“el nacimiento de la Fiesta coincide con el nacimiento de la nacionalidad española y con la lengua de Castilla……… asi pues, las corridas de toros…….. son una cosa tan nuestra, tan obligada por la naturaleza y la historia como el habla que hablamos.”. R. Pérez de Ayala
la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema
domingo, 29 de octubre de 2023
Doblar el lomo / por Paco Delgado
Barcelona 92 / por Jesús Bengoechea


BREVE GLOSARIO DEL DEBATE POLÍTICO ESPAÑOL (II)

Negacionista: Inicialmente fue una palabra que describía a aquellos que cuestionaban o directamente negaban el Holocausto judío. Tenía por tanto potentes connotaciones emocionales e ideológicas, no podía ser de agrado de nadie ser etiquetado así. De manera que era demasiado tentadora la posibilidad de emplearla para intimidar al adversario en discusiones completamente diferentes y así pasó a ser lanzada contra quienes cuestionasen el cambio climático y, también y más concretamente en España, contra aquellos que negasen la premisa ideológica feminista subyacente en la legislación sobre la «violencia de género». Ser negacionista ahora es, por tanto, salirse del consenso, sea cual sea este.
Diversidad: E pluribus unum («De muchos, uno») fue uno de los lemas nacionales escogidos en 1776 por los llamados Padres Fundadores de Estados Unidos. Tenía la noble aspiración de recoger sujetos de orígenes diversos —inicialmente solo europeos, eso sí— en torno a un proyecto común, una unidad de destino, si me permiten la expresión. Desde hace unos años, sin embargo, el lema que ha pasado a poblar la vida pública estadounidense es engañosamente parecido, pero diferente: «diversity is our strength» (la diversidad es nuestra fuerza). El primero proclamaba la importancia de la unidad, aunque sin excluir al diferente, el segundo simplemente celebra la diversidad como un fin en sí mismo y de forma contraintuitiva: sabemos que las sociedades heterogéneas a menudo han colapsado víctimas de enfrentamientos internos, que grandes imperios multiculturales eclosionaron en múltiples entidades, esas sí, más homogéneas. Como era previsible, en nuestro país los últimos años no han faltado figuras públicas imitando tales manifiestos sobre la diversidad.
Migrante: Suele ir precedido del término «persona» (véase la siguiente entrada). Las palabras van cargadas de intención y usar unas u otras condiciona la política aún sin que lleguemos a ser conscientes de ello —señalarlo es precisamente la intención de este humilde glosario— ¿por qué entonces en los últimos años los medios de comunicación y políticos hablan no del antaño habitual «inmigrante», sino de «migrante»? Si ambos términos son estrictamente lo mismo… ¿por qué no se usa indistintamente uno u otro? pongámoslos bajo el microscopio: el primero presupone una comunidad a la que se llega desde fuera, diferencia nacionales y foráneos, para el segundo solo hay gente indistinguible desplazándose de aquí para allá como aves en viajes estacionales y por tanto todos seríamos, en cierta forma, migrantes en un mundo en el que «las fronteras son cicatrices en la tierra», «la tierra es del viento» y «la patria es un hospital», de acuerdo a las enseñanzas de nuestros cráneos más privilegiados.
Persona: Personas migrantes, personas LGTBI, personas trans, personas racializadas, personas en estado de prostitución, personas con discapacidad… Palabra repetida hasta el hastío como señalización de virtud, pues supuestamente decir directamente «discapacitados», «prostitutas» o «negros» al parecer nos haría olvidar que son seres humanos. Para terminar de arreglarlo el movimiento ecologista lleva unos años planteando el reconocimiento de las «personas no humanas» para referirse a los grandes simios.
Populismo: Dícese de quien se sitúa del lado del pueblo frente a las élites, algo que es obligado hoy día dada la excepcional idiotez de estas. Durante los últimos años ha dado lugar a una ingente excreción de tertulias, artículos y ensayos de gente que adorna su discurso con palabras en inglés en torno a la verdadera naturaleza, la esencia misma, la verdad última en torno a este amenazador fenómeno del siglo XXI, por la cual al final se deducía que la democracia en sí misma era populismo. Ea, lo que diga Von der Leyen y ya está.
-Ista, -fobo: Las expresiones con tales sufijos más comúnmente empleadas en nuestra conversación pública, por no decir griterío partitocrático, acostumbran a ser palabras-policía que convierten en defectos morales las argumentaciones políticas. El oponente no expresa razones que puedan ser sopesadas y compartidas por pocos o muchos, sino un odio puramente subjetivo, psicologista, que lo descalifica para seguir expresándose. Así mismo, cuando se critica a alguien por su conducta, en realidad se estaría atacando a todo el colectivo del que formaría parte y que al parecer representa. En consecuencia, tal conducta queda automáticamente redimida.
Incel: Término de origen estadounidense importado, cómo no, a España para referirse a alguien que es involuntariamente célibe y que esta vez no suele ir precedida de «persona» (¿la minoría sexual más oprimida?). Como la acusación de «machista» ha sido repetida tan maniáticamente que ha terminado generando indiferencia en quien la recibe, había que probar otra cosa para referirse a aquellos que critiquen el feminismo. Servidor la ha visto utilizada hasta contra Elon Musk, padre de siete hijos. Es un recurso dialéctico que conlleva ciertas paradojas, pues encontramos que el hombre deconstruido y la mujer emancipada que recurren a él terminan siendo un poco como los de toda la vida, al considerar la promiscuidad masculina —a ellas nunca se las llama incel— como algo digno de celebración, símbolo de estatus, que dotaría a las opiniones políticas de alguien de una mayor legitimidad. Para ese viaje no hacían falta tales alforjas…
Mercadona: Hace unos días Yolanda Díaz agradecía con gran ditirambo a la revista Forbes, cuyo lema por cierto es «La herramienta del capitalista», su invitación a un evento en el que se premiaba además de a la susodicha, a un compañero suyo de partido que por algún motivo suele definirse a sí mismo como mujer, Elisabeth Duval. Alguien podría pensar que esta nueva izquierda apadrinada por el mundo financiero neoyorquino, cuyas preocupaciones oscilan entre los huertos urbanos, los carriles-bici y las minorías raciales y sexuales, habría olvidado por completo las cuestiones económicas. Craso error. Son frecuentes en sus discursos las alusiones ferozmente críticas a la mayor empresa con sede en nuestro país, una que emplea —según dicen, con buenos sueldos— a más de 100.000 españoles. Esa, en concreto, no les gusta nada. También son frecuentes sus reproches para otra gran empresa española de alcance mundial, Zara, y su propietario Amancio Ortega. Con las multinacionales de otros países, ya sean competidoras o no de estas dos, no suelen encontrar ocasión de indignarse, por lo que sea.
Otro sociata haciendo daño en Zaragoza / por Pla Ventura

