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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 24 de febrero de 2013

MEDELLÍN: Jesús Fariña presenta la exposición de Puente Jerez.


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"...Puente Jerez ha sido capaz de añadir, además, palabras nuevas al viejo diccionario escultórico clásico..."

PRESENTACION DE UN SUEÑO, SOÑE 

Señoras… señores… ¡Buenas tardes o buenas noches! ¡Malas tardes o malas noches! 

Digo esto, porque el lenguaje es igual que el arte, su expresión estriba de quién lo hable o comunique, como también de quién lo escucha o reciba. 

Sin embargo, todo lenguaje bien hablado es entendible, al igual que toda obra artística bien estructurada se comprende. 

El concepto del lenguaje y del arte es el mismo para todos, pero el significado es distinto para cada uno de nosotros, dependiendo de nuestro nivel de iniciación, conocimiento, captación, sensibilidad o estado anímico en el momento de contemplar la obra que nos ocupa, en este caso, se nos ofrece. 

El arte es, por derecho adquirido, con toda justicia, un lenguaje universal y Puente Jerez, al igual que todo artista que se precie serlo, utiliza ese lenguaje del arte, convirtiéndose a través de él en notable comunicador donde la voz es esculpida sin pronunciamiento sonoro. Pero todo lenguaje, también que se precie serlo, lleva inserto en sus entrañas unos caracteres concretos que forman un código. 

En ésta, su nueva y hasta la fecha última exposición, Puente Jerez ha ido más allá, ya que ha creado partiendo de ese código (tal vez sin saber o querer) un lenguaje propio, que es fácilmente entendible para otros idiomas. 

Bien es verdad que se sirve del rico, amplio y previo, es decir, existente idioma torero, porque como dijo el maestro Juan Belmonte: “Torero es todo aquel que se enfrenta al toro” y Puente Jerez en esencia lo es. 

Dentro el escultor de este inmenso mundo de expresión, la gramática empleada la dicta el toro bravo en sí, sin mas, acompañado apenas de términos morfológicos en sus singulares movimientos o de algún que otro esbozado vocablo con aspecto femenino o mas bien de mujer. 

El abecedario completo de preocupaciones, pasiones, temores, soledades y nostalgias, dudas ¡benditas dudas!, amores y desamores, esperanzas y quimeras lo intenta plasmar con, a veces, extrema sinceridad y esto, también a veces, hace perder la inocencia de aquel que quiere no disiparse en sus íntimas y cercanas emociones. No es el caso. 

Puente Jerez ha sido capaz de añadir, además, palabras nuevas al viejo diccionario escultórico clásico. Sutiles, aunque resistentes palabras acentuadas con profundos y originales significados. 

Palabras talladas en la arcilla con buriles, palillos, punzones y espátulas. Palabras vaciadas que no vacías de contenido, teniendo al metal como hoja de papel. Palabras ardientes encuadernadas en gélidos mármoles que sirven de pedestales, a modo de tapas, de un libro fundido con letras de bronce. Palabras que se resistirán al tiempo para ser en el tiempo leídas. Palabras grabadas a fuego lento en un rincón del corazón, como diría el poeta o más bien la canción. 

Puente Jerez, sin embargo, no ha sido capaz de cortar el cordón umbilical que le une a la ciudad de Madrid y a su barrio de las Ventas. No se ha roto a lo largo y ancho de los años ese lazo maternal que lo abraza y alimenta desde su nacimiento físico en la calle de Los Toreros hasta la Colombia que le acoge en esta misteriosa etapa de su vida física y artística . 

No, no es lejana su inocencia, ya que inocente es aquel que crea nuevos conceptos, como inocente es el que sueña sin consuelo y descanso. El hombre deja de ser hombre cuando deja de ser niño y el artista deja de ser artista cuando pierde la inocencia. 

El escultor, como ese hombre al que hago honrosa mención, intenta llenar vacíos de materia con indefinidas formas de imaginación. El creador navega, como puede, en desbordantes ríos de turbulentas aguas con frágiles barcas de inestables deseos, hasta desembocar en paz a la mar antigua de sólidas ideas. Si es el caso. 

Como escribiera hace unos dos mil y pocos años Ovidio (poeta romano famoso por sus obras “El arte de amar” y “Las metamorfosis”: “Nada es más útil al hombre que aquellas artes que no tienen ninguna utilidad” 

Esta supuesta inutilidad es lo maravilloso de su trabajo, del trabajo de Puente Jerez, si se puede llamar trabajo a crear algo vivo partiendo de cosas muertas. 

Ese milagro lo presenciaremos hoy en Medellín, aquí, en el Hotel Dann Carlton. En este marco escénico contemplaremos como si fuera un sueño una realidad palpable. Mágico acontecimiento solo al alcance de unos pocos privilegiados como nosotros, gracias al generoso talento de un maestro como él. 

De un sueño, soñé… De un sueño genial o quizás, de geniales miles de sueños nos transmite el artista, esa inocencia perfumada de inventiva escultórica donde, sin abandonar la figuración, concreta llenando vacíos, amoldando el dúctil metal no a un antojo cualquiera, no a un absurdo capricho, sino dándole en su ensoñación el mas elemental de los sentidos, que no es otro, que el fiel reflejo de un concepto ancestral de la naturaleza y de la vida. 

Es su noción del toro preciosa y precisa, donde la pátina se hace color al tacto y el tacto se hace pátina del adorno no improvisado. 

Como no improvisado es el también precioso título de esta exposición…De un sueño, soñé. 

Pues yo, quién atiendo al llamado de Jesus de Fariña, utilizando un lenguaje que conozco bien y al que ahora recurro, que no es otro que el de la poesía, quiero terminar esta presentación de mi admirado amigo el escultor Pepe Puente Jerez y su obra, empezando un pequeño poema con el verbo por el que termina el título de esta exposición. 

Soñé, ¡mira que sueño soñé! 

que estando mi cuerpo en la muerte, 

soñé Puente Jerez, 

que en el mármol de mi lápida 

estabas esculpiendo un clavel, 

y que al terminarlo, floreció ferviente, 

en la tumba doliente, donde habitaba mi ser. 

JESUS DE FARIÑA

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El primer plano el escultor Puente Jerez