la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 25 de mayo de 2026

San Isidro'26. Los Alcurrucenes. Llevar la faena hecha desde el hotel. Campos & Moore


'..Ayer la afición de Madrid vivió una enorme desilusión porque esperaba mucho de los tres matadores anunciados en el cartel con los toros de Alcurrucén. Más desencanto aún se produjo por lo que se concebía que podían haber dado de sí las figuras de Fortes y de Víctor Hernández..' 

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Domingo, 24 de mayo de 2026. Decimoquinto festejo de la Feria de San Isidro. 

Encierro de toros de Alcurrucén (origen Carlos Núñez). Bien presentados menos el tercero. Nobles. Cinqueños y mansos menos el sexto. Flojos 1º (inválido) y 3º. El primero acucharado y recogido de pitones. El segundo veleto y de suma nobleza. El tercero sin trapío, bajo, corto, chico, feo e inválido. El cuarto, cornivuelto, bajo, al límite en el trapío, muy noble. El quinto, un zapatito, tardo y remiso. El sexto, cornivuelto y noble, aunque sin empuje. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral camino del cambio climático.

Terna: Fortes, de Málaga; de sangre de toro y oro, con cabos blancos; catorce años de alternativa; veintiún festejos en 2025; silencio tras un aviso y silencio tras un aviso. David de Miranda, de Trigueros (Huelva), de blanco y plata; nueve años de alternativa; veintitrés festejos en 2025; oreja muy protestada tras un aviso y silencio tras un aviso. Víctor Hernández, de Los Santos de la Humosa (Madrid), de malva y oro, con cabos blancos; dos años de alternativa; dieciséis festejos en 2025; silencio y silencio tras dos avisos.

Suerte de varas. No se cuidó la entrada de los toros en la suerte, entraron a su aire. Mucho picotazo. Varas mal colocadas. Salieron sueltos a excepción de 1º (se repucha) y 4º (al capote). Varas traseras (1º, 3º y 5º). Todo esto influyó en el juego de los toros en la muleta. Elegimos la descripción de la suerte de varas al sexto que fue el toro más seguido por la afición. Lo picó Agustín Collado. Ambas varas caen detrás de la cruz. En la primera el astado entró al relance y tras un picotazo salió suelto. En la segunda fue puesto en condiciones y empujó, pero salió suelto tras un picotazo; el picador intentó el metisaca. No fue ahormado.

PEPE CAMPOS
De toda la vida cuando los matadores de toros se han diluido en el espesor de la tarde sin cumplir con las expectativas que llevaban los aficionados por verles, se ha producido una profunda decepción. Ayer la afición de Madrid vivió una enorme desilusión porque esperaba mucho de los tres matadores anunciados en el cartel con los toros de Alcurrucén. Más desencanto aún se produjo por lo que se concebía que podían haber dado de sí las figuras de Fortes y de Víctor Hernández. Ambos frustraron las esperanzas que el aficionado había depositado en sus actuaciones porque estuvieron muy lejos de lo que se pensaba eran capaces de alcanzar. Podríamos meter en este cóctel a la figura de David de Miranda, si bien mucho menos ya que no es un matador de la concepción del toreo que tiene en mente la plaza de Madrid. Y ¿por qué sucedió esto? Principalmente porque no estuvieron a la altura de lo que los toros desarrollaron en el albero, ya que ante toros nobles (sin demasiado empuje) no aplicaron faenas a la medida que esos astados exigían. No torearon en la función del toro que les tocó lidiar, sino que se empeñaron en imponer a los astados lo que ellos pensaban debía ser la faena en cada uno de los duelos (ante los seis toros). De toda la vida se ha dicho en estos casos que los toreros llevaban la faena hecha desde el hotel; es decir, no desarrollaron un trasteo idóneo a cada toro (que toros hubo, aunque con poca fuerza), sino que desplegaron una tauromaquia mecánica, preestablecida, prolongadísima en envites (lances y pases), aquella que acostumbran a poner en escena en las plazas de provincias y en los pueblos (gaches) donde pueden ser anunciados. 

Todos los toreros de ayer necesitaban el triunfo para pasar de la segunda división, en la que se encuentran, y poder optar a la ansiada Champions. Se quedaron muy lejos de esa promoción o «sorpaso», y por ello permitirán que las longevas figuras eternas que están por arriba (con veintitantos años de alternativa en muchos de los casos) permanezcan y consigan a corto y a largo plazo adocenar a la fiesta de los toros, per se.

Los toros de Alcurrucén que ayer salieron al coso de Las Ventas fueron toreables, de condición noble y permitieron el toreo. Cierto es que les faltó algo de empuje, de acometividad, de emoción. Este es un problema que atraviesa a la fiesta de los toros. Mucho toro noble, manejable, dócil, escasos de casta, de emoción. Aún así este toro bonancible, que ayer salió, permite un tipo de faena que no se le propinó. Al ser un astado escaso de fuerzas se le tenía que haber toreado en pocos pases, en pocas tandas, todas ellas concebidas desde una disposición de toreo clásico, bien hecho y rematado. Con la muleta cuadrada hacia la cuerna de los toros, con un viaje de la franela despacioso y hacia atrás, con las piernas del torero más frontales, mantenidas hacia delante; no escondidas. Con el torero colocado a una distancia sin ahogar a los morlacos; dejarles respirar para que vean con horizonte al matador y tener espacio para tomar el trapo, galopar hacia él o mantener un trote; no ser asfixiados; que corra el aire en el trasteo; que el torero esté cruzado con el burel, que no toree al hilo del pitón, ni abuse del pico, sino que lleve al animal metido en el centro de la muleta, con lentitud, con temple, con compás, con armonía; en pocos pases. Si el toro está limitado de fuerza, faenas de veinte o treinta pases, no de sesenta o más como ayer se sufrieron. Los tres matadores ahogaron a los toros y dieron una enormidad de pases. En la tarde sonaron seis avisos. Posiblemente pudieron ser muchos más. Algo falla en la tauromaquia cuando las faenas son tan largas. 

