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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 28 de febrero de 2013

Dos indiscutibles / Por Ricardo Díaz-Manresa



Dos indiscutibles por revolucionarios y precursores. Se han reconocido sus méritos con justicia y a tiempo. Medalla de las Bellas Artes a don Ángel Peralta y Primer Premio Nacional de Tauromaquia a Paco Ojeda. Dos inolvidables.


Dos indiscutibles

Ricardo Díaz-Manresa
Dos premios acaban de caer en las manos de dos indiscutibles: don Ángel Peralta (que así los anunciaban antes en los carteles y porque por años y biografía se lo merece) y Paco Ojeda (sin don porque los de a pie e incluso cuando estuvo a caballo eran nombre y apellido (y, si lo había, sobrenombre o mote). Indiscutibles los dos y precursores ambos. Tan indiscutibles que nadie –creo aunque nunca se sabe- ha discutido la Medalla de Oro de las Bellas Artes al centauro de la Puebla, que así también le llamaban, y el Primer Premio Nacional de Tauromaquia al Francisco Manuel de Sanlúcar.

Don Ángel o Ángel Peralta revolucionó el rejoneo. Su reforma ha sido ampliada y consolidada por Pablo Hermoso de Mendoza. El gran Peralta consiguió espectáculo sólo para rejoneadores, de seis o de cuatro en colleras con aquellos inolvidables Jinetes de la Apoteosis y el rejoneo dejó de ser lo que era para convertirse en otra cosa mejor. El fue perfeccionando el espectáculo, tarea en la que le siguieron Moura y Lupi. 

Poco a poco, Peralta fue remodelando con belleza el rejoneo, en el que colocó muchas novedades. Después, Pablo y los que han venido, basándose en aquellos mimbres, lo han cambiado y convertido en lo que ahora es, con respeto absoluto, belleza, riesgo y dinero.

Tantos años y tantas cosas hizo Don Ángel en los ruedos que hace tiempo me encargaron un trabajo para que eligiera a los diez más importantes de la historia del toreo y con argumentos, cifras, pruebas y renovaciones él estaba por allí. Supo recoger el testigo de la Cintrón y de don Álvaro Domecq y Díez y del número del caballito se pasó a la corrida del rejoneo.

En esa historia tan larga del toreo había tantos con tantos méritos que amplié el número de históricos a 25 ya que me salían más de 10 y siempre Ángel, que cambió este arte, sus estructura en la plaza y su administración en los despachos. Todo un fuera de serie.

Lo mismo que Ojeda, que de la cima pasó a la sima y después a lo más alto. Torero que se hundió porque llevaba muchas cosas en la cabeza pero que resurgió con luz cegadora. Aguantó que le llamaran saco de patatas mientras “inventaba” las cercanías con temple extraterrestre. (No olvido nunca a Dámaso González cuando hablo de “cercanías Ojeda”. Al de Albacete le faltó tipo, personalidad y darse importancia). 

Ojeda la tuvo para dar y tirar, una valentía increíble y una cabeza muy terca o muy clara para salirse con la suya : hacer pasar al toro por donde quería lo más cerca posible. Duró poco porque mucho era imposible, pero dejó una estela. 

El jurado lo ha puesto el primero en el Primer premio, por delante de José Tomás –leo- pensando en que el de Galapagar tiene tiempo todavía aunque pocas oportunidades por las pocas apariciones que ofrece. 

Ojeda llenaba la plaza de algo especial, comprimía los corazones y convencía al aficionado. Lo recordamos como si fuera hoy. ¿Cómo íbamos a olvidarlo? Imposible. Torerazo.

Con él además tengo vivencias increíbles sin conocerlo ni haber hablado una palabra con este monstruo : cuando toreaba yo de salón siendo niño con los amigos, soñando cielos toreros, lo hacía de una determinada manera…que era exactamente ¡la que vi cuando Ojeda apareció en los ruedos!. Hizo realidad mis sueños, los sueños de un niño aficionado. Estaba convencido de que mi faena ante el carretón nunca la vería ante un toro. Fue tremendo para mí.

Aparece el Premio Nacional de Tauromaquia en su primera edición y continúa la concesión de la Medalla de las Bellas Artes. Lo bueno, si abunda, no daña. Algunos habrán empezado ya a pensar cuál va a ser más importante y si en ambas listas podrán estar nombres destacados. Supongo que sí y que premiar siempre es bueno cuando se hace bien.

Mientras tanto, disfrutemos de estos dos indiscutibles, precursores y revolucionarios que fueron Ángel Peralta y Paco Ojeda, cuyos méritos –menos mal- se reconocen con justicia y a tiempo y que honran el toreo, tan necesitado ahora de hombres como ellos.

Indiscutibles hay pocos. Peralta y Ojeda, sí.
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