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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 29 de mayo de 2026

Hay algo peor que el Estado de la Corrupción / por Javier Ruiz Portella

Uno de los incalculables memes que han inundado las redes sociales, especialmente desde que se descubrió el alijo de joyas de Zapatero. Suya es la frase.

'..Lo peor es que cuando todo ello ha saltado a la abrumadora luz del día, cuando todo ello se sabe y se conoce a la perfección, todavía habrá millones que, ejerciendo su más que democrático derecho, seguirán votando por la misma panda de truhanes..'

Hay algo peor que el Estado de la Corrupción

Javier Ruiz Portella
Lo peor de ese esperpento con aires de astracanada en el que, día tras día, va deshaciéndose el Régimen del 78 no son ni las joyas acumuladas por Zapatero, ni su mina de oro en Venezuela, ni las cuarenta maletas que, como Alí Babá y sus cuarenta ladrones, se trajo Delcy Rodríguez, ni el hediondo olor que brota de la trama de trapicheos con los Maduro y los Xi Jinping. Lo peor, con ser grave, tampoco es la sumisión de Sánchez al sultán marroquí ni que Marlaska prive de armas a los guardias que manda a morir frente a unos narcos que, a este paso, pronto nos convertirán en un nuevo narcoestado. Lo peor, en una palabra, no es el alud de corrupciones y mangoneos que han hecho de la Corrupción la piedra angular de ese Estado al que llaman democrático.

Y que en realidad lo es, dejémonos de tonterías.

¿Cómo no sería democrático el Estado de la Corrupción? ¿Cómo no lo sería cuando sus siervos llevan medio siglo votándolo masivamente año tras año? ¿Cómo no sería democrático cuando lo peor de ese lodazal donde todo se pudre no son las corrupciones y sumisiones que lo inundan? Lo peor es que cuando todo ello ha saltado a la abrumadora luz del día, cuando todo ello se sabe y se conoce a la perfección, todavía habrá millones que, ejerciendo su más que democrático derecho, seguirán votando por la misma panda de truhanes.

Es esto lo que acongoja, lo que estremece el ánimo. Y lo que hace —lo que debería hacer— reflexionar.

El día en que se vuelvan a celebrar elecciones (es de esperar que no lleguen hasta el extremo de prohibirlas), serán millones los que vuelvan a entregar voluntariamente su voto a quienes les arrebatan, entre otras cosas, lo más granado de sus bienes, como dice La Boétie (limitémonos a los bienes materiales: al expolio fiscal, y dejemos de lado los expolios del alma: total, es el parné lo que de verdad les importa tanto a los siervos como a los amos).

Es cierto, probablemente sean bastantes menos los millones que voten a las listas del PSOE en los próximos comicios. Da igual. ¡Aún serán demasiados! Además, la mayoría de quienes dejen de votar a la pata sociata del Régimen se agarrarán como garrapatas a su pata pepera. Con lo cual… Es cierto que el PP constituye un mal algo menor; es cierto que su corrupción no alcanza los vértigos delirantes de los socialistas; pero, aunque haya diferencias de grado entre ambos, no dejan de ser uno y otro parte integrante del mismo Régimen.

¿Entonces? ¿Cómo impedirlo? ¿Qué pensar, qué conclusiones sacar? ¿Será tal vez que la democracia —la democracia liberal— dista de ser ese remanso de paz, felicidad y prosperidad que nos han vendido?

«No hay mal que por bien no venga», solía decir el anterior jefe del Estado. La actual cochambre que emponzoña el aire nos ofrece, al menos, motivos más que suficientes, nos obliga, en realidad, a pensar y reflexionar, por una vez en serio, sobre tales cuestiones.

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