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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 31 de agosto de 2011

LOS TOROS, UNA AVENTURA EN EL SENADO / Por Aquilino Sánchez Nodal.

José María Uría y Uría (España 1861 - 1969) Descanso en la plaza de toros


LOS TOROS, 
UNA AVENTURA EN EL SENADO


 Aquilino Sánchez Nodal.  

Madrid, 31 de Agosto de 2011
          La historia es caprichosa pero olvidadiza, es el motivo por lo que se repite, unas veces para orgullo de vivientes, las más de las veces para dar o quitar razones. Ocurre que el paso del tiempo deja ocultos sucesos de capital importancia que es imposible desvelar, caso del asesinato del General Prím o los criminales atentados del 11 de Marzo en Madrid. En ambas masacres las sospechan, ciertas, apuntan a políticos conocidos que lograron el poder con las manos manchadas de sangre. Ante la barbarie y la impotencia el pueblo libre conserva en su memoria esas páginas de la historia con vergüenza y temor.

     “Boletín de Loterías y de Toros” era finales del Siglo XIX el periódico decano de la prensa taurina. Un día sorprendió a los aficionados con un artículo en el que se predecía en el futuro la creación de Escuelas Taurinas públicas. En los comienzos del año 1.880, Rafael Molina “Lagartijo” y Salvador Sánchez “Frascuelo estaban en el cenit de su gloria, como ahora José Tomás que monopoliza toda la atención del público. En ambos ambientes taurinos flota la preocupación por el poco tirón de las figuras que deberán sucederlos. El Boletín … proponía una solución al problema de la falta de interés para llenar las plazas de toros, si se exceptuaba a los matadores nombrados.

-         ¿Cómo levantar, atraer y consolidar la afición al toreo para que vuelvan a llenarse las plazas de toros españolas?. El ejemplo estaba en la Escuela Taurina creada en Sevilla por Fernando VII, había obtenido excelentes resultados. De aquella salieron toreros de leyenda, Montes, Cúchares, un tal Yust, Domíguez y muchos otros que recordamos. El coloso, “Paquiro” trató de poner en funcionamiento una en Madrid. Contaba con la ayuda de un político relevante, González Bravo. No se pudo llevar a buen término porque la muerte sorprendió al famoso lidiador antes de culminar su obra. Muerto Montes, nadie volvió sobre este asunto.

     El Boletín de Loterías y de Toros había puesto en cuestión la conveniencia de las Escuelas Taurinas resaltando los éxitos de Sevilla, con opiniones a favor o en contra la polémica toma relevante interés. Un senador sevillano, extraordinario aficionado a los toros, el marqués de Santa Ana toma parte de forma vehemente en la discusión y acepta complacido la iniciativa del referido periódico. El día 17 de Febrero de 1.880 presenta en el Senado una proposición de ley. Esta cuestión adquiere carácter oficial. Ni que comentar la alegría de don José Carmona Jiménez, director de aquella revista taurina. La Cámara Alta celebra sesión el 1 de Marzo.  El marqués de Santa Ana se levanta para opinar sobre las Escuelas pero su largo discurso resulta un alegato en defensa de las corridas de toros. Algunos senadores se escandalizan aludiendo a la tortura y la efusión de sangre derramada en el espectáculo. La réplica no se hace esperar:

-         Vosotros, ¿no os juntáis en número infinito para asistir a las monterías?

Y allí no vais a luchar frente a frente con un toro, vais a asesinar, porque os juntáis muchos en el sitio predeterminado por donde pasan los indefensos animales, los acorraláis y allí los matáis y si aún agonizan los acuchilláis y luego entráis triunfantes en los pueblos pregonando vuestro buen corazón. ¿Y sois vosotros los que no podéis ver una corrida de toros? El espectáculo taurino no solamente no es bárbaro, menos inmoral y mucho menos cruel que los demás que forman las delicias de gentes como vosotros que nos acusáis de salvajes a las personas que vemos más allá y reconocemos como arte la lidia de un toro.
     Las palabras del orador causaron profunda impresión en los senadores.

La proposición era exponer una idea para crear Escuelas Taurinas, Santa Ana no dedicó un segundo de su discurso a esa cuestión, se ocupó durante toda su intervención a defender las corridas de toros. El presidente del senado sorprendido invitó al marqués a retirar su proposición de ley, no referida en el discurso.

     Posiblemente el marqués de Santa Ana no creía en que las Escuelas Taurinas fueran lugares para producir estrellas coletudas para relevo de máximas figuras pero debemos convenir en la arrogancia del senador que se levantó en la Cámara Legislativa para defender las corridas de toros. Fue un hecho insólito en la historia parlamentaria y un impulso a la taurina de España.

     Solamente conocemos una exposición parlamentaria parecida, contraria en las formas, pero deberíamos remontarnos al reinado de Isabel II.

     Que Dios nos asista.