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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 4 de junio de 2018

MATAR MIURAS / por Antolín Castro


Un paseillo especial. Un respeto: Son 'matamiuras'. Foto: Plaza1


De la larga lista de matadores de toros existente en la actualidad, muy pocos saben lo que es matar miuras. No solo lo saben, sino que lo tienen a bien… que las maten otros. Debe ser generosidad por su parte, sobre todo nos referimos a las figuras, para no acaparar carteles y triunfos. No quieren quitarles el pan a esos matadores que si saben lo que es matar miuras. Ellos matan cuvillos o garcigrandes que son otro tipo de ganaderías con las que estar bonito es realmente fácil. 


MATAR MIURAS

Antolín Castro  
España, 03/06/2018  
S.I.18.- Para matar miuras hay que ser matador de toros necesariamente. Miura es una ganadería legendaria, quizá la que más, de la cabaña de bravo española.

De la larga lista de matadores de toros existente en la actualidad, muy pocos saben lo que es matar miuras. No solo lo saben, sino que lo tienen a bien… que las maten otros. Debe ser generosidad por su parte, sobre todo nos referimos a las figuras, para no acaparar carteles y triunfos. No quieren quitarles el pan a esos matadores que si saben lo que es matar miuras. Ellos matan cuvillos o garcigrandes que son otro tipo de ganaderías con las que estar bonito es realmente fácil. 

Con los miuras, ese hierro legendario tras de que uno de ellos, Islero, se encargó de matar a Manolete, cuanto más lejos mejor. Yo creo que no los matan por miedo, más bien por precaución. Preocupación entonces es una palabra clave y a tener en cuenta cuando con ellos se enfrentan esos matadores que matan miuras. 

Hoy hicieron el paseíllo en Madrid, para tal fin, Rafaelillo, Pepe Moral y Román. El primero es el de más rodaje en matar miuras, con record en la actualidad; Pepe Moral se apuntó recientemente en Sevilla y le fue bien; Román quería saber qué se siente delante de ellos. Ya lo sabe por su actuación de hoy. A la terna le han sobrado ilusiones para sacar adelante la papeleta, pero dudamos que estén enamorados de esta dura profesión de ‘matamiuras’. Tan duro es que, como decíamos, otros encopetados matadores de toros presumen en privado o en público de no tener dicha necesidad.

Rafaelillo está ileso de milagro. Le tocó un lote como para ‘lucir palmito’ y algunos podrán pensar que eso es algo bueno pero no, ese palmito era sinónimo de palmar, de perder más que ganar con ellos. Tras meterle la espada a su primero, éste le metió el pitón con tal brutalidad que se podía partir en dos a un hombre o matar a dos de un golpe, pero el veterano guerrero se escapó de tan macabro resultado. Luego no es que estuviera regular con el descabello, estuvo muy mal. Yo, después de esa brutal agresión, me habría refugiado en la enfermería. En su segundo no hubo por dónde cogerle.

A Pepe Moral le tocó el que mejor son tuvo de los miuras; por cierto esmirriados todos ellos como si no hubieran comido desde hace meses. Algunos buenos muletazos le dio y levantó los aplausos del tendido, pero la espada no entró, a punto estuvo de ser cogido al segundo intento y el descabello funcionó también mal. En el siguiente, un miura normal, las pasó moradas para estar delante.

Román debutaba en este oficio y en seguida se dio cuenta de que Rafaelillo no va en este vagón por mero capricho, tienes que hacerte de piedra para poder vencer a este encaste tan especial. Con la espada no quiso pasar el fielato como sus compañeros y tardó un mundo en meterle la espada desde la lejanía. En el último, de forma valerosa, lo intentó pero no alcanzó que los tendidos se le rindieran.

Que no se me olvide, el sexto saltó limpiamente al callejón. Más manso que sus hermanos que también hicieron sus pinitos.

Matar miuras es un escalafón distinto de la profesión. La afición está obligada a reconocérselo de oficio. Bastante tienen otros de reconocimiento por no pasar ni la mitad de miedo que pasan estos. Si, además, les falta ese apoyo fundamental, se puede terminar diciendo aquello de además putas han de poner la cama.

Por solo matar miuras ya merecen un respeto.