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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 8 de junio de 2018

El Gobierno del Mal: España, la joya de la corona del NOM


El NOM ha hecho un trabajo encomiable, sin duda. Agazapado durante el franquismo, todo cambió con la muerte de Franco, aunque la madre del cordero hay que buscarla en el asesinato de Carrero Blanco, por su oposición a integrar a España en el mundialismo anglosionista, por su afán en hacer de España una potencia nuclear independiente ―aliándose a Francia para conseguir este objetivo―.

El Gobierno del Mal: España, la joya de la corona del NOM

Se podría definir a este Gobierno «Frankestein» con muchos calificativos negativos, pero la más contundente y exacta manera de hacerlo es describirlo como «El Gobierno del Mal», o «Gobierno Bafomet», pues su presidencia es ejercida en realidad por ese ser andrógino luciferino, dios de cenáculos ocultistas, quien con su cornamenta astifina pretende ―utilizando a sus hierofantes― cornear los valores y los territorios que han conformado la identidad y la unidad de nuestra Patria.

El Mal, palabra extraña ésta, en franco desuso en unas sociedades para las que no existe ni el pecado ni el infierno, ni la virtud ni el cielo; en unas colectividades enfangadas en el indescriptible muladar donde se pudren indefectiblemente los últimos restos de lo que fue nuestra Patria y nuestra civilización. Muladar cuyo hedor llega a Marte, cuya infinita putrefacción es un cósmico estercolero, un gigantesco «fatberg» donde imperan los detritus de todo el Mal que la historia ha derramado sobre nuestros solares.

Y España es la joya en la corona de ese Bafomet, la preciada perla que fulge entre sus cuernos, en mitad de su frente; y este Gobierno maléfico que el andrógino ha amamantado en su pechos es su obra maestra, el perfecto paradigma de cómo el NOM destruye un país.

¿Por qué esta fijación del NOM con España? ¿Por qué las fuerzas del Averno han destinado a nuestros solares a lo más granado de sus ejércitos, a la flor y nata de sus pretorianos luciferinos? ¿Por qué somos asediados ―una vez más― por su más perfecta maquinaria de guerra, por sus traidores más repugnantes, por sus quintacolumnas más salvajes?


Desde que Eva comió su manzana en el Edén, la serpiente maligna ha estado conspirando para destruir a Jehová, enroscándose de mil modos en la historia para acabar con el cristianismo, el más feroz enemigo para la entronización de Lucifer. Y hete aquí que surge España, la patria irreductible que siempre ha combatido y vencido a las oscuras fuerzas que han intentado amenazar su catolicidad, sus tradiciones, sus valores, y su integridad territorial. Martillo de herejes, la raza hispana fue el brazo armado de la fe católica, protagonizando además una pasmosa aventura misionera que llevó el Evangelio a medio mundo, derrotando a muslimes, luteranos, turcos, gabachería masonizada y satánicos milicianos.

Y esta prodigiosa epopeya no se debió solamente al ardor de la fe, sino que también contó con la valerosa gallardía de una raza única, arrojada y esforzada, valiente hasta la temeridad, algo reconocido por nuestros enemigos. Por poner un ejemplo, mientras tenía sometida a toda Europa bajo las botas de la Wehrmacht, para Hitler era de vital importancia tomar Gibraltar, con el fin de cerrar el Mediterráneo a las fuerzas aliadas. Para ello, urdió la «Operación Fénix», que estuvo a punto de llevarse a cabo varias veces, pero que nunca se llegó a realizar, porque Hitler decía que «el pueblo español es pobre, pero bravo». Había invadido media Europa, pero desistió de conquistar España porque respetaba nuestro valor, y no quería empantanarse en la guerrilla hispana.

Proclamación de la IIª República en la Puerta del Sol de Madrid

La República fue un ataque devastador en toda regla de las fuerzas del Mal contra nuestra Patria, ataque que no se produjo contra ninguna otra nación de la Europa Occidental. Fracasaron una vez más, pero hoy, después de 82 años, aquí los tenemos de nuevo, en otro Frente Popular, en otro asedio que continúa el de aquellos negros años republicanos.

El NOM ha hecho un trabajo encomiable, sin duda. Agazapado durante el franquismo, todo cambió con la muerte de Franco, aunque la madre del cordero hay que buscarla en el asesinato de Carrero Blanco, por su oposición a integrar a España en el mundialismo anglosionista, por su afán en hacer de España una potencia nuclear independiente ―aliándose a Francia para conseguir este objetivo―.

