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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 25 de julio de 2026

Diego Ramos: «Un cartel taurino debe invitar al espectador a entrar en la plaza antes incluso de leer los nombres del cartel»

El pintor Diego Ramos. / Casa Lozano

El artista colombiano afincado en Francia, uno de los grandes referentes de la pintura taurina contemporánea, firma la imagen oficial de la Feria Taurina 2026


«Un cartel taurino debe invitar al espectador a entrar en la plaza antes incluso de leer los nombres del cartel»

El pintor colombiano afincado en Francia Diego Ramos, uno de los grandes referentes de la pintura taurina contemporánea, firma la imagen oficial de la Feria Taurina de la Peregrina 2026, una obra protagonizada por Andrés Roca Rey en la que busca transmitir la pureza, la energía y la emoción del toreo. Tras más de dos décadas realizando carteles para la empresa Lozano, Diego Ramos habla de pintura, de inspiración, de la evolución de su obra y del valor cultural que sigue teniendo la tauromaquia.

Este año vuelve a firmar el cartel anunciador de la Feria de la Peregrina. ¿Qué supone para usted recibir este encargo?

Siempre es un honor pintar una feria, pero hacerlo para Pontevedra tiene un significado especial. Llevo más de veinte años colaborando con la empresa Lozano y siempre han concedido una enorme importancia a la imagen de sus ferias. Son muy sensibles con el aspecto artístico del cartel y eso para un pintor es un privilegio. Además, trabajar para una feria del norte siempre me hace especial ilusión.

El protagonista de la obra es Andrés Roca Rey. ¿Cómo nace esa idea?

Fue una idea compartida con la empresa. En los últimos años habíamos trabajado mucho alrededor de la figura del torero clásico, de la torería más tradicional, y esta vez queríamos introducir un matiz diferente. Andrés representa fuerza, juventud, frescura y una manera muy personal de entender el toreo. Nos pareció una figura perfecta para dar ese pequeño giro sin perder la esencia de la tauromaquia.

¿Qué busca transmitir un cartel taurino?

Lo primero que debe hacer un cartel es llamar la atención. Tiene que conseguir que quien pase delante de él sienta curiosidad y quiera acercarse a la taquilla. Pero, además, debe transmitir la esencia del espectáculo. No hablo tanto de clasicismo como de pureza. En este caso hay un trincherazo muy limpio, muy sincero, que resume perfectamente esa idea. El cartel intenta condensar la emoción del toreo en una sola imagen.

Su pintura ha evolucionado mucho con el paso de los años. ¿Cómo definiría hoy su estilo?

Creo que mi pintura ha sido siempre una búsqueda constante. Cada etapa me ha llevado a otra distinta. Hoy la definiría como expresionista. Intento contar mucho con muy pocos elementos. Cada vez necesito menos trazos para expresar una emoción. Busco una pintura más libre, menos rígida, donde la pincelada tenga vida propia.

Sus obras están repartidas por numerosos países. ¿Dónde se encuentra actualmente la mayor parte de su trabajo?

España sigue siendo el lugar donde más obra tengo, pero también hay muchas piezas en México y en Estados Unidos. Nací en Colombia, viví muchos años en Madrid y llevo ya más de una década instalado en Francia. Todo eso hace que mi trabajo haya ido viajando conmigo y hoy pueda decir que está bastante repartido por el mundo.

¿Qué exposiciones han marcado especialmente su trayectoria?

Sin duda las de Madrid y Ciudad de México. Cada vez que expongo en Madrid siento que vuelvo a examinarme. Soy muy exigente conmigo mismo y preparo esas exposiciones durante años. Cuando terminan, siempre me dan energía para seguir pintando.

También ha participado en proyectos muy singulares, como la corrida goyesca de Arles.

Es una de las experiencias más bonitas que he vivido. Pintamos durante toda la noche el anfiteatro romano, prácticamente con una iluminación mínima y escuchando música clásica. Cuando amaneció y volvió el público, la plaza estaba llena por primera vez tras la pandemia. Ver aquella obra iluminada por el sol y rodeada de tanta gente fue una sensación difícil de explicar.

¿Cómo nace su relación con la tauromaquia?

Prácticamente nací dentro de ella. Mis padres eran sastres taurinos y en casa siempre hubo monteras, carteles, revistas, fotografías y conversaciones sobre toros. Desde muy pequeño conviví con toreros, ganaderos y aficionados. Cuando llegué a Madrid siendo muy joven, ese ambiente simplemente continuó formando parte de mi vida.

Mis padres eran sastres taurinos y en casa siempre hubo monteras, carteles, revistas, fotografías y conversaciones sobre toros. Desde muy pequeño conviví con toreros, ganaderos y aficionados

¿Recuerda su primera corrida?

Perfectamente. Tenía apenas tres años. Llovió muchísimo aquel día y toreaban Espartaco y El Niño de la Capea. Es uno de esos recuerdos infantiles que permanecen toda la vida.

¿Qué le inspira más: el toro o el torero?

El toro. Siempre digo que la fiesta se llama corrida de toros y no corrida de toreros. El toro representa fuerza, nobleza, energía. Desde las pinturas rupestres hasta hoy ha sido un símbolo artístico extraordinario. Me emociona pintarlo porque concentra una enorme carga visual y emocional.

Sin embargo, transmitir emoción no debe ser sencillo.

Es lo más difícil. Pintar puede pintar mucha gente. Lo complicado es emocionar. Si un cuadro no transmite algo, por muy bien ejecutado que esté, le falta lo más importante. Yo intento poner el corazón en cada obra.

En una sociedad tan acelerada, ¿la tauromaquia sigue siendo una fuente de inspiración? Más que nunca.

Vivimos rodeados de pantallas, de información inmediata, de prisas permanentes. La tauromaquia me obliga a detenerme, a observar, a mirar despacio. Me recuerda que todavía existen el esfuerzo, la paciencia, el silencio y la autenticidad.

Vivimos rodeados de pantallas, de información inmediata, de prisas permanentes. La tauromaquia me obliga a detenerme, a observar, a mirar despacio. Me recuerda que todavía existen el esfuerzo, la paciencia, el silencio y la autenticidad

Esa reflexión también alcanza, en cierta medida, a las nuevas generaciones.

Sí, aunque sin dramatizarlo. Muchos niños de hoy crecen en entornos completamente urbanos y tienen menos contacto directo con el campo y con los animales del que teníamos quienes crecimos hace unas décadas. No es una crítica, es simplemente una realidad social diferente. Quizá por eso el toro bravo sigue teniendo también un valor cultural: nos recuerda un mundo que existe y que forma parte de nuestra historia, aunque muchos ya no convivan con él de manera cotidiana.

¿Cree que la pintura y la tauromaquia siguen teniendo futuro entre los jóvenes?

Soy optimista. Veo muchos jóvenes en las plazas y también mucho interés en redes sociales. Figuras como Morante o Roca Rey han acercado a mucha gente nueva al toreo. Siempre hará falta una mayor difusión, pero creo que existe una generación joven con auténtica curiosidad por descubrir este mundo.

Cuando el aficionado vea el cartel de Pontevedra, ¿qué le gustaría que sintiera?

Ojalá, cuando termine la feria, ese cartel le recuerde una gran edición de la Peregrina. Al final, el cartel es la imagen de la feria, pero quien realmente le da valor son los toreros, los ganaderos y lo que sucede en el ruedo. Si dentro de unos años alguien lo guarda porque le recuerda una feria histórica, entonces sentiré que el trabajo ha merecido la pena.

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