Feria de San Isidro I
Carlos Horacio Reyes Ibarra
México, 25 de Mayo de 2026
De acuerdo: es la primera plaza del mundo y su feria la más importante del año, y su voluble público, sus equipos veterinarios de cemento armado, y esa media docena de críticos con el cuchillo entre los dientes la mayor garantía de pureza jamás habida, conocida o documentada. Pero Madrid y San Isidro, ese mayo-junio a corrida diaria sin tregua para apenas respirar, son una prueba tan asfixiante que muy pocos toreros, ganaderos y aficionados consiguen pasarla sin serios daños a su autoestima y su salud mental.
Lo cual, bien visto, no deja de encerrar cierta forma de grandeza.
Así que hablaré por mí, que al menos tengo el resto de sensatez requerida para tomarme uno que otro día de descanso en medio de la vorágine, y ningún compromiso particular con este rito anual que más que fiesta parece tribunal, y donde más bravo es el “7” que la mayoría de los imponentes bicornes que los toriles arrojan al desmesurado ruedo de Las Ventas. Amén.
Ejemplares. Qué bueno, no obstante, que el delicado hilo de la casta brava no se rompa y siga proporcionándole a la isidrada especímenes del toro de lidia que son honra de su divisa y regalo impagable para nuestra afición. Ninguno, hasta ahora, como el ya célebre “Cantaor” –572 kilos de bravura, celo y nobleza infatigables de principio a fin--, enviado por Victoriano del Río para recreo y al cabo desazón de Sebastián Castella, que gracias a tan maravilloso ejemplar se reencontró con su público de Madrid… y con su añeja vocación de pinchaúvas. A diferencia de Talavante, que había vivido la misma clase de redención aprovechando la clase –que no la casta desbordante, extraordinaria y conmovedora de “Cantaor”—de un “Ganador”, de Cuvillo, con el que abrió la feria con esa puerta grande que el verduguillo iba a arrebatarle al francés. Aunque ambos astados fueron homenajeados con la vuelta al ruedo, en rigor sólo “Cantaor” la justificó con creces. Era toro de vacas, pero Madrid se prohíbe a sí misma la gracia del indulto.
Otros toros de alta nota fueron “Enarbolado”, de Mayalde (10.05: Román, oreja), “Encarcelado” y “Herrerillo”, los dos de El Torero desorejados por Fernando Adrián, sin olvidar la fijeza de “Vivaracho”, al que Fortes bordó con la izquierda esa misma tarde (15.05), así como la brava y variada corrida de Fuente Ymbro, espléndidamente presentada y con un tercero, “Adulador” sencillamente soberbio (17.05: Adrián lo dejó ir). De las novilladas, toreables ambas, mejor la de Fuente Ymbro que la de Montealto, aunque ésta le ofreciera un lote de puerta grande a Álvaro Serrano.
¿Es mucho o es poco? Salvando la calidad descomunal de “Cantaor” –versión sublime del auténtico toro de lidia--, el balance no coincide con el elevado promedio de calidad que acusaba la cabaña brava cuando se nos atravesó la pandemia de 2020. A cambio de los magníficos encierros de Fuente Ymbro y El Torero, y los ejemplares individuales ya mencionados, hay demasiada paja insustancial en el resto, con sextetos tan decepcionantes como los dos de La Quinta y los de El Vellosino, Partido de Resina, Saltillo, Puerto de San Lorenzo y Ventana del Puerto. O la corrida de Ángel Sánchez y Sánchez que rejonearon el sábado Cartagena, Ventura y Guillermo Hermoso de Mendoza. En la zona intermedia se situó Alcurrucén, con un encierro de cierta clase pero reservón y soso en general.
Puertas de diversos calibres y tamaños. Se preguntará el lector, a la vista de exiguo balance ganadero, cómo puede ser que la Puerta Grande de Madrid se haya abierto hasta en cuatro ocasiones durante los primeros quince días de San Isidro, dos en corridas de toros y otras dos en novillada. Interesante asunto, detrás del cual podría encontrarse la irrupción de una enorme y siempre bienvenida oleada de nuevos aficionados, ávidos de celebrar lo que el toreo tiene de fiesta sin reparar en sutilezas ni perderse en los matices y escrúpulos propios del aficionado experimentado y sagaz.
Para empezar, Alejandro Talavante se homenajea con una más de sus faenas marca Madrid –superior con la zurda que con la diestra--, desoreja por partida doble a un Cuvillo de entra y sal y consigue su séptima puerta grande en Las Ventas. Y con ello empezaron los desacuerdos, encabezados por esos críticos que llevan años interpelando al extremeño y, para no quedar descolocados, recurrieron como argumento a la exagerada docilidad de un animal cuya precipitada vuelta al ruedo se impugnó con razón, la misma que les faltó a los censores de la renovada apoteosis del diestro de Badajoz.
