Antolín Castro
Opinión y Toros / Madrid, 26 Mayo 2026
Tercera novillada, y última, de la feria y de nuevo se ha seguido sumando.
Todos los días hay mezcla de aficionados y ávidos espectadores, en las novilladas es igual, pero en menos cantidad. También es visible que quienes vienen de paso son más receptivos a dejarse orientar en la plaza, les falta ese caparazón de quienes son de aluvión pero que creen saber. Las plazas de toros es el sitio ideal para que la democracia de los que menos saben se imponga a la de quienes son aficionados con su exigencia añadida.
Ese factor es determinante para que las novilladas resulten, en mayor medida, algo más cercano al equilibrio de méritos y exigencia. Curiosamente se produce así, y cuando la balanza se inclina a favor de obra, siempre se puede tener la condescendencia al saber que quienes la inclinaron eran espectadores casi vírgenes, casi inocentes. En las corridas de toros, a priori, se ponen de manifiesto claramente las muchísimas filias y las fobias, que también las hay.
Una vez dicho esto, hemos de decir que suma y sigue. Las tres novilladas han aportado más que las corridas de toros. En las tres celebradas ha salido un novillero en hombros, el más joven de cada terna, casualmente. Lo que los novilleros han de aportar es su juventud, su atrevimiento, sus ganas, su valor, su frescura, su desparpajo… y si es con calidad mucho mejor.
Tres de tres en las novilladas
Hoy el triunfador ha sido el abulense Julio Méndez, quien ha salido en hombros tras cortar las dos orejas al primero de su lote, a quien le han dado la vuelta al ruedo. La explosión que ha supuesto su toreo en los tendidos era directamente proporcional a la frialdad y el aburrimiento que sus compañeros habían ofrecido en sus primeros novillos.
Después vimos en su segundo novillo al mexicano Emiliano Osornio ejecutar un toreo con mucho gusto y buen trazo y ya había algo con lo que comparar la actuación del abulense. Méndez en su segundo siguió en el mismo tono arrollador, pero no se llevó por delante a todos los tendidos.
De Pedro Montaldo poco podemos decir, pues de todas las virtudes que adornan a los novilleros no puso en práctica ninguna. El veterano novillero no echó el resto en ocasión tan propicia para demostrar que este es su camino.
Como decíamos, se podrá discutir la segunda oreja, la espada cayo desprendida, aunque se volcó con todo a la hora de entrar a matar, podremos discutir la vuelta al ruedo al novillo, se pueden discutir muchas cosas, pero lo importante es que estábamos en una novillada y nuestro juicio ha de ser, casi por lógica, más transigente.
Celebremos las novilladas como un punto de encuentro en la feria para constatar que todavía hay chavales que les gusta eso de ser toreros y salir arrebatados en busca del triunfo. Con eso salimos ganando todos y tiempo habrá de ser exigentes con ellos y con el resto de los matadores que quedan por pasar por la feria. Quienes hoy eran el público jubiloso, actuaban de buena fe, no son los mismos istas que llegan con las figuras.
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