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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 13 de mayo de 2026

San Isidro/26: Llegó un novillero… y unos novillos / por Antolín Castro


'..Llegó un novillero, de nombre Álvaro Serrano, y mostró sus credenciales en el quite en el toro de su anterior compañero. Ahí ya vimos su disposición, aptitud y una claridad de ideas poco común. A poco que le ayude el burel el éxito está asegurado..'

San Isidro/26: Llegó un novillero… y unos novillos

Antolín Castro
Opinión y Toros / 12 Mayo 2026
Bueno, en realidad llegaron tres novilleros, pero solo uno pudimos visualizar como tal.

Algo se mueve en el alma… cuando llegan los novilleros. Se tiene la sensación de que vamos a poder ver algo distinto a lo que nos ofrecen todos los días las figuras, los mismos matadores de todas las tardes. La esperanza camina junto a la almohadilla y la entrada, no dejando que nadie te la quite en el metro o en el autobús.

Llegas a la plaza y te das cuenta enseguida que muchos de los que dicen llamarse aficionados, o abonados, no piensan igual y se han quedado en casa. Los claros en los tendidos son tan claros como los propósitos que llevan los que son aficionados de verdad, no fans de ningún nombre de torero de moda. La esperanza junto a la almohadilla ha ocupado su sitio y que salga el toro… o novillo que es lo anunciado.

Salen por chiqueros, hoy, bien presentados, encastados y nobles los de Montealto y te das cuenta de que se aprestan a conceder a los jóvenes espadas la oportunidad de triunfar, en Las Ventas ¡casi na!

Hubo que esperar, pero llegó un novillero y se hizo realidad eso de que te ibas a encontrar con algo distinto. De ahí que sea aconsejable acudir a las novilladas. No son un espectáculo menor, lo único menor es la edad del cornúpeta, por lo demás también se les puede hacer el toreo, basta con que llegue alguien que quiera triunfar y tenga recursos y repertorio para poder captar la atención de los tendidos.

Llegó un novillero, de nombre Álvaro Serrano, y mostró sus credenciales en el quite en el toro de su anterior compañero. Ahí ya vimos su disposición, aptitud y una claridad de ideas poco común. A poco que le ayude el burel el éxito está asegurado.

Pleno de determinación se pone frente al violento viento, más difícil de controlar que el novillo. Va desgranando muletazos limpios y repertorio suficiente para que ninguna serie nos parezca igual -ese mal que vemos casi todos los días-. Con la espada nos muestra el mismo nivel y agarra una estocada hasta la bola dejándose ver. La plaza unánime pide la oreja o las orejas, pero finalmente pasea una por el redondel.

Llega la lluvia como para irse de allí, pero prácticamente todos esperan, pues creen, o intuyen, que este novillero les va a compensar la espera ante el frío de la desapacible tarde. Sale el sexto y Álvaro, con serenidad y firmeza va amontonando méritos como para que la esperanza del público merezca el premio de verle salir en hombros. Faena llena de pasión y entrega, atropellada en algún momento, con torería añeja en distintos remates. La estocada no ha sido igual y el toro se amorcilla, el puntillero ayuda a que lleguen dos avisos. Por fin, un certero descabello da con el toro en tierra,

Se disparan los pañuelos al viento y llega la oreja que le abrirá la puerta grande con todo merecimiento.

También hicieron el paseíllo Tomás Bastos y Martín Morilla, pero de ellos solo supimos que los apoderan gente muy conocida. Venir a Madrid se puede venir por distintos motivos, pero llegó un novillero con un apoderado que no conoce nadie y resultó que era el que venía a triunfar.

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