Fijémonos hasta donde son capaces de llegar los socialistas por aquello de hacer daño. En este caso, lo que Juan Antonio Sánchez Quero, como presidente de la Diputación es apenas una broma pero que, la misma viene a certificar la maldad que anida dentro del puto socialismo que, muy pocos son los que escapan y hacen el bien, digamos que actúan con coherencia porque tampoco les pide nadie que arreglen los problemas del mundo. ¿Qué pasó? Nada, o mucho, como queramos verlo.
El pájaro aludido ha decidido no patrocinar los premios taurinos que la Diputación de Zaragoza ha concedido siempre a los triunfadores de la feria pero, como había que dar la nota, Sánchez Quero no ha quedado a la zaga y, de forma estúpida ha decidido que la Diputación no patrocina premio alguno. Vamos que, lo que no entiendo es como semejante persona sigue en el cargo que ocupa, el que ostenta para hacer daño a la entidad que le paga, digamos que, el gobierno autónomo de la comunidad en la que vive.
Claro que, lo que hay que decirle a la gente es que, gracias a los toros, en este caso en la plaza de toros de Zaragoza, la Diputación ingresa medio millón de euros que llegan por la fiesta de los toros y, como contraprestación, Sánchez Quero elimina los premios que siempre concedió la Diputación a los triunfadores de la feria en sus diferentes versiones. Así son la mayoría de los socialistas, ineptos, estúpidos, canallas y traidores porque, ¿se puede ser más ruin que el tipo citado a sabiendas de la enorme cifra de dinero que recibe la Diputación al respecto de los toros en Zaragoza?
Pues así, en todos los órdenes. El pájaro citado será, con toda seguridad, uno de los palmeros de Pedro Sánchez que le aplaudirá todas las decisiones para romper la unidad de España cuanto antes. ¡Y creíamos que Felipe González era un mal político! ¡Qué equivocados estábamos!
La claridad del toreo / por Javier Santiso

