la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 25 de agosto de 2011

TOREAR A LOS 60 / Por Antolín Castro

Es posible verlos hacer el paseíllo con más de 60 
y lo que es mejor: disfrutarlo

TOREAR A LOS 60

Antolín Castro
España

Ser torero de los sesenta parece ser que siempre marcó mucho, pero torear a los sesenta parece que marca más todavía.

En el presente mes de agosto cumplidas razones tenemos para afirmar lo antedicho. En fechas muy recientes se han impartido lecciones de algo más que toreo en lugares muy diferentes. Un cartel de lujo, por orden de antigüedad, El Inclusero, Ruiz Miguel y Frascuelo se han encargado de dejarlo dicho de forma clara y rotunda.

Frascuelo, por orden de importancia del lugar de la lección, se encargaba de decir ¡en Las Ventas nada menos! que el toreo es algo distinto a lo que vemos a diario. Desplegaba toda la torería que atesora para acreditar que hubo unas formas de torear que eran infinitamente mejor que las que hoy nos toca vivir. Lección para muchos aficionados, si bien no para los que manejan el cotarro.

Ruiz Miguel, en su reaparición anual, esta vez en Sanlúcar, derramaba pasión y formas incluso diferentes a las que le encumbraron, marcando con el toreo desplegado una adhesión a esos años sesenta que tanto fruto dieron. Él luchó en otro frente pero está claro que se impregnó de muchos maestros, entre ellos su paisano Rafael Ortega, y ahora se permite el lujo de dar testimonio de ello.

Por último, El Inclusero, en uno de sus festivales habituales de cada año (a este nadie le organiza corridas televisadas), en el pueblo conquense de Belmontejo, se encontró con un novillo-toro que le permitió soñar despierto como dice en su entrevista el compañero Pla Ventura. Dicen quienes le vieron indultarle que el toreo brotó tan bello que lloraban los cielos por no televisarlo el viento y que lo hubiéramos visto todos. ¡Gregorio Tébar toreando un astado de ensueño! quienes le conocen saben cómo debió de brotar el toreo de sus muñecas.

Queda demostrado que torear habiendo pasado cumplidamente los sesenta años es el secreto del bien torear, aunque no sepamos si para cuando los cumplan los actuales podrá ser igual. Es evidente que la fuente donde bebieron es muy distinta y aún cuando para muchos sean fenómenos las figuras de hoy, nada comparado con toreros de la talla de Ordóñez, Camino o El Viti por citar solo tres de los de aquellos años.

Lo cierto es que es un placer saborear las notables diferencias, que nos transportan a un mundo mejor. Torear es algo mas que dar pases, es dar rienda suelta a una interpretación cabal de los sentimientos del torero, aplicados sobre la base de torear dándole las ventajas al toro y no quedándoselas para él. Es decir, el toreo auténtico. Sin concederle al toro las posibilidades que le pertenecen, abusando de él, no es posible construir el misterio que supone el arte de torear.

Por eso estamos de enhorabuena, por eso nos sentimos felices de reencontrarnos con el Toreo con mayúsculas. Tres toreros de verdad, y con distintas trayectorias, nos han dado la oportunidad de decir que torear a los 60 no es solo tener capacidad física, sino, más a más, que es tener el secreto mejor guardado del toreo eterno. Ninguno sospechoso de haber realizado su carrera entre algodones, protegidos o enchufados, nos demuestran dónde está la raíz, esa quimera casi inalcanzable, de ser y sentirse torero.
Opinión y Toros.com

 Carlos Escolar "Frascuelo"

"Frascuelo" en su reciente triunfo en Las Ventas