El pico
'..Como nos gusta siempre ir a lo positivo, diremos que lo mejor de la tarde fue la magnífica interpretación del himno nacional de España que ejecutó con unción y parsimonia la espléndida banda del maestro don Rafael Zahonero, y con esto se acabó lo bueno que nos deparó la tarde, en la que no ha existido el toro..'
JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
La paremiología nos ofrece este aserto tan certero que reza: «Días de mucho, vísperas de nada», con el que se expresa lo corriente que es el hecho de que después de la abundancia no es raro que venga la necesidad. Ayer (miércoles para el lector) tuvimos un regalo en forma de tremenda corrida de toros y, para compensar, hoy tuvimos la nada taurina, pues estos pobres animales tan bondadosos, tan bobos, tan zompos que hoy salieron a Las Ventas apenas tenían nada que ver con las fuerzas desatadas de la naturaleza que hollaron ayer el ruedo proclamando las más incontrovertibles verdades del toro de lidia: la fuerza, el vigor, la casta, la bravura e incluso la mansedumbre. Hoy, como si vinieran de otro planeta, seis jureles de Juan Pedro Domecq fueron capaces de originar el mismo tipo de sopor que producen esos videos de pintura secándose que hay en YouTube y, si los asientos de la plaza fueran algo más cómodos, los ronquidos habrían superado incluso a los ¡bieeeen!, esos que tanto se estilan.
Como nos gusta siempre ir a lo positivo, diremos que lo mejor de la tarde fue la magnífica interpretación del himno nacional de España que ejecutó con unción y parsimonia la espléndida banda del maestro don Rafael Zahonero, y con esto se acabó lo bueno que nos deparó la tarde, en la que no ha existido el toro, que lo han cambiado por unos animalejos de mirada estúpida y perdida, esa mirada de Marilyn Monroe a la que se denominó «bedroom eyes», que evoca desvalimiento o vulnerabilidad; y en la que, salvo dos apuntes ínfimos, no existió el toreo, sustituido por ese vaivén como de mecedora que extasía a las buenas gentes y que tantísimo dista del toreo recio, verdadero y bien ejecutado, conforme a las reglas del arte, que se les hace a los toros.
En realidad más que una corrida de toros lo que hoy se dio en la calle de Alcalá 237 fue una amable kermesse con animales de ésas en las que se combina el ambiente de una feria con la exhibición, interacción o concurso de diferentes especies domésticas y de granja como en la Wendener Kirmes de Westfalia del Sur y otras que se dan en Alemania. Hoy se trataba de una kermesse centrada en bóvidos que exhibieron de manera incesante, ante los aplausos de la concurrencia, sus habilidades embestidoras, sus trotes alegres y despreocupados, sus mohínes de enfado al ser un poco hostigados, sus caiditas de slapstick y, sobre todo, su mirífica bondad, sus deseos de agradar y su disposición a acometer todas las pequeñas tareas y rutinas que se les iban encomendando a cada rato. No perderemos el tiempo en escribir el nombre de los seis manatíes que anduvieron hollando la arena de miga de Las Ventas, porque lo que deseamos es que su memoria desaparezca cuanto antes y con ella se borre de nuestra mente, de una manera absoluta, el denso sopor que nos ha ocasionado la contemplación de su absurda vida pública.
La ocasión para todo lo anterior venía dado porque hoy se celebraba la Corrida de la Prensa. Imaginen ustedes cómo está la prensa hoy día, para hacerse una pequeña idea de cómo fue la corrida de la prensa.
Este año contamos con la presencia de SM el Rey, que estuvo acompañado por Victorino Martín en una barrera del 9 y ahí se pegaron la tarde, que lo mismo Victorino le explicó a Don Felipe la diferencia que hay entre esos peluches que había en el ruedo y lo que es el toro de Victorino, para que el monarca, que no es lo que se dice un gran aficionado, pudiera calibrar que esos mohínes, esos giros y esos tropezones, tan característicos del Bos Taurus Juampedrerus distaban una barbaridad del comportamiento de aquel toro bravo, Belador, número 121, cárdeno, encaste Albaserrada, ganadería de Victorino Martín, lidiado en esta misma plaza hace 44 años.
Para acompañar a los simpáticos animales en sus evoluciones y para estimular sus deseos de corretear contrataron a Diego Urdiales, que vino vestido con el terno de moda de este año, ese azul almacén que hace furor; a Roca Rey, de berenjena y oro, y a Bruno Aloi, que venía de blanco a abrir plaza y a confirmar la alternativa que le dio Roca Rey en Aguascalientes (Méjico) el año pasado.
Lo peor de la tarde fue Urdiales, porque sabemos que él tiene la moneda y no le dio la gana de sacarla para que se viese, prefiriendo poner su conocimiento al servicio del pajareo por las afueras y de esa ligazón en los pases que es tan cara a los públicos contemporáneos. Las condiciones de su toro -eran dos pero parecían el mismo- sin un mohín, ni una mirada, acudiendo presto y sin maldad al cite, bien merecían que el riojano hubiera mostrado un poco de generosidad para con la plaza y hubiera dejado dos lecciones de cómo y dónde se torea, pues él sabe esa materia. A cambio optó por el vaivén, el confort del pico, la posición en las afueras y, entre ese piélago de vulgaridad, camuflada en su elegante figura, dejó un par de buenas verónicas, un natural, un hermoso pase de trinchera y una soberbia estocada. No hubo más, pero las buenas gentes, felices de echar la tarde junto a su Rey, ondearon sus pañuelos sin una enorme convicción, pero que fue suficiente para que don José Luis González y González y González y González, tan comprensivo siempre, sacase el trapo blanco que ponía en manos del veterano torero de Arnedo primero una oreja y luego otra que le sirvieron para franquear la depauperada Puerta Grande de Madrid. Bien sabemos que esas orejas no valen ni para que se las lleve a El Perchas de la calle Laurel de Logroño que, como todo el mundo sabe hace unas deliciosas orejas picantes o rebozadas, y desde luego no son esas orejas las que quedarán en el recuerdo el día de mañana, cuando hablemos de Diego Urdiales.
De Roca poco hay que decir porque él tiene sus maneras, que rechazamos, pero lleva a las gentes a la plaza y ante eso, un respeto. Dio su pequeño mitin taurómaco en el que no faltaron cosas de rodillas, otras traídas por el espaldar y mucho trapo por aquí y por allá. Le vimos más espeso en el animal de la cara A y más suelto en sus modos en el de la cara B, en el que sacó más su personalidad. Otra oreja barata pasó a sus manos por la generosidad del susodicho y no sé si no andaba medio encolerizado con tantos que le negaban el pan y la sal. Allá él.
La corrida, por llamarla algo, se iba alargando y alargando y aquello nunca terminaba. A las 10 menos 19 minutos de la noche agarraba Bruno Aloi su muleta para comenzar su insulso trasteo, tiempo que empleamos en varias tareas de papiroflexia, creando aviones, pajaritas, aviones flecha y una bonita sombrilla con los restos del Programa Oficial número 27 de la temporada 2026. A las 10 menos 7 minutos dobló el juampedritis y salimos huyendo al bar a tomar un café solo doble que nos sacara del sopor, asombrados de haber sido capaces de aguantar tanto.
Hoy no trabajó Iván García, pero a cambio nos repitieron a «Pirri».
Zompo y yo
ANDREW MOORE
Las tres edades, 1923
El rey de los cowboys, 1925
FIN

















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