantenerse en el poder. Y sabe que para eso tiene que obedecer ciegamente órdenes que llegan de fuera, que reciben asimismo otros líderes europeos, aunque eso le convierta en carcelero de su propio pueblo.

La Gaceta de la Iberosfera

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