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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 7 de junio de 2018

Rubiales ha hecho más en veinte días que Villar en veinte años / por Juan Manuel Rodríguez



 Siempre dije que en la nueva federación no podía quedar ni un cenicero de la etapa de Villar, que era necesario acabar con lo viejo, con lo caduco, y eso es lo que está haciendo Rubiales.


Rubiales ha hecho más en veinte días que Villar en veinte años 

Dicen que cuando Lord Carnavon le preguntó a Howard Carter si veía algo en el interior de la que luego se supo que era la tumba del faraón Tutankamón, éste respondió: "Sí, cosas maravillosas". Al abrir la tumba deportiva del faraón bilbaino Ángel María Villar, lejos de encontrarse cosas maravillosas, tal y como dijo el famoso arqueólogo y egiptólogo inglés, Luis Rubiales se encontró unos maravillosos marronazos, herencia directa de los 30 años que en esa casa llevaban circulando por la izquierda. Entre otros, un marrón de dos millones de euros, que es el dinero en el que estaba valorado el superviaje a superRusia en hoteles de superlujo para los superpatrocinadores y sus superfamiliares. Expresivo, Rubiales dijo algo que, afortunadamente, luego se ha constatado que no era así: "Nos lo vamos a tener que comer con papas".

Del "sí, veo cosas maravillosas" de Carter al "nos lo vamos a tener que comer con papas" de Rubiales. Gracias a Dios, y por supuesto al tino no exento de cabezonería del nuevo presidente de la federación, ese viaje ya no se hará sino que se organizará otro de ciento veinte mil euros para el partido que enfrentará a España y Portugal y otro más, aún por determinar, al que está inicialmente previsto que viajen el equipo paralímpico, el femenino... ¡y los medios de comunicación! De los dos millones del fararón bilbaino Ángel María Villar a los cuatrocientos mil del arquéologo español, un ahorro importante. O lo que es lo mismo, la diferencia entre hacer las cosas mal y pensando en uno mismo o hacerlas bien, respetando el dinero ajeno generado por el fútbol como si fuera propio y ejercer la presidencia pensando esencialmente en los demás.

Me he referido a Rubiales como arqueólogo, y es así. Uno tiene que tener cierto espíritu arqueológico para adentrarse en esa federación, que ha sido durante casi seis lustros el reino de la improvisación, el oscurantismo y el nepotismo. Pero en escasos 20 días, el nuevo presidente federativo ha separado el grano de la paja. Ha respondido a las llamadas de la UEFA, que, alarmada ante el silencio villariano, empezaba a preguntarse si los tres partidos previstos en la sede de Bilbao de la Eurocopa de 2020 serían o no posibles. Ha respondido a una vieja reclamación de periodistas, futbolistas y entrenadores acerca de la necesidad de jugar la Copa a partido único al objeto de hacerla más atractiva, más interesante: de momento, así será hasta los cuartos de final a partir de la temporada 2019-2020. Y está dispuesto a hincarle el diente al espinoso asunto de los horarios, todavía en poder de la Liga pero que próximamente cambiará de, entre comillas, dueño.

Además ha destituido a Victoriano Sánchez Arminio y ha nombrado a Carlos Velasco Carballo como su sustituto. Y, entre otras cosas de menor importancia, ha aprovechado desde el 17 de mayo para renovar a Julen Lopetegui, lavarle la cara a la comunicación federativa y, lo que será importante en un futuro próximo, encargar una auditoría. Porque Rubiales no se fía. Y hace bien en no fiarse. No es que el cambio fuera necesario en la federación, no, es que sin el cambio la federación española no podía subsistir. No se trataba de las personas, que también, sino de las ideas, de las actitudes, de las ganas y, por qué no decirlo, también de la edad. Siempre dije que en la nueva federación no podía quedar ni un cenicero de la etapa de Villar, que era necesario acabar con lo viejo, con lo caduco, y eso es lo que está haciendo Rubiales. Ha abierto las ventanas y, aunque todavía no se ven cosas maravillosas, al menos ya se ven menos marrones. Veinte días. Sólo veinte días. ¿Alguien imagina todo lo que se puede hacer en 6 meses? ¿O en un año?... Y a éste, ya os lo digo yo, no habrá que echarlo. Éste se irá cuando toque.