Desde entonces, se hicieron los amos y señores de la Transición, pilotando descaradamente nuestra presunta democracia, porque, como decía Kissinger, «Una España fuerte es peligrosa». El plan era muy sencillo: dominadores de las finanzas y de los medios de comunicación, todo político que pretendiera alcanzar los oropeles del poder debía jurar fidelidad a los principios de Bilderberg, y luego comprometerse a llevarlos a la práctica en su programa político.

Pujol y el Rey Juan Carlos.

Así fue como entronizaron a Juan Carlos, a través de la «Operación Lolita», con la condición de que les bailase el agua durante su reinado; más tarde nos impusieron una Constitución centrifugadora para dinamitar nuestra unidad territorial y para ceder las principales competencias a unas autonomías de nula justificación histórica; después hicieron de todos nuestros gobernantes ―desde Suárez hasta Rajoy simples marionetas al servicio de la voladura de España, haciéndoles pasar por la piedra del Bilderberg y por sus logias globalistas, conminando a gobiernos increíblemente corruptos y lacayunos a ceder los medios de comunicación a las Taifas autonomistas, alentando traidoramente los nacionalismos vasco y catalán, desmochando nuestra industria para hacernos país de camareros y albañiles, y así someternos a un paro endémico; integrándonos en la globalista UE, la perla de Soros, y un largo etcétera de horrores hispanófobos y cristianófobos.

Hicieron bien su trabajo, qué duda cabe, porque, si en el 75 éramos un pueblo católico, hoy somos el país más descristianizado, con la juventud más irreligiosa de Europa. Una vez extirpado el catolicismo, convirtieron a un país de patriotas en un territorio komanche donde se considera fascismo usar la bandera patria, donde se tergiversa nuestra historia de manera alevosa, donde la hispanofobia lava el cerebro de las masas aborregadas, incapaces de reaccionar ante la totalitaria memoria histórica que cercena nuestras libertades.

Pero no quedó ahí la cosa porque, sabedores de que la identidad nacional se atesora fundamentalmente en un patrimonio de valores y tradiciones, convirtieron un país con un sólido universo ético, acrisolado en los cimientos de la familia tradicional, en un asombroso paradigma del mundo LGTBI.

Fuimos el país más anclado en las tradiciones que forjaron la civilización occidental, y ahora somos la escombrera donde defecan los hierofantes del NOM, un país dirigido desde Monte Pelado por el Gran Macho Cabrío.


Esta mafia globalista ha pasado ya todos los rubicones en España, pues sus conquistas no han quedado solo en el ámbito ideológico y ético, ya que sus panzerdivisionen también han invadido todas las parcelas del poder. Trabajo magnífico el de estas élites malignas, que han convertido un país que hasta hace poco tenía mayoría absoluta de derechas en gran parte de su territorio, en un país bananero donde la gran mayoría de ciudades y CC.AA están en manos del frentepopulismo, y donde una mayoría del Kongreso es rabiosamente antiespañola.

El último paso era instalar esta komanchería en el Gobierno, y para eso se creó al jovencito Frankestein», al abominable Pedro, con su cortejo de súcubos y endriagos. Porque toda esta trayectoria conspirativa iba encaminada desde un principio a establecer en nuestra Patria el Gobierno del Mal, el Frente Popular que ahora padecemos. Lo han conseguido, pues este gobierno azufrado supone su logro más excelso, su meta definitiva, el Caballo de Bafomet que intentará darnos el golpe de gracia para llevarnos al estercolero mundialista. 

Ha sido una obra maestra: primero se extirpan los ideales, se succiona nuestra sangre católica y patriótica, para que después el pueblo carezca de pulso cuando abalancen sobre nosotros sus mesnadas infernales.

En un país que está sufriendo desde el 75 un ataque devastador contra su identidad y su unidad, la revolución rojo-separata que amenaza a España es la culminación de toda la mierda que nos ha derramado el NOM desde las cavernas del Mal, la muesca definitiva en su maligno plan destructor, pues por algo somos su víctima más preciada.

George Soros

Porque, ¿alguien puede creer que, con esta historia de sometimiento al Bilderberg, el golpe de Estado de Pedrito y Cía ha sido un mero ejercicio de un mecanismo democrático? Así que es perogrullesco preguntar quién está detrás de este «Gobierno del Mal», quién ha orquestado todo entre bambalinas.

En un mundo donde los principales gobiernos son simples títeres de Bilderberg, donde sus principales líderes han sido promocionados y puestos en el poder por los poderes mundialistas, ¿será España una excepción? Si desde el 75 somos el laboratorio predilecto del NOM donde están experimentando cómo se desguaza una nación en lo territorial, y cómo se destruye una sociedad en sus aspectos morales e identitarios, ¿cómo podemos no ver este macabro designio en un hecho tan relevante como el golpe de Estado al que hemos asistido?

