la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 20 de febrero de 2013

Rafael Soria "Lagartijo" / Por Por Paco Mora



Por Paco Mora
Hace varios días que murió Rafael Soria Molina, en los ruedos "Lagartijo". Sobrino de Manolete y descendiente por vía paterna de Lagartijo "El Grande", una de las cumbres más auténticas del arte de lidiar toros bravos. He tardado en escribir este recuerdo por dos razones. La primera porque creía que algo escribiría al respecto un dilecto amigo cordobés que de vez en cuando cuelga escritos llenos de sabiduría y sentido común en este portal, y la segunda porque no quería hacer un obituario al uso y sí algo muy personal y sentido. Y su fallecimiento fue para mí un mazazo que me llegó al alma, y prefería esperar que se serenara el espíritu para no dejarme llevar por la emoción del momento. Rafael merecía que se hablara de él con la mesura y despaciosidad que los cordobeses de raza emplean para todas sus cosas, y especialmente para ejecutar el toreo.

Conocí a Rafael Soria en los comienzos novilleriles del último grande del toreo que ha dado Córdoba "La sultana", del que tanto Lagartijo como su tía, la hermana de Manolete, eran fieles y decididos partidarios. Me refiero a Juan Serrano Pineda "Finito de Córdoba", del que Carmen me dijo un día que si su hermano Manuel viviera sería partidario también del torero de Arrecife de La Carlota. Tanto es así que llegó a afirmar: "Si Manolete hubiera sido de esta época habría toreado como Finito". Que no es decir poco. Vi a Rafaelito "Lagartijo" de novillero y tenía una calidad evidente y una sobresaliente personalidad. El "monstruo" cordobés estaba ilusionado con retirarse y apoderarlo hasta llevarlo a la cumbre del toreo.

Rafaelito y su hermano Juan llevaron a Manuel Rodríguez Sánchez por última vez en hombros, tendido en una modesta camilla, desde la enfermería de Linares hasta el hospital de la ciudad andaluza y minera en el que entregó su alma a la posteridad. "Ya me decía mi madre que no viniera a Linares"; "Que venga Jiménez Guinea"; "Enciéndeme un cigarrillo Rafaelito" y "No veo, no siento las piernas" fueron las últimas palabras que pronunciaron los labios de aquel Dios del Toreo, que quedaron grabadas a fuego en el cerebro del que ahora ha marchado a reunirse con él para toda la eternidad.

Coincidimos muchas veces, tanto en Córdoba como por esas plazas de Dios, a las que Rafaelito "Lagartijo" viajaba acompañando a algún torero de Córdoba de los varios que apoderó. Y siempre nos dimos un fraternal abrazo y siempre también acabábamos hablando del "tito" Manuel, que seguía teniendo un altar en el pecho de su sobrino. Me contó tantas cosas de aquel grande, grandísimo torero, que a través de sus recuerdos yo también aprendí a valorar, respetar y querer a aquella alargada sombra en cuyos límites cabe toda la historia del toreo de Joselito y Belmonte hasta nuestros días.

Descansa en paz Rafael Soria Molina "Lagartijo". Torero fuiste y torero permanecerás en mi memoria durante todos los días que me queden de vida.
*** AplausoS
Rafael Soria "Lagartijo"