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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 29 de mayo de 2026

San Isidro/26: Una Roca y un Rey… / por Antolín Castro

Así de feliz salió el riojano, también el público feliz con su actuación    

'..Entre Roca y el Rey se coló un riojano llamado Diego Urdiales. Abrió su capote y toreando a la verónica ganando terreno llegó hasta el centro del redondel. Fue como abrirse la claraboya por donde entró la luz que ilumina el toreo clásico..'

San Isidro/26: Una Roca y un Rey…

Antolín Castro
Opinión y Toros / Madrid, 28 Mayo 2026
Llegado este 28 de mayo, era la fecha marcada en el calendario para muchos, aunque no para todos.

Una gran parte lo habían marcado por la llegada a su primer compromiso del torero peruano Roca Rey, en menor medida por ver la segunda tarde del riojano Diego Urdiales, tras los buenos momentos de su primera actuación en la feria, otros, y no pocos, por ver la confirmación del mexicano Bruno Aloi. Claro que también los había por ver los toros madre de muchas ganaderías, en su primera cita isidril, el encierro de Juan Pedro Domecq.

La asistencia del Rey Felipe VI, con ocasión de celebrarse esta Corrida de la Prensa, hizo que en la plaza no cupiera un alfiler con tanto banderín de enganche. Tres toreros, tres nacionalidades. La de México por tercer día consecutivo. Los toros siempre una incógnita, siendo de Juan Pedro, aún más.

Entre Roca y el Rey se coló un riojano llamado Diego Urdiales. Abrió su capote y toreando a la verónica ganando terreno llegó hasta el centro del redondel. Fue como abrirse la claraboya por donde entró la luz que ilumina el toreo clásico. Una premonición de que estábamos ante la oportunidad de que un tipo de toreo, el clásico, el eterno, se había hecho presente en las manos de uno de los diestros que mejor lo puede ejecutar.

Una no, muchas verónicas así vimos hoy de la mano de Urdiales.

Cuando Urdiales cogió la muleta todos estábamos convencidos que podríamos ver torear igual de bien que lo había hecho con el capote. Sucedió, esa fue nuestra suerte, aunque sin llegar a arrebatarnos como lo hecho con la capichuela. Por si no fue suficiente su toreo en redondo y al natural, firmó con la espada el derecho a pasear un trofeo.

En el cuarto, creíamos que no podría superarse y nos equivocamos. Su toreo de capote y de muleta llegó a alcanzar, por momentos, los más bellos pases de la feria, siendo el final con ayudados por bajo de pura orfebrería. Solo faltaba firmarlo con el acero y no falló, de nuevo recetó una estocada hasta la bola y pudo pasear otra oreja. Diego Urdiales pasó por Madrid y Las Ventas le dieron el marchamo para que su salida en hombros fuera un hecho. El toreo se había hecho presente y esas formas, esa pureza, merecían que su ejecutor saliera de la plaza en volandas.

El peruano naufragó con su primero y nadó, y guardó la ropa, con su segundo. Si bien logró entusiasmar a sus muchos seguidores, su faena estuvo por debajo de lo que es fácil verle en otras tardes. Paseó un trofeo en un día donde las formas que cotizaron fueron las de otro tipo de tauromaquia.

El mexicano, con el peor lote, no terminó de acoplarse con ninguno de sus oponentes, a pesar de mostrarse con ganas y animoso toda la tarde.

Que el toreo se haga presente es casi un milagro. Hoy la suerte es que pasó por la plaza, además de Roca y el Rey, un torero de Arnedo que presentó sus credenciales.

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