La claridad del toreo
Más que nunca necesitamos de esa música callada. Necesitamos afinar los instrumentos, tocar más justo, y dejar de bailar al son de la farándula. Quizás debamos también recordar algún ardiente agosto, como el que hace noventa años, casi un siglo entero, se llevó por delante a Ignacio Sánchez Mejías, el torero cogido, herido por un toro bravucón, con apenas casta. Porque a veces así te viene dada la suerte, la muerte te lleva por delante como si fueras un trapo, y lo hace en una plaza de segunda, en Manzanares. Y a veces se alarga, ella se toma su tiempo, en su caso, casi cuarenta largas horas, agónicas. Le mató entonces el toro en el ruedo, y dice, escribe Lorca, más o menos a las cinco de la tarde.
El tiempo a veces se alarga, se estira y lo hace lentamente en un cuartucho de miseria con apenas un ventanal, mientras la tarde, y luego la noche, la mañana sofocan, con apenas una reja para ventilar. La muerte puede así ser muy juguetona, muy sádica, llega “perezosa y larga”, engañando, “como quien viene a dar vida”, diría Lope. La muerte llega siempre callada, no es mundana, ella siempre va en serio, como la vida misma puesta sobre el pecho. Y a veces esa larga y perezosa muleta dura toda una vida. La vivimos sin enterarnos, sin tener nada que nos avive. De vez en cuando se nos asoma alguien a la reja, un amigo, un amor, y no le hacemos el debido caso. Nos quedamos en ese cuarto, mientras la luz de los días se atraganta por el ventanuco de los años. Y así empachados de luz nos vamos quebrando, sin fuego.
Toca despertarse. Dejarse de gallos y crestas, ponerse a pensar de verdad. Es decir, toreando a pecho descubierto. Los libros, los lienzos, las partituras, no te dejan adormecido, te desnortan, te desnudan. Y si son de los grandes, te despiertan con timbales, dentro del mismo silencio. Dejas de cojear, de tartamudear, peor, de no mirar, no ver, no escuchar, abren los ojos por dentro. Cuando lo hacen además con estilo, cuando el trazo o el fraseado apabulla, entonces no paras, se te disparan las neuronas, como si fueran cohetes. No necesitamos esnifarnos nada para ello, meternos rajas de pantallas en los ojos. Los artistas, a su manera, son lidiadores, entran en las plazas y saquean el ruido, te dejan con la boca callada. El lenguaje del arte te rescata del vacío, de la nada que se nos mete en todo, en cada agujero. La vida se hace entonces boyante, embiste mejor, los tertulianos, los mansos se escabullan. El toro de lidia no sabe de piropos ni de insultos. Tampoco busca el indulto, que le acaricien los pechos.
Él lo que busca es lo noble, es lo claro, lo alto. Incluso cuando la vida se empina, se hace feroz, no la suelta, se mete en el trapo, nada de ser un cobarde bravucón, pasearse de tuit en tuit, ir pregonando, a diestra y siniestra, insultando, abucheando, desde la barandilla del anonimato. La mayoría de los que estamos ahora vivos de este lado del siglo venimos del anterior. Somos incluso, muchos de nosotros, nativos digitales. Para algunos, la informática es la lengua materna, apenas se nos nota el acento. Ahora la inteligencia artificial nos amplía el ancho de banda. De pronto se nos promete que podremos cornear hasta la misma Luna. Asombrados, perplejos, preocupados, alegrados, la vemos meterse en el ruedo. Puedes hablar con las máquinas y ellas te contestan, a bote pronto. Y entonces está todo ese tiempo perdido, robado, te quedas enganchado en el gran ruido, en la gran nada.
A eso, pues, le llamamos inteligencia artificial. Inteligencia sin labios, sin carne ni hueso. Ese cerebro es todavía embrionario. Pero ya chupa todos los datos que puede, nos mama hasta la médula. Se mete en todos los rincones para rascar, clasificar, resolver, almacenar, triturar, hasta en lo más íntimo nos mete mano. Y entonces piensas que pronto necesitaremos todavía más de esa lentitud, de esa soledad sonora. Necesitaremos retraernos, y sin ir al extremo de hacernos veganos digitales, levantar un poco el pie, escuchar un poco más. Las máquinas que estamos inventando puede que se pongan a buscar en bucle todo, para destrozar, aniquilar, arrojar un nuevo virus, lanzar un nuevo misil, toparse con algo que sea letal, definitivo. Lo que tenemos ahora entre las manos no es un producto maduro, terminado. Esa inteligencia artificial ha dejado de ser sin embargo artesanal, y se ha convertido también en un charlatán, un bufón, mentiroso, y a veces ruin, que se nos reirá a la cara, a carcajadas.
Necesitamos de soledad sonora. De algo que no engaña, que no burla, que sea noble y claro, sin cobardía. En el futuro deberemos tener mucha casta. Dejarnos de bravuconería y escuchar más a la vida, que tiene, como los astros de allá arriba, mucha música callada. Y de esto, y de lo otro, y de lo de más allá, es lo que sabe el arte. La escritura, la pintura, la partitura no enseñan nada, ni lo pretenden. Dar a ver, con los ojos del alma abiertos en grande, es lo que hace el arte. No dejemos que la música de la sangre se nos apague, que esos silencios de los espacios infinitos, de los cuales nos hablaba Pascal, se encojan, y desaparezcan en todo este ruido que nos sube hasta el morro, que nos atrapa por los oídos, por los cables, y no quiere ni soltarnos un instante, un fragmento de vida.
Javier Santiso es editor, poeta y novelista. Ha fundado La Cama Sol, editorial que traduce a Christian Bobin (entre otros libros, ‘La noche del corazón‘). Su última novela publicada en España es ‘El sabor a sangre no se me quita de la voz‘ (La Huerta Grande, 2022) y en Francia, ‘Un pas de deux‘, Gallimard, 2023). Es consejero de Prisa, editora de EL PAÍS.
RAFAEL JORDANO SALINAS, PREMIO "TARIK DE IMPERIO" DE LA TERTULIA TAURINA 'LA MONTERA" / por José María Portillo Fabra

sábado, 28 de octubre de 2023
Éxito de Diego Silveti en su reaparición en Juriquilla / por Pla Ventura



