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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 24 de julio de 2026

Valencia.- Como el arpa de Bécquer / por Paco Delgado


'..La estructura actual -rígida y poco flexible- del negocio taurino,  manejado por unas muy pocas manos que controlan casi el total de plazas y ferias, quiere que haya un circuito que sólo se recorra una vez por temporada y facilite sus intereses. Además, han sabido inocular en el subconsciente colectivo del aficionado la especie de que este mes es especialmente complicado para montar corridas en Valencia..'

Viento de Levante
Como el arpa de Bécquer

Por Paco Delgado
Se acaba de consumir un nuevo capítulo de la feria de julio de Valencia, en su momento la más importante del calendario y modelo de todas cuantas vinieron después. Pero... los tiempos cambian, los intereses mudan y, al final, nada queda, que ya cantase Machado y, antes, explicase, con aguas y ríos, Heráclito. Lo que fuese gran acontecimiento valenciano tiene un horizonte oscuro y nada claro.

Al margen de lo sucedido en el ruedo, entre toros y toreros, la problemática de este evento sigue dando que hablar, escribir y debatir. Desde luego, su futuro no es halagüeño y está por ver en qué queda. El nuevo pliego de condiciones que regirá la concesión de la plaza para los próximos años dejará no pocas claves para el devenir de este serial.

Esta cuestión, sin embargo, no es nueva y ya hace tiempo que el taurinismo no ve con buenos ojos el tener que pasar por el coso de Monleón una vez consumidas las fallas, por lo que todo son pegas, inconvenientes y excusas para dejar de lado lo que también se llamó feria de San Jaime.

Ya hace años que se recortó su extensión y rebajó el listón de su contenido en calidad, contenido y exigencia, pero todavía sigue pareciendo que un ciclo con cuatro funciones es algo exagerado para la ciudad del Turia en verano. Y se cuenta que su ideal sería dejar en julio un único festejo testimonial, un recuerdo de lo que fue pompa y esplendor y que ahora, como el arpa de Bécquer, se ve en el ángulo oscuro, de su dueño olvidada, silenciosa y cubierta de polvo...

La estructura actual -rígida y poco flexible- del negocio taurino,  manejado por unas muy pocas manos que controlan casi el total de plazas y ferias, quiere que haya un circuito que sólo se recorra una vez por temporada y facilite sus intereses. Además, han sabido inocular en el subconsciente colectivo del aficionado la especie de que este mes es especialmente complicado para montar corridas en Valencia. Que si hace mucho calor, que si la playa tira más que la plaza, que si da mucha pereza dejar el aire acondicionado del apartamento para ir a sentarse a un tendido abrasado por el sol durante todo el día...Deportes con animales

Pero calor ya se soportaba cuando hace siglo y medio se montó la feria para dar lustre y publicidad en beneficio de la ciudad. Y el termómetro marcaba muchos grados cuando el automóvil era ya cosa común en los valencianos. Y no bajaba la temperatura sesenta años atrás con el modelo vacacional ya basado en la playa y el apartamento. Y se seguían dando siete, ocho, nueve o diez festejos y la gente iba. Claro que además de los toros había otra línea de ocio amplia y diversa que mantenía a la gente en casa hasta terminar la feria. Y una oferta taurina en la que estaban todas las figuras y los que aspiraban. Y toros que tenían su interés entre los aficionados, otra categoría en extinción, por cierto...

Quejarse es fácil. Y gratis. Pero buscar soluciones que revitalicen este acontecimiento, ahora mustio y marchito, ya cuesta más trabajo. E inversión.  No basta con que los abonados digan que quieren más y mejor. Las instituciones tienen que arremangarse y echar su cuarto a espadas si de verdad se quiere reverdecer laureles. Santander, ahora en pleno apogeo, hace no tanto se limitaba a un festejo para el día de Santiago, pero la apuesta decidida y firme de su Ayuntamiento hizo que, hoy, sea un abono importante y sólido.

Ese es el ejemplo. La Diputación debe, si de verdad se quiere levantar este ciclo, tomar cartas en el asunto pero muy en serio. Y no sola, sino coordinándose con el Ayuntamiento. Con Renfe, con la que no cuesta nada hablar y, como ya se hizo, negociar más trenes para gente que venga y vuelva. Con FGV, para lo mismo. No estaría de más contratar a un buen equipo de marketing y comercial que venda la feria como lo que es, un gran espectáculo... en fin, si se quiere, como en cualquier orden de la vida, se puede. Ahora, si lo que se pretende es que las cosas se arreglen solas, o, peor, si se deja todo su aire, pues, eso, esto acabará como el arpa de Bécquer.

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