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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 13 de julio de 2026

Respeto a quien se juega la vida / por Francisca García


'..Lo peor es en las plazas que no guardan unos minutos de descanso en la corrida. es decir, cuando el tradicional ágape se hace mientras el torero de turno lidia al cuarto astado, lo que no deja de ser una falta de respeto al diestro del que apenas se tiene en cuenta su labor..'

Respeto a quien se juega la vida

Francisca García
Entiendo la Fiesta de los Toros como algo mucho más que una ocasión de divertimento. Siendo un evento social que concita a un buen número de personas entorno a un espectáculo, tiene mucho de manifestación artística. Las corridas de toros las siento como un espectáculo escénico, siempre igual y siempre distinto porque los protagonistas nunca son iguales, y porque siempre está presente el azar, que dirime el final de la representación.

En todo caso es un evento social con capacidad para conectar el arte, el riesgo y la tragedia, lejos de ser las corridas de toros, solo reunión de personas que comparten tiempo y espacio con intención de divertirse.

A los toros, a la gran Fiesta Nacional, se va a disfrutar con las emociones que podamos sentir. 

Emociones de índole artístico, sería lo deseable pero no siempre es así. Cuando seva a contemplar una  ópera que guarda una gran fuerza dramática, pongo por caso, si nos ha complacido la representación, saldremos emocionados o admirando a tal o cual intérprete.

Los toros es un ritual que tienen mucho de arte escénico, de drama, con un resultado final indeterminado dentro del juego de posibilidades; inteligencia, estética y dominio para dominar a una fiera. Qué menos que ser respetuosos con los oficiantes de la fiesta "más culta del mundo" (García Lorca) considerada Patrimonio Cultural e Histórico.

Y al hilo de esto, creo que merece un comentario especial el conportamiento de muchos públicos que tienen establecido como acto prioritario y central de su asistencia a las corridas, el hecho de considerar ocasión ideal para socializar, para relacionarse, para compartir con los amigos, las Peñas, los compañeros de bancada un determinado momento: el momento de la merienda.

La merienda, en algunas plazas de toros, durante la celebración de la corrida, constituye por tradición un momento especial, tanto social como gastronómico, el "plato fuerte" de la tarde. Detrás del tercer toro, se despliega "mesa y mantel" por todo el graderío para repartirse viandas, bebidas, comentarios y, en fin, el gran momento. Y hay plazas de toros, bastantes, que establecen media hora de descanso para que "el respetable" dé buena cuenta de lo primorosamente preparado en la cocina. Hasta ahí, vale, aunque sea, seguramente, un perjuicio para los toreros pues asumiendo que la mitad de astados están esperando en los chiqueros, vuelven a tensionarse tal vez pensando dónde habrá quedado el interés de los espectadores durante la digestión de tan pantagruélica merienda. Lo peor es en las plazas que no guardan unos minutos de descanso en la corrida. es decir, cuando el tradicional ágape se hace mientras el torero de turno lidia al cuarto astado, lo que no deja de ser una falta de respeto al diestro del que apenas se tiene en cuenta su labor, distraída entre bocado y bocado y el pasar de la bota o del vaso de vino.

Almería, Pamplona, Granada, Algeciras, entre otras, no perdonan ese tiempo de gastronomía y asueto y tienen establecido su tiempo, cercano a la media hora, interrumpiéndose la corrida. Hay plazas, sin embargo, como la de Burgos, donde los espectadores abren sus neveras, sus cacerolas de guisos insospechados y sus embutidos, cuando comienza a lidiarse el cuarto de la tarde. Resultados: que el primer espada que ha de torear al cuarto de la tarde, está destinado siempre a salir perjudicado. Y eso es así, existiendo datos que lo corroboran.

Morante de la Puebla, seguramente altamente informado, el año pasado en la fiesta de San Juan, abriendo cartel en la ciudad del Cid, y por tanto, siendo el director de lidia obligó arrastrado el tercer toro, a rastrear el ruedo convenientemente, lo que le llevó a los areneros, a instancias del diestro, a emplear media hora en la tarea, con lo que, cuando aquellos terminaron, los satisfechos (por la merienda) aficionados burgaleses, habían plegado ya sus servilletas y se prestaban a hacer caso a que saliera el cuarto de la tarde. El de la Puebla, este año, que también toreó en la feria de Burgos hizo exactamente lo mismo que el año anterior, lo que es plausible, poniendo así en entredicho que ver los toros con el bocado en la boca no es de respeto hacia quien se está jugando la vida y algo parecido podría pensarse de quienes no paran de comer pipas.

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