'..La ruptura del supuesto pacto por parte de Ramón Valencia y Toño Matilla, al presentarse al concurso, certifica una vez más el diagnóstico: en el sector taurino cada cual va a lo suyo. Los intereses particulares se imponen al bien común..'
CAPOTAZO LARGO
Unidos por la desunión
Carlos Bueno
Se cumplen diez años sin que Xátiva celebre su tradicional feria de agosto. Una década larga de silencio en una plaza que fue punto de encuentro, rito estival y latido cultural de la ciudad. En 2016, el equipo de gobierno socialista encabezado por Roger Cerdá decretó el veto a cualquier celebración taurina, incluso rechazando ayudas para rehabilitar el coso y condenándolo al cierre. Lejos de rectificar, hoy da un paso más en la misma dirección y ni siquiera permite que los profesionales de la zona entrenen en su ruedo. El abandono ya no es sólo físico, es simbólico, patente y prepotente.
No es un caso aislado. En Carcaixent, la alcaldesa Carolina Almiñana Lledó, del Partido Popular, se niega a conceder permiso a la asociación taurina local para recuperar los festejos, pese a contar con el visto bueno de la Generalitat Valenciana y sin coste alguno para las arcas municipales, ya que todo lo asumiría la propia entidad organizadora. La paradoja es sangrante: administraciones de distinto signo político, mismo resultado. Y el aficionado, desamparado.
Mientras tanto, en Zaragoza se cuece otro frente que retrata el estado de la cuestión. La Diputación de Zaragoza, presidida por el socialista Juan Antonio Sánchez Quero, ha sacado un pliego para el arrendamiento de la plaza de toros de La Misericordia que, en la práctica, estrecha el cerco a las empresas de primer nivel, impone un canon al alza y obliga a presentar la Feria del Pilar en febrero. Un calendario que condiciona la confección de carteles y puede terminar perjudicando los derechos del espectador, al cerrar la puerta a triunfadores de la temporada a quienes el público desearía ver.
¿Quién defiende al aficionado? La respuesta, por incómoda que resulte, parece clara: nadie. En Xàtiva y Carcaixent, como en tantos otros municipios, el mensaje implícito es “sálvese quien pueda”. Y del lado profesional, la esperanza de una defensa común se revela como una quimera. El sector ha vuelto a demostrar que ni siquiera es capaz de sostener un frente mínimo cuando el marco administrativo aprieta. La intentona de unidad tras el recurso interpuesto contra la Diputación maña por Rafael García Garrido en nombre de Nautalia, secundado por la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos con la amenaza de un plante general, se ha desinflado a la primera de cambio.
La ruptura del supuesto pacto por parte de Ramón Valencia y Toño Matilla, al presentarse al concurso, certifica una vez más el diagnóstico: en el sector taurino cada cual va a lo suyo. Los intereses particulares se imponen al bien común, y el aficionado, que es quien pasa por taquilla y sostiene el tinglado, queda relegado al papel de pagafantas del sistema, un insignificante y accesorio actor secundario en una función que se monta con su dinero pero sin contar con su voz.
El desenlace es previsible, y la puja de Zaragoza la ganará quien más dinero oferte, quien más pague y quien más tendrá que repercutir el sobrecoste del remate de la subasta en las entradas. Y, además, se verá obligado a cerrar los carteles de octubre con ocho meses de antelación, amputando la emoción de una temporada viva, con sorpresas y nombres que emergen. En Xàtiva y Carcaixent, mientras tanto, a quien le pique que se rasque. Son decisiones políticas unidas a las consecuencias de contar con un sector profesional incapaz de articular una respuesta sólida. Cosas que, lamentablemente, sólo parecen ocurrir en los toros.
PD: En el último momento también se presentó a la licitación por Zaragoza la empresa Tauroemoción. Sólo dos candidatos para una plaza tan importante, lo que evidencia el gran desacuerdo del sistema con las condiciones del concurso y, a la vez, la falta de unidad del sector.

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