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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 28 de febrero de 2018

¿Quién pone el cascabel al gato? / por Paco Delgado



Sólo queda que el aficionado no tire la toalla, que aguante y  presione, que haga oír su voz, que pida, que se rebote, que clame  contra lo que no le guste, que no trague, que no se deje engatusar  por falsos cantos de sirena ni por asociaciones manipuladas -cuando  no creadas ex profeso por los mismos taurinos o quien les asesore en  la sombra-, que en vez de velar por sus derechos hacen el caldo gordo  a sus amos para que estos les pasen la mano por el lomo de vez en  cuando…

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¿Quién pone el cascabel al gato? 

Aunque lo de Cataluña y sus independentistas haga creer que no hay  vida más allá de sus milongas, la vida sigue, se extinguirá este  incendio y otros volverán a poner nuestra alma -frágil y pecadora- en  vilo. El artículo de Antonio Lorca, verbigracia, que ya ha puesto a  cavilar a profesionales y aficionados. Especialmente a los  aficionados, aquellos tienen el cuero grueso y curtido y les afecta  poco. Y eso que ya venía avisándolo: hace unos años, en agosto de  2016, ya publicó otro en parecidos términos y similar contenido.

No es nuevo, por tanto, ni en tiempo ni lugar, y los males que  enumera y disecciona el colega en El País afectan al mundo del toreo  como lo hacían ya hace cincuenta, cien o más años. Desde que se  inventó, podría decirse. Y no es mucho más idílico el panorama en  otros sectores: echemos de nuevo la vista a la cosa política: para  salir corriendo, pero ¿a dónde?. O al deporte, campo en el que hay  materia para escoger a barullo, donde los escándalos están a la orden  del día y hasta en competiciones infantiles se dan casos que te hacen  renegar de la humanidad. O al campo del espectáculo, en el que no hay  día que no se desvele un desmán…

Mafias, monopolios y abusos los hay allá donde haya negocio y dinero  que trincar. Y no por ello hay que darlo por bueno, pese a que en  muchos casos se haya institucionalizado o se camufle con la  apariencia del poder. La corrupción existe desde que apareció el  hombre sobre la faz de la tierra y hoy Diógenes tendría que abrir  sucursales para poder hallar un hombre honrado y Mary Poppins  colegios en los que instruir a ayas que inculcasen a sus pupilos la alegría de vivir sin estar pendientes de la cartera ajena.

Cierto es que el artículo de Lorca, al que el aparato oficial tilda  de antitaurino y enemigo de la fiesta, muestra todo lo que hemos  hecho mal alrededor de este toro que ha dado lugar a una de las  celebraciones más extraordinarias de la Humanidad: intereses,  envidias, desidia, negligencia, abuso de poder, ambición desmedida,  ninguneo del cliente y un largo etcétera de conductas reprobables y  que no son de hoy, precisamente. Y no por ello quiero, o pueda  parecer que quiera, justificar algo injustificable. Pero ¿quién le  pone el cascabel al gato? ¿los propios toreros, a quienes parece – sobre todo a los que van arriba del caballo- que no les va tan mal y  a los que sólo les preocupa torear? ¿Los ganaderos, que no miran otra  cosa que criar animales que se lidien y, a ser posible, por esos  toreros que poco se preocupan de que mejoren las condiciones de su  trabajo? ¿Los políticos, que nunca, ni ahora ni antes, han tenido más  interés por la fiesta nacional que el tener sitio en callejones y  barreras para invitar a sus pares? Pues sí, en eso están pensando…  ¿La prensa? ¿Qué prensa, si la mayoría de la especializada está  uncida al sistema y que aquí cada cuál se aliste en el bando que  considere? ¿La generalista, a la que el tema le trae, en el mejor de  los casos, sin cuidado y en el peor hace todo lo que puede por hacer  más grande el boquete y que esto se vaya al garete?
Como en la fábula del siglo XIII, llegados a este punto, a ver quién  es el valiente.

Sólo queda que el aficionado no tire la toalla, que aguante y  presione, que haga oir su voz, que pida, que se rebote, que clame  contra lo que no le guste, que no trague, que no se deje engatusar  por falsos cantos de sirena ni por asociaciones manipuladas -cuando  no creadas ex profeso por los mismos taurinos o quien les asesore en  la sombra-, que en vez de velar por sus derechos hacen el caldo gordo  a sus amos para que estos les pasen la mano por el lomo de vez en  cuando…

Y tampoco está de mas recordar que, pese a tanto agorero -y no me  refiero a Lorca-, mientras exista un toro y un hombre dispuesto a  enfrentarse a él, esto no desaparecerá.