¿Por qué no dimitió Rajoy, sabiendo que, si no lo hacía, tomaría el poder un Frente Popular como el del 36?

 ¿Por qué la impresión que se me queda de este golpe de Estado es la de que todo ha sido una opereta sabiamente calculada por Bilderberg, una tragedia previamente ensayada y acordada entre sus protagonistas perlimplines? ¿Qué sucedió en esas horas en las que Rajoy convirtió un bar en una especie de «búnker» berlinés, tras las cuales bebió la cicuta que le ordenó George Soros?

¿Alguien acaso puede creer con seriedad que el ominoso traspaso de poderes de Rajoy a Sánchez es un mero acontecimiento democrático producto de una moción de censura legal? ¿Alguien en su sano juicio puede creer que, en un mundo donde no cae una hoja al suelo sin que así lo dictamine el NOM, la revolución que hemos presenciado es un hecho fortuito, producto solamente de los mecanismos intrincados de la política?

Albert Rivera, en un campo de refugiados en Grecia.

Desde hace mucho tiempo, el sistema NOM quería liquidar a Rajoy, para colocar en su lugar al bildergergito Riverita. ¿Por qué ha puesto a Pedrito? Pues el Sánchez estuvo en Bilderberg en 2015. Tras ser invitado, declinó aparentemente la oferta, para que sus bases no le asociaran con la jet plutocrática, pero luego acudió sin ningún remilgo. Y, aunque acabaron hasta el gorro de su egolatría, ahí le tenemos, embustero y bailarín, hierofante enemigo de Biblias y crucifijos, ateo mundialista que pondrá cargas de profundidad contra el Valle de los Caídos, la enseñanza de la religión en las escuelas, contra el Concordato, contra la casilla de la Iglesia en la Declaración de Hacienda, contra el «Sursum Corda»…

Por supuesto, el mundo LGTBI exulta de alegría ―fue Pedrito quien propuso un tremendo endurecimiento de las penas contra los que, según tribunales no judiciales, sean acusados de delitos de odio―, y la reforma de la maléfica Ley de Memoria Histórica dinamitará lo poco que queda de los vestigios que muestran la ominosa derrota roja del 39, aparte de que incrementará la persecución contra los patriotas. Luego vendrá el Riverita, que suspira por entregar los restos de nuestra Patria a sus soñados Estados Unidos de Europa. Bondad graciosa que, mientras en Europa triunfan los partidos identitarios y conservadores, mientras crece la eurofobia, en España somos los más europeístas, y, para más INRI, tenemos un gobierno frentepopulista sin parangón en nuestro entorno.

¿Qué hacer ante esta maléfica invasión? Si el Mal se incuba en las sombras, en la oscuridad, en la negritud, basta un rayo de luz para vencerlo. Supongamos que tenemos una habitación llena de luz, y que fuera reina la oscuridad. Aunque abramos las puertas y ventanas para que entre la oscuridad, ésta no oscurecerá la habitación, sino que la luz de la habitación iluminará las sombras.

Inversamente, si la luz está afuera y es la habitación la que está a oscuras, al abrir las puertas y ventanas la luz inundará la habitación.

Por consiguiente, no se trata de batallar contra las sombras una a una, porque así el combate se hace interminablemente estéril. La estrategia para acabar con ese Mal-Oscuridad es simple: basta abrir un postigo de luz, y desaparecerá de inmediato.

¿Dónde encontrar ese rayo de luz liberador, en un pueblo pavorosamente adocenado, zombificado, convertido en una manada de antílopes rumiando indiferentes ante los ataques leoninos de esta chusma luciferina? ¿Dónde hallar brotes verdes en medio de esta tragedia? Alguno tenemos, en un medio como Alerta Digital, en esa gente que se ha echado a la calle para protestar contra la euskaldunización de Navarra, en las masas que se echan a la calle con las banderas patrióticas…


Son postigos de luz, sí, pero insuficientes. Si la verdadera luz que derrota al Mal y a la Oscuridad viene de las esferas celestiales, allí están hoy nuestros ejércitos, allí nuestras armas más poderosas. Si España no ha sucumbido nunca a las Fuerzas del Mal no ha sido solamente por el valor de nuestra raza, sino porque nuestro compromiso con la fe católica nos ha proporcionado siempre una ayuda celestial inestimable, y ¿quién como Dios?

Por esa claraboya, por ese tragaluz es por donde debe venir en nuestro auxilio el poder divino, poder que hemos de pedir con nuestra oración y nuestro sufrimiento.

Y, no lo dudemos, en un horizonte próximo hay muchos testimonios que vaticinan con unanimidad el surgimiento de una figura providencial: El Caudillo del Tajo.

De él hablaremos en el próximo artículo.