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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 25 de mayo de 2026

Alberto y su exigible moción / por Rafael Nieto


 ¿Qué razones tendrá el socio predilecto del PSOE para no querer sacar a Sánchez del Gobierno por la misma vía que eligió el actual presidente para sacar a Rajoy, hace exactamente ocho años? 

Alberto y su exigible moción

Rafael Nieto
Con la irrupción sorpresiva de los calores, que nos anticipan otro verano tórrido por culpa del cambio climático ultraderechista, la gente tiende a poner entre paréntesis todos los escándalos nacionales. El personal sale a la calle en busca de los rayos solares (y el derretido asfalto), y nuestra tendencia natural a socializar nos empuja a las cervezas del tardeo. Es inevitable. El cuerpo pide desconexión, porque doce meses al año, 365 días seguidos de corruptelas, incompetencias, mamoneos y despotismos bipartidistas, mire usted, no hay quien los soporte. El verano nos mete oxígeno en los pulmones para seguir existiendo y sobrellevar otros cuantos inviernos más en nuestras vidas.

La imputación de Zapatero por blanqueo de capitales y otros cuantos delitos más derivados de su mente criminal ha acelerado en el imaginario colectivo (el decente, porque luego hay otro que vive en las letrinas de Mordor) la urgencia de que la mafia socialista salga del poder cuanto antes. El ex presidente no es un jarrón chino más; no es un jubilado de la política, del que te puedes desentender relativamente, como ha hecho Feijoo con Aznar. Zapatero constituye el ADN de la actual izquierda española, la quintaesencia del rojerío patrio en este tiempo donde abundan los perfiles planos y el lugarcomunismo. Su imputación ha sido la gota que ha colmado el vaso para muchos progres, algunos con micrófono o teleprónter diario a su alcance, que hasta ahora venían defendiendo lo indefendible.

Este manicomio dentro de Alcatraz en que ha devenido el PSOE vuelve a pillar al PP (su socio favorito en Bruselas) con el pie cambiado y sin capacidad real de reacción. Porque una oposición que se basa en cruzarse de brazos de manera permanente, esperando que llegue el maná de La Moncloa como la lluvia de café de Juan Luis Guerra, ni es oposición, ni es nada. Cuando se le pregunta a Feijoo si no cree que, ya sí, es el momento de presentar una moción de censura que saque a la mafia del poder, la respuesta vuelve a ser la misma de siempre: «No es el momento«. ¿Qué razones tendrá el socio predilecto del PSOE para no querer sacar a Sánchez del Gobierno por la misma vía que eligió el actual presidente para sacar a Rajoy, hace exactamente ocho años? Nadie lo sabe muy bien. Es el misterio de Génova, que diría Iker Jiménez.

Es dramático, a poco que uno se pare a pensarlo, que el líder del PP no haya aprendido nada de las dos mociones de censura que ha presentado VOX contra este Gobierno ilegítimo. Sorprende que tampoco haya reparado en ello alguno de los cientos de asesores que trabajan para Feijoo. Al contrario de lo que creen los populares, las mociones de censura tienen como principal función retratar al Gobierno: ponerlo frente a la sociedad en su realidad desnuda, quitarle los ropajes y celofanes con que lo viste la actualidad, y presentarlo ante los ciudadanos tal y como es. Y esta banda que lidera el marido de Begoña Gómez, ex jefe del hampón Ábalos y su tropa de robaperas, debe ser expuesta en la sede de la soberanía con toda crudeza y rotundidad. Para que, si sigue en el poder por aquello de la «aritmética parlamentaria», al menos todo el mundo sea consciente de su naturaleza criminal.

Feijoo no puede seguir poniéndose de perfil en su dontancredismo natural. La realidad nacional exige estar a la altura, aunque el esfuerzo le saque de un estado de confort que (lo comprendemos) debe ser agradable y placentero como un paseo vespertino por el puente de La Toja. Ningún español puede estar tranquilo y desentenderse de su responsabilidad (en el caso de tenerla) cuando están al timón de nuestras vidas los personajes más siniestros y corruptos, más inmorales y abyectos, que ha sufrido nuestra patria en bastantes siglos. Cruzarse de nuevo de brazos ante esta dramática coyuntura puede y debe empezar a considerarse como una forma de complicidad.

Sánchez, que es hijo político y sucesor del ya judicialmente corrupto Zapatero, ha provocado cientos de muertes de inocentes en España como consecuencia de su insoportable incompetencia y la de sus ministros; primero con la pésima gestión de la pandemia, después con la penosa gestión de la dana en Valencia, más tarde con la terrible gestión del apagón eléctrico o del accidente de Adamuz. Y siempre, desde el primer día que aterrizó en La Moncloa, llevando la pobreza y la miseria a las familias, que ya no tienen forma de llegar a fin de mes y sobreponerse al desastre y el desgobierno de esta banda de inútiles. Señor Feijoo, ya no vale ponerse de perfil y decir «pasopalabra». Hay una mayoría social que exige un paso al frente en este momento crítico.

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