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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 15 de agosto de 2011

Siempre nos quedará Bilbao / Por Pedro Javier Cáceres


Siempre nos quedará Bilbao

"...¡Alto y claro!. La desvergüenza torera, y de la otra un poco, también, de algunas figuras —o todas, en diferentes grados- no tiene límite..."

Pedro Javier Cáceres


14/08/2011
Visto… y oído
Visto en Gijón. Para que no me lo cuente nadie. Luego ustedes mismos, confíen en mi criterio o no, pero que no nos confunda nadie.
¡Alto y claro!. La desvergüenza torera, y de la otra un poco, también, de algunas figuras —o todas, en diferentes grados- no tiene límite.
La corrida de Daniel Ruiz, del jueves, en El Bibio fue una indecencia: tanto su puesta en escena como la intrahistoria, origen de la causa y efecto en destino de la “golfada” (permítanme la expresión, es para entendernos en “Román paladino”).
Esa intrahistoria, por otro lado conocida cada vez que se anuncia algunas figuras —más si se anuncian dos que “curran” en el mismo equipo- atenúa, en principio, que no exime, la responsabilidad, de la empresa, la autoridad y los facultativos.
Dicha responsabilidad se atenúa por mor del condicionamiento de torear o no, de la tal figura, amenazando con la “espantá” de no acceder a sus caprichos ventajistas de matar una novillada mocha. Además para sortear, liquidar pingües honorarios: sin conocer el aforo que van ser capaces de cubrir, o quizá por ser sabido que no llevan a nadie a las taquillas.
Se anunciaban Uceda Leal, Morante y Cayetano.
Gracias que a Cayetano le sustituyó Daniel Luque que con su arrojo y ambición se echó la tarde a la espalda y sofocó en el tercero lo que apuntaba a motín. Luego todo fue un paseo militar, incluso para Morante, sin estar bien.
Morante hizo el esfuerzo, quiso, pero o no supo o no pudo…del todo. Muchas intermitencias, dudas y tiempos muertos. Si bien para el morantismo, legión que espera desesperando de mentirijillas, le fue suficiente y salió de la plaza entre ovaciones.
Hasta el más lego sabe de qué va esto. Más si es feligrés incondicional de figuras trufadas por el halo del ¡arte!. Por lo cual conocen quién y quiénes son los que imponen tan infames animalejos.
Tal circunstancia, como lo ocurrido en Gijón, no atenúa, ya, la responsabilidad de empresa, autoridad y facultativos sino que les exime.
La carga de la prueba pasa, entonces, a esos “istas” y al público que hace de palmeros llevados por la inercia y la parte de la prensa, local y nacional, bien subyugada por “el arte” o domesticada.
Las cosas claras. A Manolete le enseñaban con caras de pocos amigos las entradas ,como símbolo de su precio, ya en el patio de cuadrillas antes del paseíllo. Eran tiempos de afición y de crítica ¡y eso que había “sobre”!
Les cuento lo visto.
Y, lo oído. Que esto va a más. Que el abuso es generalizado en todas las figuras y ocurre en todas las plazas donde se anuncian sin pudor por la categoría: pasó en Valencia en la corrida “estrella”, por no hablar de algunas tardes en el mismísimo San Isidro, o en este viaje al abismo, incluso en Pamplona, salvando las distancias, naturalmente.
No es el toro de junio, ni el de agosto ni el de septiembre, ni el lógico alivio en según qué cosos. No. Es la instauración de la “becerrada de los mozos” a precio de “prima de riesgo”.
Pero lo dicho, con todo el sector como rehenes de estas figuras, la última palabra la tiene el público y como este,
según que torero, más si es “artista” o “minotauro”, le pegue media docena de “lapas” y un surtido de “morisquetas”, se hunde la plaza en ovaciones, aunque sea al carrito de pintar la raya.
Porque la de Salvador Domecq para José Tomás tampoco fue para tirar cohetes, beneficiada por la porquería del día anterior, y pareció más por la comparativa.
Como parece improbable que aparezca Teseo, uno se consuela contando los días para que llegue Bilbao… y ahí los quiero ver. A los de los grandes triunfos en gaches y talanqueras, en ferias de segunda con el toro, o utrero, de agosto.
¡Siempre nos quedará Bilbao!
Faltan días.
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