
'..Muy brillante en banderillas, eficaz y con mucho conocimiento en la brega para conducir la embestida del toro, tratando de corregirla si ese es el caso y porque su esbelta figura da ese plus que aporta, además de la justa ejecución, la armonía, que siempre es de agradecer..'
IVÁN GARCÍA GÓMEZ TORERO DE PLATA PURA
Ágil, solo, alegre
sin perder la línea...
Los famosos versos de Manuel Machado rondan en mi cabeza cuando veo a Iván García, el torero de plata de Madrid, tomar los rehiletes y plantándose en el centro del ruedo, llamar al toro, para regalar cada tarde, como siempre que actúa, dos vibrantes momentos de gracia, de arte, de buen toreo a pecho descubierto. No es el único porque en el momento presente podríamos añadir al menos media docena de nombres que están prestigiando el arte de poner banderillas. Pero Iván García es especial. Es especial por su desmedida afición, por ser un buen profesional, por dar lo mejor en su cometido de subalterno. Muy brillante en banderillas, eficaz y con mucho conocimiento en la brega para conducir la embestida del toro, tratando de corregirla si ese es el caso y porque su esbelta figura da ese plus que aporta, además de la justa ejecución, la armonía, que siempre es de agradecer.
No olvido aquellos años tan nefastos en el transcurrir del tiempo de banderillas. La cuadrillas (algunas se salvaban) ofrecían con frecuencia un deprimente espectáculo, al punto que solía transcurrir esta parte de la lidia como un tiempo de mero trámite que no tenía importancia alguna. Todo era rutinario con mejor o peor fortuna pero solo una mera gestión que había que hacer y que a nadie interesaba demasiado. Esa era la impresión, pero no. En el fondo sí había aficionados que sentíamos que nos estaban robando el segundo tercio. Tercio que no solo puede desarrollarse con arte, sino que a veces es fundamental para que el matador aborde el último tramo de la lidia.
Trece temporadas de matador de toros cumplió Iván García Gómez que toreó mucho y bien, pero que no cumplieron las expectativas que esperaba. Esta es su décima temporada como torero de plata y aquí sí ha conquistado estar arriba del ranking de subalternos. Un torero que encuentra siempre toro. Que hace su toreo con sinceridad, con valor, con nobleza. Que da visibilidad y categoría al segundo tercio de la lidia y que es uno de los que pueden levantarlo y se deje de considerar mero trámite y a otra cosa. Por eso sus intervenciones son siempre aplaudidas con fuerza.
Creo que quienes tienen en sus manos el poder de levantar este momento de la corrida, los propios profesionales, los críticos, los buenos aficionados y especialmente quienes transmiten de viva voz las corridas de toros, deberían dedicar mayor atención al segundo tramo de la lidia y no, como hacen algunos de estos últimos, a dedicar esos momentos para hacer entrevistas o contar batallitas que poco tienen que ver con lo que en ese momento acontece en el ruedo. Si recibiera el tercio de banderillas mayor atención, los protagonistas se esforzarían más en entregarse con superior dedicación a su cometido.
El protagonismo que ha adquirido Ivan García, me recuerda al que tuvo aquel banderillero luso, Mario Coelho en la década de los 70. Encarnaba momentos de gloria en sus tardes. Hasta un pasodoble me sugirió su arte que se editó para Banda de Música. Torero, ya retirado, al que desgraciadamente se lo llevó el Covid-19.
Iván García después de su ritual persignándose tres veces en un rincón del túnel de cuadrilla sale a hacer el paseíllo, este año fijo en la cuadrilla de Pablo Aguado, aunque es torero que se suma también a otros matadores si hay ocasión.
Seráfico, etéreo, así parece el rubio banderillero de ojos claros que reclama expectación, ganada por su reputación. Aunque no haya música que acompañe, sus dos pares de banderillas son con seguridad dos minutos de esplendor en la arena de cualquier plaza en la que intervenga.
¡Qué salero!
Cógeme torillo fiero...como cantan las chufliyas de Rafael Alberti y como aconteció en la Maestranza el pasado sábado, donde hubo buenos momentos de los tres espadas y una oreja para Andrés Roca Rey, que en mi opinión debieron ser dos. pero nadie agitó el pañuelo después de una meritoria faena de buen lidiador en su primer toro, rematada con rotundidad. No solo debe premiarse lo hecho con ley a los toros boyantes, lo de Roca Rey con su primero mereció premio y no hubo ni saludos.
Francisca García
18 de Abril de 2026
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