la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 25 de febrero de 2010

TAUROMAQUIA DE VITERI / Por Oswaldo Viteri

Autorretrato

TAUROMAQUIA DE VITERI

Por Osvaldo Viteri (1)

Quito-Ecuador

Desde niño tuve la experiencia de la entrañable Fiesta de los Toros. Entrañable, por que siendo ésta la fiesta española, es también nuestra, porque en América Hispana lo español es parte de nosotros mismos.

Para mí la Fiesta de los Toros no es solamente el oropel con que ella se viste, sino sustancialmente el blanco y negro, la vida y la muerte, el sol y la sombra, lo serio , lo profundo; eso, que tiene parentesco con el cante jondo, que surge de las entrañas mismas de los pueblos. En España y en América se manifiesta en el andar silencioso del torero, que se aproxima a la ventana de la muerte, para mirarla de frente, en los ojos, en las astas y el pelaje negro de ese incomparable y bellísimo animal, el toro de lidia.

Cuando pienso y cuando vivo la Fiesta de los Toros, me remito irremediablemente a ese claro – oscuro de Goya, ese monstruo del arte universal que en su iluminada pupila reflejó con claridad absoluta lo más profundo del pueblo español.

A más de las diferentes facetas que él las tocó magistralmente, la Fiesta de los Toros, de la que él fue además de cierta manera protagonista, es extraordinaria, por que solo así podría expresar con tanta maestría esta dramática y profunda fiesta popular, por otro lado tan controvertida. Es que esa parte, esa faceta española que llegó a nosotros y se clavó profundamente, con todo ese misterio, con todo ese duende, con toda esa desmesura, que es capaz España y América, fundiéndose con nuestro sol que nos cae vertical en la mitad del mundo, para iluminar las plazas de nuestros pueblos.

Desmesurada es la cultura de los pueblos de América, por que tiene cimiente profunda y es capaz de aplaudir la corrida de toros en la luna; yo mismo la he visto cuando en noche febril tomando solo un pañuelo, la miraba mientras el asta de un toro rosaba el latido de un corazón enardecido.

El duende existe también en ésta nuestra América, en este realismo mágico de luces y de sombras, de soles y de lunas. En el páramo andino he sido testigo a media noche de ver fosforescentes osamentas iluminadas por las nieves perpetuas. De hielos y de soles esta hecho nuestro corazón que es capaz de amar y de sufrir ferozmente.

Sin embargo, en los plácidos valles verdes, “verde que te quiero verde”, he visto a ese bellísimo animal, el negrísimo toro de lidia con su altanera estampa custodiando a las ganaderías, majestad y rito sombrío de una fiesta, de la cual el su principal protagonista es dueño y señor de la plaza.

El toro bravo cruzó el océano con alas y cornamenta para beber sediento el agua purísima de los deshielos. De fuego y de hielo estás hecho su corazón de silencio.

Pero era necesario en éste paisaje dramático de claro - oscuro, de luces y de sombras que me he atrevido a pintar, porque el mundo del toro es una cosa que la llevo adentro, aparezca desde la penumbra del patio de cuadrillas, ese personaje insólito, suficientemente loco, brillantemente cuerdo, que es el Torero. ¿De qué raíces profundas viene ese misterio, de qué honduras proviene su viril arrogancia, de dónde viene esa postura entrañable, sino de la sustancia misma de los pueblos?, éstas que cuando llega la hora del festejo sacan su poncho y su sombrero.

Torero de a pie y de a caballo, bellas estampas, arte supremo, que haciéndole el quite al toro negro se busca paso a paso en la plaza redonda de la luna o en la plaza cuadrada de los pueblos.

Goya, Picasso, Carnicero, maestros grandes de la tauromaquia han hecho obras maestras surgidas de su profunda visión por la más grande de las fiestas. En América le ha tocado a Botero con su enorme afición torera, con su gran carga de sabia ironía y humor paisa realizar serie dedicada a la maja, al picador y al torero.

En lo que a mi respecta, solo he jugado con el negro, pincel en mano he toreado en plazas y plazas y seguiré toreando con el capote del papel en blanco, hasta cuando mi pulso sea capaz de sostener el aire, ya que como alguna vez le dije a mi amigo José Ortega Cano, “cuando pinto toreo”.
Oswaldo Viteri






Oswaldo en su barrera de Iñaquito
Feria de "Jesús del Gran Poder" - 2009
(1)
Viteri es "Socio de Honor" del Círculo Taurino Amigos de la Dinastía Bienvenida.
Cada año dona obra propia que constituye el Trofeo "Papa Negro" para el Festival Virgen de la Esperanza de la Plaza de "Belmonte" de Quito.
El universal Oswaldo Viteri, pintor y escultor ecuatoriano, nació en Ambato, provincia de Tungurahua, Ecuador, en 1931.
Artista neofigurativo, ampliamente reconocido por su trabajo de ensamblajes, aunque su obra abarca también la pintura, el dibujo, los grabados y los mosaicos.
Comenzó su educación como estudiante de Arquitectura en la
Universidad Central del Ecuador, en Quito, en 1951.
Durante la década de 1960, se centró en la pintura y estudió Antropología y Folklore.
En
1966, se graduó en Arquitectura y fue nombrado director del Instituto Ecuatoriano de Folklore.