'..A esos agraciados terroristas hay que añadir el de Garikoitz Aspiazu Rubina, alias Txeroki, que a partir de ahora podrá salir de la cárcel de la cárcel de Martutene durante el día de lunes a viernes. Condenado en 2011 a 377 años de prisión, Txeroki podrá pasearse por las calles vascas para trabajar o cumplir labores de voluntariado..'
La saca etarra
Iván Vélez
En 2021, Pedro Sánchez transfirió a la Comunidad Autónoma Vasca las competencias de prisiones. La medida, todos lo sabíamos, iba encaminada a favorecer a los etarras que cumplían condena por delitos que, desde el chivatazo al coche bomba o el tiro en la nuca, se hicieron contra España. ETA, por más propaganda que remuevan los voceros sistémicos, siempre tuvo como razón de ser la mutilación de parte del territorio nacional. De la nación española.
La decisión de Sánchez sirvió para que, al cierre de 2025, 111 presos de ETA, obtuvieran el tercer grado, medida que ha sido revocada por la Fiscalía en 20 ocasiones. Entre los beneficiados figuran, Juan Carlos Iglesias Chouzas, alias Gadafi, miembro del Comando Vizcaya, al que se atribuye la autoría de al menos 15 asesinatos, y Ana Belén Egües, Dolores, autora del atentado cometido en la calle Platerías de Madrid en agosto de 2000, quejó siete heridos de gravedad. A esos agraciados terroristas hay que añadir el de Garikoitz Aspiazu Rubina, alias Txeroki, que a partir de ahora podrá salir de la cárcel de la cárcel de Martutene durante el día de lunes a viernes. Condenado en 2011 a 377 años de prisión, Txeroki podrá pasearse por las calles vascas para trabajar o cumplir labores de voluntariado. Ofertas no le van a faltar, pues la red filoetarra es frondosa y, a diferencia de lo que predica el Gobierno, no deja a nadie atrás.
Todas estas excarcelaciones han de conectarse con las manifestaciones hechas por Arnaldo Otegui, el Hombre de Paz zapateriano, en octubre de 2021, cuando dijo: «Si para sacar a los 200 presos hay que votar los Presupuestos, pues votamos». EH Bildu apoyó los presupuestos de 2021 y los de 2022, todavía en vigor, y es el socio más fiable de Sánchez. En ese tiempo, la saca de presos etarras no ha cesado. A su salida de la cárcel, la mayoría de ellos han sido recibidos como héroes, para escarnio de unas víctimas, con cuyas asociaciones nunca se ha reunido el yerno de Sabiniano Gómez desde su llegada a La Moncloa, acceso que debe, en gran medida, a los proetarras.
Disuelta el 3 de mayo de 2018, ETA ha sido un factor decisivo en la construcción nacional vasca. Ha sido, también, el sangriento centinela del cupo con el que España sostiene el privilegio vasco. La conjugación entre el PNV y la banda surgida en el entorno de sus jóvenes se evidenció en 1981, cuando, con su habitual tono jesuítico, Arzallus dijo a los del hacha y la serpiente: «Nosotros vamos a hacer campaña contra la LOAPA; ya sabéis qué os toca a vosotros». No hicieron falta más precisiones. Casi medio siglo después, el cupo, rebautizado por Mikel Buesa como el «pufo vasco», mantiene el bienestar de aquellos que no hubieron de dejar su tierra o de los que, como su hermano, el socialista Fernando Buesa, cayeron abatidos por la acción criminal de los compañeros de Txeroki.
Después de, como dijo Pilar Ruiz, madre de otro socialista asesinado por la banda, a Patxi López, congelar la sangre de muchos de sus militantes, el PSOE se dispone ahora a rendir un nuevo servicio a ETA: su borrado de la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea. «ETA no existe», afirman quienes fantasean combatir el franquismo, el fascismo y otros ismos a la medida de una agenda memorística que impone una amnesia sobre las acciones de criminales que, como Txeroki, se pasean entre nosotros.

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