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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 11 de mayo de 2026

PALCO 16 - 3ª SAN ISIDRO.- Ver llegar el toro / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Román y “Enarbolado”. Foto: Las Ventas

'..Tras los doblones iniciales tomados con codicia, galopó siete veces de largo, de muy largo, a la enterada y adelantada muleta del valenciano, que siete veces impertérrito le vio llegar a todo tren, embarcándolo en redondo..' 

Ver llegar el toro

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Madrid, 10 Mayo 2026
Qué frío, qué viento, qué sol, y qué plaza más dominguera. Casi llena en principio. Terminó miti miti, pese al todo bien, todo bien y no solo por razones térmicas, también emocionales. Demostrando que las palmas eran más protocolarias que viscerales, en los desertores. Exceptuando a los de siempre, claro, que se quedaron, pues en ellos la devoción por la protesta paga cualquier sacrificio, hasta el congelamiento si es necesario.

En ese marco, los ocho toros, seis de Mayalde y dos de Bohórquez (segundo y sexto bis), a sus anchas. Corrieron cuando quisieron, caminaron, trastabillaron, se cayeron, se echaron, embistieron, tardearon, los devolvieron, pero no se rajó ninguno. Formaron un conjunto dispar de alta romana, notable corpulencia y mucha leña. Más en contraste, casta y fuerza bajo límites. Abundaron sí en esa bonachonería que ahora llaman nobleza.

Cómo sería, que cuando el tercero cogió a Galván en un quite, más por ofrecimiento de la ocasión que por instinto, y lo tuvo indefenso, a merced en los medios, no lo remató como todos temimos, de puro amable, de puro perdonavidas. Afortunadamente. No hay mal que por bien no venga. El gaditano que había saludado en el soso primero, al que descabelló sin estoquearlo. Se había ganado la gente con su aguante y proximidad sobre todo en dos tandas naturales, más por eso que por la coherencia de su faena.

El porrazo fue duro, en la espalda y cuando trató de incorporarse las piernas no le sostuvieron, haciendo pensar en algo muy grave. Se lo llevaron, corrieron los turnos, y Román recibió cuarto al que, por sorteo, era el quinto. Y ahí fue la cosa.

Era bravo, el castaño cinqueño, de 540 kilos, el más leve de la corrida. Nada que anotar en el capeo de saludo. Pero al caballo de Francisco de Borja se le arrancó presto, de lejos y empujó las dos veces, yéndose arriba. Tras los doblones iniciales tomados con codicia, galopó siete veces de largo, de muy largo, a la enterada y adelantada muleta del valenciano, que siete veces impertérrito le vio llegar a todo tren, embarcándolo en redondo. Tres series por derecha y cuatro por la izquierda con sus broches, en las que la bravura del envite y la firmeza de las plantas prevalecían sobre cualquier glosa. Las Ventas entró en efervescencia, sincera. Hubiera sucedido también un jueves o un viernes, hay que decirlo. Todos a una.

Igualó el hombre, y recibiendo puso una estocada delantera y vertical, pero letal. La plaza se puso blanca y gritona. Su señoría don José Luis González González, aguantó hasta casi el enganche a las mulillas, probando los nervios de la multitud o quizá pensando en la imperfecta colocación de la espada, no se, pero cedió. Que no vengan a decirle nada ahora, pues en la pañolada y en la vuelta al ruedo con jolgorio y prendas, el siete y aledaños entraron entusiastas. Que no salgan después con cuentos. “Enarbolado” fue arrastrado como mereció, bajo una ovación de gala.

Luego la corrida entro en un marasmo largo y gélido que la llevó hasta las tres horas. Cuando ya había más cemento que gente a la vista, y la vibración de la emotiva faena de Román se perdía en el ocaso.

Caballero, gestual y ganoso, mató mal, muy mal sus dos toros. Al tercero con dos descolocados pinchazos, un aviso y cuatro golpes de cruceta sin haberlo estoqueado. Y al quinto, que debió ser sexto, tras otro aviso, le infirió un pinchazo y un bajonazo. Silenciado fue.

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