El caso de Fernando Adrián es digno de estudio. El hombre suma ya, en tres años, tres salidas en hombros de Las Ventas y sin embargo continúa marginado de las ferias –el 15 de mayo cumplía apenas su segundo contrato de la temporada--. Es torero valiente, no de aromas, y en sus faenas, marcadas por la quietud y la rapidez, el temple aparece y desaparece sin avisar. Paradójicamente, su labor más pulcra llegó en la segunda tarde, pero pesaría sobre ella la excepcional calidad de “Adulador”, de Fuente Ymbro, que al final se llevó una ovación más fuerte que la del matador. Algo semejante a lo acontecido con Castella y “Cantaor”, aunque hay que reconocer que el galo sí consiguió expresarse a plenitud a favor de aquella prodigiosa sucesión de embestidas así haya fracasado con el estoque de cruceta. No tanto, eso sí, como Pablo Aguado, incapaz de atinar con el descabello en penosa exhibición de las carencias técnicas más elementales. No sería el único pero sí el caso más extremo (19.05: tres avisos y toro al corral, aunque se le apuntillara en el ruedo), pues la mayoría de quienes tuvieron que recurrir al verduguillo exhibieron parecidas deficiencias.
De los dos novilleros que también abrieron la puerta de Madrid –ambos a oreja por utrero--, el que verdaderamente promete es Julio Norte (19.05), que aúna desparpajo personal, dominio técnico y notable sentido para dar estructura y argumento a sus faenas, todo eso que no se aprende y suele llevar lejos a quien lo posee. Porque el madrileño Álvaro Serrano (12.05) más parece egresado del tecnológico de Navas del Rey, división electromecánica: mucho valor y buena disposición al par que prisas y celeridad para mover las telas. Puestos a hacer futurismo no parece haber problemas para pronosticar cuál de los dos apunta más alto.
Faenas y apéndices. Sin duda, el toreo más caro visto hasta ahora lo dibujó con temple y sosiego modélicos la mano zurda del malagueño Fortes, que abandonó maltrecho la enfermería para dibujar los trazos más artísticos de la feria y cortarle una oreja a “Vivaracho”, de El Torero, tan noble como limitado de energías (15.05). Esa tarde, Urdiales trazó, a derecha e izquierda, unas cuantas estampas de arte genuino, en contraste con el enjundioso y enrabietado desempeño que le había permitido a Román desorejar a “Enarbolado”, de Mayalde, uno de los toros de la feria (10.05), tarde en la que David Galván, sin ganado a modo, dejó magníficos apuntes a cambio de un puntazo y par de costillas fracturadas y Gonzalo caballero, sin sitio, dejó inéditos a dos bichos más que propicios.
Mérito tuvo la oreja cobrada ayer por David de Miranda de su primer alcurrucén, en tarde que Víctor Hernández cerraría con una faena excelente aunque falta de la ligazón que exige Madrid; fieles representantes ambos de sus respectivas estirpes regionales, del litrismo David y del tomasismo Víctor. Y no asegundó Fortes, que se limitó a dejar algunos apuntes de calidad.
Una oreja cobraron en la sabatina Andy Cartagena y Diego Ventura –a ver si ahora Las Ventas va a resultar también rácana con los rejoneadores--, y un apéndice y una cornada marcaron el esperado debut del novillero catalán Mario Vilau, que traía tantas ganas que recibió a los dos suyos a porta gayola y se mostró valeroso y dispuesto en todo momento.
Sin triunfo pero muy por encima de cuatro morlacos imposibles –de La Quinta y El Vellosino-- Daniel Luque se mantuvo en la línea de fuego sin perder nunca la compostura, en tanto Ferrera daba una exhibición de recursos de buena ley ante “Capotero”, de Partido de Resina, el más potable del encierro más imponente del ciclo contra el cual se estrellaron el venezolano Colombo y el mexicano Ernesto Tapia “Calita”, muy lejos ambos de justificar su presencia en la cartelería de la mostra isidril.
En el extremo opuesto a Luque se ubican veteranos como El Cid, Perera, Manzanares y hasta Castella antes de “Cantaor”: si ya el paseíllo lo hacen con cara aburrida, qué puede esperarse de ellos sino más de lo mismo, sumado al vicio de alargar hasta el infinito sus trasteos de acuerdo con esa pésima moda a la que casi todos se acogen. Con la agravante que entre los aburridos y aburridores se encuentran hasta jóvenes como Tomás Rufo e incluso algún novillero.
Los nuevos. Confirmaron la alternativa Tristán Barroso (08.05) y Manuel Diosleguarde (16.05) y ambos, aun toreando muy poco, dejaron buena impresión, sobre todo el segundo, que se fajó como los buenos ante dos bovinos de La Quinta con mucho que torear.
Mexicanos. Descontando la presentación de Calita –tan fútil como la mansada de Partido de Resina que en mala hora se le asignó--, San Isidro recibirá esta semana al resto de la delegación taurina de México. Mañana, presentación de Emiliano Osornio, el novillero nuestro más interesante de los últimos años, alternando con Pedro Montaldo y Julio Méndez, utreros del Conde de Mayalde; el miércoles, Isaac Fonseca encabeza un cartel modesto –José Fernando Molina y Jarocho lo completan--, que sin embargo tiene como atractivo el encierro de Pedraza de Yeltes, ganadería a la pertenecía aquel imponente y magnífico colorado de nombre “Brigadier” con el que el moreliano triunfó el año pasado; y el jueves, en la corrida de la Prensa y con toros de Juan Pedro Domecq, Diego Urdiales va a confirmarle la alternativa a Bruno Aloi en cartel de corte internacional que completa Roca Rey.
Como de costumbre, los nuestros van a Madrid por una única tarde, oportunidad solitaria que hacemos votos por que esta vez aprovechen debidamente. Mucha suerte a los tres.

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