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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 18 de marzo de 2016

8ª de Fallas en Valencia. Aunque salieron a hombros, la única buena faena la hizo El Juli en su duelo con López Simón / por J.A. del Moral



"...Y es que se palpó en el ambiente el recuerdo inevitable del grandioso suceso que había protagonizado un día antes el espada Limeño. Ese enorme tsunami que ayer, ni El Juli y, aún menos, López Simón..."


Aunque salieron a hombros, la única buena faena la hizo El Juli en su duelo con López Simón 


Valencia,18/03/2016.- Plaza de la calle Xátiva. Viernes 18 de marzo de 2016. Octava de feria. Tarde nublada y fría con casi lleno.
Siete toros de Garcigrande-Domingo Hernández incluido el sobrero que reemplazó al cuarto, devuelto por inválido. Bien presentados y de similar juego en muy pobres primeros tercios, casi todos pasaron a banderillas sin ser picados formalmente por su escasa fuerza y al final sacaron nobleza limitada según sus fuerzas. Por más duraderos destacaron el sobrero que hizo cuarto, el quinto que fue el que embistió con más vibración y el docilísimo sexto que pareció un carretón. 

El Juli (nazareno y oro): Pinchazo y estocada trasera, petición insuficiente y ovación. Estocada muy trasera, oreja. Pinchazo, otro hondo y descabello, oreja.
Alberto López Simón (añil y oro): Buena estocada de rápidos efectos, oreja. Pinchazo recibiendo y estocada muy delantera, aviso y oreja. Estocada, ligera petición y ovación.

Mucha cantidad y poca calidad por lo que respecta a lo hecho por El Juli y López Simón frente a una corrida demasiado blanda y en gran parte fácil con muy poco poder y escasa trasmisión.

Ayer se trabajó a destajo, tanto El juli como López Simón, en busca de superarse en trofeos. Dos cortaron cada uno y hasta pudieron ser más porque el público se mostró dispuesto a darlas como fuera, incluso tras estocadas defectuosas. Como las que recetó El Juli que ayer falló más de la cuenta con la tizona. Pero salvo la oreja que cortó Julián al quinto toro tras una buena y completa faena de su proverbial y magistral cosecha, precedida de un soberbio, vistosísimo y celebradísimo quite por zapopinas como enrabietada réplica al bastante peor que había hecho en su turno López Simón, los demás trofeos concedidos carecieron de verdadera importancia.


El ya veterano maestro, que hasta ese momento culminante del festejo gracias al relatado quite, había pasado el trance como si la competición no fuera con él pese a ser anunciada a bombo y plantillo como segundo duelo en la cumbre de la feria, se puso a torear muy en serio sobre ambas manos y aunque falló a espadas – habría cortado dos legítimas orejas si hubiera acertado – dejó en todo lo alto su pabellón de gran figura.

Las dos labores anteriores de El Juli a la que acabamos de calificar muy positivamente, no pasaron de vulgares, destempladas y olvidables. Cabe destacar, sin embargo, la valiente reacción que tuvo Julián tras ser alcanzado y lanzado a la arena cuando el tercer toro le tiró un viaje al hombro. Volvió a la cara del animal con intenciones de comérselo vivo pero lo que hizo fue seguir pegando pases sin temple ni mando que, no obstante, fueron jaleados por la mayoría del personal asistente como si fueran el no va más.

La primera faena de El juli con el toro que abrió plaza resultó excesivamente desigual. Momentos corrientes junto a otros buenos compuestos sin unidad de acción ni plan ni concierto definido.

Y ahora vamos con lo hecho con el otro nuevo fenómeno del momento, Alberto López Simón, que ayer salió a darlo todo como era natural y aunque, todo lo dio, terminó hartando a la gente con una faena de larguísimo metraje frente al bobalicón y último toro de la tarde. Decenas y más decenas de pases pegó sobre ambas manos sin alma ni sentimiento alguno. Como si en vez de torear estuviera fabricando esos churros comerciales que venden congelados en las grandes superficies. Apenas unos pocos pidieron la oreja tras matar a la primera.

Antes sí que enardeció un tanto preconcebidamente a los que creyeron que iban a encontrarse con alguien fuera de serie. Pero no. Su actuación tanto con el capote, que prodigo en sucesivos quites sin perdonar ni uno, como posteriormente con la muleta, resultó en su conjunto vulgar y corriente aunque entusiasta y muy valerosa. López Simón abusó ayer hasta lo indecible del toreo de rodillas, quizá llevado de lo que hizo en la tarde anterior Roca Rey.

Y es que se palpó en el ambiente el recuerdo inevitable del grandioso suceso que había protagonizado un día antes el espada Limeño. Ese enorme tsunami que ayer, ni El Juli y, aún menos, López Simón.