No tiene sentido. Aparte, esa colocación desacertada de los toreros ante los animales, con la muleta en uve, es decir, enseñando el pico de la misma al astado y haciendo un ángulo cerrado con el cuerpo del torero, para llevarle por las afueras, no hacia adentro, con las piernas de los diestros dispuestas hacia atrás, y bajo una composición del cuerpo de perfil. Así no se domina a los toros, ni se les templa, ni se les debe torear. A no ser que el astado ponga todo de su parte —como suelen esperar que haga— olvidando cualquier adaptación a sus características.

Si analizamos lo realizado por la terna ayer, debemos comenzar por Fortes. Desilusionó sobremanera. Se le esperaba especialmente porque en Madrid se le quiere. Toreó pecando, al poner la muleta en uve, desplazando al toro con el pico de la misma y situándose de perfil —una manía que tiene—. A su primer toro, muy noble, le dio una barbaridad de pases. Había poco toro y alargó el trasteo sin compasión. Perfilero, muy encima. Sí, hubo uno o dos pases bellos, pero el toreo no consiste en esa fragmentación, sino en una obra de conjunto. Toda su labor quedó desdibujada. Mató en la suerte contraria de un pinchazo y de un bajonazo. Con el cuarto toro de la tarde, noble, las cosas aumentaron: muchos más pases en la segunda raya del tendido nueve, más de perfil, más uve, abierto el compás, la pierna retrasada, por fuera, sin verdadera colocación. Parece mentira que un torero que tiene mucho valor se coloque con ventajas delante del toro. Mató de tres pinchazos en la suerte contraria y de una estocada baja perdiendo la muleta.

David de Miranda, viene a ser un torero como Sebastián Castella, con tendencia a las cercanías y al toreo por la espalda —ayer no abusó tanto de esto—. Y sobre todo parece ser un exponente del toreo giratorio, haciendo girar al toro alrededor de su figura mientras la pierna de salida va hacia atrás para permitir la ligazón, única clave de su toreo. Hay que reconocerle un sentido del temple –ayer no tanto—, una virtud que queda anegada entre tanto toreo por las afueras. 
La faena a su primer toro, en los terrenos del diez, no fue dominadora sino superficial, en redondo y al natural, aunque parte del respetable vio en ella el modelo de la perfección. Estatuarios iniciales y bernadinas finales. Mató de estocada baja en la suerte contraria. Se le concedió una oreja sin petición mayoritaria, y fue muy protestada. 
Al quinto le toreó con la franela en los medios en orientación a los tendidos seis y siete. Pases por bajo para comenzar. Muy encima en las tandas. El animal era tardo. Pies juntos. Por fuera, despegado. Manoletinas como cierre. Mató de un pinchazo en la suerte natural y de estocada caída y tendida en la suerte contraria.

Había confianza en ver a Víctor Hernández. Ilusión. Él no respondió en relación a como se le había valorado. Puede que se equivocara eligiendo animales de tan escaso poder. Su primero sin trapío y sin fuerzas. A Hernández se le vio acelerado. Mal colocado. Hizo un esfuerzo en balde porque es un torero que necesita un toro de poder y de transmisión. Anunciándose con el medio toro pierde frescura, verdad y contenido. Su carrera así puede correr peligro. Una esperanza que se pierde en la lontananza. Mató de una estocada desprendida perdiendo la muleta en la suerte contraria. En el último toro de la tarde, un astado noble y afín, aunque ausente de empuje, no midió bien el trasteo. Se extralimitó. Para comenzar no lo llevó a los medios, sino que lo molió a pases entre las dos rayas del nueve, sin fin. Abusó del pico. Aparentemente parecía bien colocado. Pero el encimismo lo tapaba. Al final se corrigió y llegó a torear decentemente al natural, pero era muy tarde. Mató de un estocada caída, tendida, en la suerte contraria y de un descabello. Su siguiente compromiso será con la corrida de Jandilla, si de nuevo hay mala selección del ganado a Víctor Hernández le perjudicará.

Como algo destacable vivimos un tercio de quites profuso en el segundo toro. Víctor Hernández y David de Miranda compitieron con el capote. Dos quites cada uno. Todos ellos livianos. El toro no permitía más. Chicuelinas, ganoneras y toreo vistoso. Parecía que aquello prometía una tarde para el recuerdo; no obstante quedó en puro espejismo.

Lo más notable del festejo fueron los dos pares de banderillas de Víctor del Pozo al quinto toro. Muy de verdad.



ANDREW MOORE








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FIN

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