Con casi seis meses de anticipación, Istres anuncia el “homenaje de Francia” a César Rincón. Será su cuarto festival desde la reaparición, el 12 de octubre pasado en Las Ventas, cuando a plaza llena desorejó el novillo de Garcigrande.
Festivales
Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro.com / Cali, Colombia, 2 II 2026
Hazaña que abrió la puerta para los nostálgicos reencuentros con la afición de su país; diciembre Cali, enero Manizales. Festivales más concurridos que las corridas de toros, pero en los que su espada, otrora tan certera, le impidió refrendar, ambas veces, el triunfo de Madrid.
Porque lo había justificado con esa tauromaquia sobre la cual erigió su leyenda y que volvió con él como si no se hubiese ido nunca. Ahora en festejos menores, claro. No con el toro de aquellos días, los más gloriosos de la hoy terminal tauromaquia colombiana. Aquellos desaforados ochenta y noventa, cuando tantas cosas ocurrieron…
No con Santaneritos, Bastonitos, Alentejos…, por supuesto. Pero en contrapartida, dando la ventaja de sus sesenta años, sus dos décadas de retiro, y el alternar con figuras en plena vigencia. Y así, otra vez, la recia, sabia y bella lidia. El sitio, la distancia, la jurisdicción, el embroque, la verdad. La pequeña y bravía planta de torero grande. El resolver lo posible y lo imposible. La vergüenza, el tesón y la emoción...
Nuevamente su manera, marca de una época, frente a nuevos públicos. Los “millennials”, que fueron a verle porque no le habían visto, y los viejos que fuimos a verle porque no habíamos olvidado haberle visto. Unos a descubrir, otros a revivir. Y ambos conmovidos. Aunque los de ahora, me parecieran, más por el personaje que por los hechos, más por el ídolo que por el toreo, más por el héroe que por el heroísmo.
Onda qué por acá no alcanzó a los palcos, los cuales le negaron la segunda oreja en una ocasión, y le soplaron los tres avisos con ferroviaria relojería en la otra. Bueno, así pasa.
De todas formas. Parafraseando a Bukowski. “Los escritores famosos son como los presidentes: las masas les votan porque se ven reflejadas en ellos”. Igual con los toreros. Pero las masas cambian de tiempo en tiempo, y cuando una y otra vez continúan votando al mismo, (escritor o torero), terminan por ascenderlo de famoso, a clásico.
Esa es la esencia de los festivales, reconectar la tradición, mantener el hilo de la historia, comprobar que somos nuestro pasado. Bienvenido este cuarto de César. ¿Habrá más? ¿Por qué no? ¿Cuántas veces no reabrimos El Quijote…, o al menos el álbum familiar?

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